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Fuerzas de Al Asad quebraron bloqueo rebelde en el norte de Siria

Bachar Al Asad, presidente de Siria | EFE

Bachar Al Asad, presidente de Siria | EFE

Dos años después de iniciada la revuelta contra el presidente sirio, las fuerzas del Gobierno están luchando fuertemente por mantener el control de las ciudades

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Las tropas del gobierno quebraron un bloqueo rebelde de seis meses en el norte de Siria y ahora están combatiendo por recuperar una carretera clave, informaron el lunes medios estatales y opositores.

Los insurgentes habían capturado bases militares en Wadi al-Deif y Hamidiya, en la provincia de Idlib. Pero el domingo, las fuerzas del presidente Bashar Al Asad quebraron la resistencia rebelde en la zona, indicó el periódico pro-Gobierno al-Baath.

Los insurgentes contraatacaron el lunes, pero su frente se ha visto debilitado en las últimas semanas debido a luchas internas y el despliegue de sus fuerzas en otras batallas, dijeron activistas.

El avance oficial en las bases, ubicadas fuera del pueblo de Maarat al-Nuaman, le permitirían al Ejército recapturar la principal ruta hacia Aleppo, la ciudad más grande de Siria, y mejorar sus frágiles líneas de suministro en el corazón del norte del país, en gran parte en manos del los rebeldes.

Dos años después de iniciada la revuelta contra Al Asad, las fuerzas del Gobierno están luchando fuertemente por mantener el control de las ciudades.

Muchas zonas rurales y pueblos provinciales han quedado bajo comando rebelde. Aleppo, que solía ser un importante centro de negocios, está en medio de un duro enfrentamiento entre ambas partes. Los rebeldes han avanzado sobre el norte de Siria cerca de Turquía, y el sur de la provincia de Deraa cerca de Jordania.

Pero las fuerzas gubernamentales han mantenido a los insurgentes fuera del centro de Damasco, la capital siria, y controlan la mitad de las ciudad de Homs, que conecta la capital con las zonas alauíes -el credo de Assad- cerca de la costa del Mediterráneo.

Marzo fue el mes más sangriento en lo que va del conflicto, que comenzó como un movimiento de protesta contra las cuatro décadas de la familia Assad en el poder pero que avanzó hasta transformarse en una creciente guerra civil sectaria en la que han muerto al menos 70.000 personas.

Los rebeldes musulmanes suníes son la columna vertebral de la insurgencia, mientras que minorías como la alauí -un desprendimiento del islam chií, han luchado del lado de Assad, que cuenta con el apoyo exterior de Irán y Rusia.

Las potencias occidentales, que quieren ver el final de Assad pero no quieren intervenir militarmente, se han alarmado por el avance de grupos islámicos como el Frente Nusra en un conflicto que ha profundizado la división sectaria en Oriente Medio.

En tanto, los esfuerzos diplomáticos para hallar una solución política hasta ahora no han llevado a ningún puerto.

Rami Abdelrahman, jefe del opositor Observatorio Sirio para los Derechos Humanos con sede en Londres, dijo a Reuters que más de 50 combatientes habían muerto o estaban desaparecidos tras la batalla del domingo.

El avance del Ejército no fue aún una victoria decisiva pero podría reabrir frentes de batalla en el norte, donde los rebeldes habían logrado una ventaja, agregó Abdelrahman.

El Observatorio agregó que un ataque aéreo causó la muerte de 13 personas, incluidos 10 niños, el domingo en el distrito Qaboun de Damasco.

El conflicto sirio, que se ha expandido hacia algunos países vecinos, ha aumentado la tensión sectaria en la región.