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De George a Jorge, la tradición de hispanizar los nombres

Los duques de Cambridge salen del hospital con su hijo / AFP

Los duques de Cambridge salen del hospital con su hijo / AFP

Tradicionalmente, el castellano traducía los nombres propios extranjeros y esa costumbre se conservó en lo que se refiere a papas y miembros de casas reales

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El príncipe Guillermo de Inglaterra y su esposa, Catalina, han llamado a su hijo George Alexander Louis, y su nombre en castellano, como quiere la tradición de esta lengua, será Jorge Alejandro Luis.

Tradicionalmente, el castellano traducía los nombres propios extranjeros y esa costumbre se conservó en lo que se refiere a papas y miembros de casas reales. Por eso George Alexander Louis será el príncipe Jorge Alejandro Luis en castellano.

De igual manera, Kate, cuyo nombre completo es Catherine, es Catalina en el mundo hispano.

"La tradición de hispanizar los nombres y apellidos se remonta a la época del Renacimiento. Entonces, casi todos provenían del latín, así que se traducían al castellano", explicó a la AFP el académico Salvador Gutiérrez, coordinador de la Ortografía de la Real Academia Española.

Esta tendencia general acercaba los nombres de todo el mundo, no sólo de personas, sino también de ciudades y países.

"Con el tiempo, la traducción varió y sólo se cambió el nombre propio. Por ejemplo, conocimos a Emilio Zola o a Alejandro Dumas", añadió el experto.

En la actualidad, el castellano "acepta el nombre y el apellido extranjero" de las personas. Pero hay una excepción que confirma la regla: los nombres de los papas y de los miembros de las casas reales mantienen la costumbre renacentista.

"Esto se explica porque los nombres van siempre acompañados de un título: rey, reina, príncipe, princesa, papa", contó Gutiérrez.

De esta forma, se conoce al papa Francisco, al príncipe Pablo de Grecia o a la reina Beatriz de Holanda.

Uno de los debates actuales más encendidos de los lingüistas es determinar la forma correcta a seguir en estos casos, porque "la costumbre de traducir se está replegando".

"Ahora se tiende a mantener los nombres extranjeros. Una de las ventajas que conlleva es que permite conocer el lugar de origen" de una persona según su nombre original, precisó el académico.

Sin embargo, Mary Donaldson, convertida en princesa heredera de Dinamarca por su boda con el príncipe Federico, sigue conservando su nombre inglés tras más de siete años de matrimonio, mientras que nadie ha encontrado hasta ahora una traducción al castellano para Charlene Wittstock, esposa del príncipe Alberto de Mónaco.