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Francisco intercede por la barriada pobre de Guaratiba que no pudo visitar

El papa Francisco / EFE

El papa Francisco / EFE

En la carta hecha pública por la Alcaldía de Río de Janeiro, el papa agradece a las autoridades el esfuerzo que permitió realizar la misa en Copacabana, "debido a que el mal tiempo no permitió hacerlo en Guaratiba"

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El papa Francisco ha intercedido ante las autoridades de Río de Janeiro en favor de los habitantes de la humilde barriada de Guaratiba, que le aguardaban en julio pasado y sufrieron enormes perjuicios económicos porque finalmente no apareció.

El papa pidió por esa comunidad en una carta difundida este sábado por la Alcaldía, en la se refirió a las intensas lluvias que convirtieron en un lodazal un enorme terreno preparado en Guaratiba para la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que finalmente debió celebrarse en la playa de Copacabana.

Aunque el pontífice no la citó, lo sucedido evocó la historia de la laureada película "El baño del papa", de los uruguayos Enrique Fernández y César Charlone.

La tragicomedia remite a una visita real que el papa Juan Pablo II hizo a la ciudad uruguaya de Melo en 1998 y tiene como personaje principal a un imaginario contrabandista de poca monta que sueña con salir de la pobreza gracias al pontífice.

Con esa intención, construye un retrete para alquilarlo a cientos de miles de peregrinos que se creía irían hasta Melo para ver al papa, pero se ve totalmente frustrado cuando en realidad llegan sólo unos pocos cientos de personas.

También se frustran las ilusiones de decenas de habitantes de Melo que, esperanzados con el papa, gastaron lo que no tenían en bebidas o comidas para vender a los peregrinos que no aparecieron.

Algo similar ocurrió en Guaratiba en junio pasado debido al temporal registrado días antes de la esperada misa papal.

Igual que el personaje de la película, el obrero Rodrigo Silva se gastó en junio pasado unos 10.000 reales (cerca de 4.300 dólares), dinero que no tenía y pidió prestado, para construir no uno sino doce retretes junto a su humilde vivienda, vecina al terreno donde se iba a celebrar la misa.

Según los cálculos de los organizadores de la JMJ, cerca de dos millones de personas llegarían en peregrinación hasta ese lugar a 60 kilómetros del centro de Río de Janeiro, con lo que el "negocio" no parecía ofrecer ningún riesgo.

Pero el papa no apareció y los retretes continúan allí, hasta hoy sin uso.

Las pérdidas que sufrió Silva fueron mínimas comparadas con las que amargaron a Juracy Santana y otros cinco amigos, que se asociaron para comprar nada menos que seis camiones de gaseosas, agua y otras bebidas, y contrataron a cien personas de la comunidad para trabajar en las ventas durante la visita papal.

Cuando cuatro días antes de la misa se anunció de forma oficial el cambio de lugar, Santana declaró a la prensa local que su plan se mantenía pues no creía en la mudanza. "Nadie cancela un evento de esa naturaleza de un día para el otro", dijo entonces.

Al confirmar que realmente era así, Santana apareció ante las cámaras de televisión con los ojos enrojecidos del llanto y lamentando los 67.000 reales (unos 29.100 dólares) "tirados a la basura", al tiempo que preguntaba cómo explicar el fracaso a uno de sus socios, que había vendido su viejo automóvil para entrar en el negocio.

En la carta hecha pública por la Alcaldía de Río de Janeiro, el papa agradece a las autoridades el esfuerzo que permitió realizar la misa en Copacabana, "debido a que el mal tiempo no permitió hacerlo en Guaratiba".

Pero también hace una petición de ayuda para los habitantes de esa barriada, claramente sensibilizado con lo que causó el inesperado chaparrón y el cambio de escenario.

"Quería también pedir, con un pleno respeto a la autonomía gubernamental del municipio, que sea dada una atención especial a los moradores de ese barrio, que tanto soñaron con la realización de los actos centrales de la JMJ en su vecindad", reza la carta.