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Gobierno busca respuestas ante creciente descontento popular

Un grupo de miembros del Sindicato de los Servidores de la Policía Civil protesta en el centro de Belo Horizonte | EFE

Un grupo de miembros del Sindicato de los Servidores de la Policía Civil protesta en el centro de Belo Horizonte | EFE

El Movimiento Pase Libre anunció que no convocaría a nuevas protestas por la participación de activistas con ideas conservadoras

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El gobierno de Brasil intenta comprender la furia y el descontento de la población luego de las masivas protestas, mientras la FIFA debió aclarar que la Copa Confederaciones no será suspendida y el Mundial de Fútbol tendrá lugar el año próximo en Brasil.

Hartos de la corrupción, de la mala calidad de los servicios públicos, de los precios en alza y de los multimillonarios gastos públicos para el Mundial 2014, más de un millón de manifestantes salieron a las calles del país.

La FIFA indicó que no ha discutido con las autoridades ni considerado, hasta ahora, suspender la Copa Confederaciones debido a las protestas y luego de que dos minibuses de la organización fueran atacados a pedradas por manifestantes en Salvador. "La Copa de Confederaciones está teniendo lugar en Brasil y la Copa del Mundo tiene que tener lugar en Brasil. Vamos a garantizar que esto ocurra de la mejor manera", dijo el secretario general de la FIFA, Jerome Valcke,

Movilizaciones en tres y dos.  Las protestas se mantuvieron ayer en 35 ciudades de Brasil, incluido el barrio de Jacarepagué y tres ciudades más de la periferia de Rio, así como en varios puntos de la megalópolis de Sao Paulo, según un conteo del diario O Estado de Sao Paulo.

En Jacarepagué decenas de jóvenes encapuchados saquearon una concesionaria de automóviles y varias otras tiendas, provocando destrozos.

El gobierno advirtió que las protestas pueden afectar la Jornada Mundial de la Juventud Católica y la visita del papa Francisco, previstos en Río del 23 al 28 de julio próximos y donde se espera la concurrencia de dos millones de personas. "Río de Janeiro tiene los medios de garantizar la seguridad de los grandes eventos", aseguró el gobernador del estado, Sergio Cabral quien advirtió que los excesos de policías y manifestantes deben ser castigados.

El jueves pasado, Río , Brasilia y otras ciudades vivieron escenas de caos, con saqueos, vandalismo y enfrentamientos con la policía en las mayores protestas callejeras en 21 años en Brasil.

Las manifestaciones han dejado dos muertos: un manifestante atropellado en Riberao Preto y una mujer que murió de un ataque cardíaco en Belem luego de la explosión de una bomba, y más de un centenar de heridos.

El Movimiento Pase Libre que promovió el inicio de las movilizaciones hace 10 días anunció que no convocaría a nuevas protestas en la megalópolis, a raíz de la participación de activistas que defienden causas conservadoras que el movimiento rechaza.

Reunión de urgencia. La presidente de Brasil, Dilma Rousseff, se reunió de urgencia con varios miembros del gabinete. No hubo declaraciones al final de la reunión.

Los ministros deben evaluar la peor crisis política desde 2005, cuando el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) se salvó in extremis de la destitución por el escándalo del "mensalao", un esquema de sobornos a parlamentarios a cambio de votos. "Tenemos que entender que estas manifestaciones están demandando cambios. Esa gran camada de brasileños que emergió de la exclusión y pasó a consumir, quiere nuevos derechos ", dijo el jefe del gabinete, Gilberto Carvalho.


Potencia en aprietos

Brasil, séptima economía del planeta, mundialmente célebre por sus programas sociales que hicieron ingresar a 40 millones de personas en la clase media en la última década, atraviesa un periodo de magro crecimiento económico y una inflación en alza.

Las manifestaciones, convocadas por brasileños jóvenes, de clase media y apolíticos, comenzaron exigiendo la suspensión del  aumento del precio del transporte.