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G8 apoya transición democrática en Siria

Los representantes de las potencias mundiales acordaron, en un documento, intensificar la lucha contra la evasión fiscal

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El G8, el grupo de los siete países más ricos y Rusia, respaldó una transición democrática en Siria y pidió que se celebre lo antes posible, en Ginebra, una reunión entre rebeldes y partidarios del régimen de Damasco, en busca de una solución pacífica al conflicto.

Los jefes de Estado y de Gobierno de Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Rusia, Alemania, Francia, Canadá e Italia concluyeron una cumbre anual de dos días, bajo presidencia británica, en Lough Erne (Irlanda del Norte) marcada por el conflicto en Siria, que ha causado 93.000 muertos.

El G8 se comprometió a dedicar otros 1.500 millones de dólares de ayuda humanitaria a Siria.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, concluyó su primer viaje a Irlanda del Norte en la que quedó en evidencia la escasa química que tiene con su homólogo de  Rusia, Vladímir Putin, al abordar el conflicto en Siria. El representante del Kremlin no cerró la puerta a suministrar armas Siria si Moscú concreta contratos de este tipo y salió al paso a la solicitud de que flexibilice su posición respecto a la posibilidad de armar a los rebeldes de su socio sirio

El presidente de Francia, François Hollande, abrió la puerta a que Irán participe en la conferencia de paz sobre Siria, si el nuevo presidente de ese país demuestra ser constructivo.

Hollande reiteró su posición, compartida con Estados Unidos y Reino Unido, de que el presidente de Siria Bashar al Assad debe abandonar el poder.

Evasión fiscal. En un comunicado conjunto al final de la cumbre, los líderes mundiales dijeron que las autoridades fiscales deberían compartir información para combatir el flagelo de la evasión de impuestos y dificultar las cosas para las compañías que buscan transferir sus ganancias más allá de las fronteras para evitar pagar impuestos.

Reino Unido anunció el acuerdo como un primer paso hacia la creación de un nuevo ambiente de transparencia corporativa. Un principio clave en el plan requeriría que las multinacionales declaren cuánto pagan en impuestos en cada país.

Esta iniciativa refleja el creciente descontento sobre la capacidad de compañías extranjeras de canalizar sus ganancias a países que son paraísos fiscales.