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Estallido musulmán dio la vuelta al mundo

Sedes diplomáticas y militares de naciones occidentales en Asia, África y Oceanía fueron atacadas

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Decenas de miles de personas se echaron a las calles en países de tres continentes para protestar contra la película estadounidense La inocencia de los Musulmanes que denigra al profeta Mahoma y que fue divulgada por internet.

El objetivo del viernes de la ira en las naciones islámicas fueron las sedes diplomáticas de Estados Unidos repartidas por países del extremo Oriente, Asia Central, Medio Oriente, Oceanía y África. En los choques murieron por lo menos siete personas.

Los miles de islámicos enardecidos manifestaron en más de 15 países, para denunciar la película, lo que desencadenó nuevos actos de violencia. Hubo disturbios en Sudán, Irán, Túnez, Siria, Turquía, Bangladesh, India, Egipto, Marruecos, Indonesia, Malasia, Pakistán, Nigeria, Irak, Afganistán y Yemen.

Los sucesos más cruentos se produjeron en Sudán, donde fallecieron tres personas, y en la ciudad septentrional libanesa de Trípoli, donde una persona más perdió la vida en una protesta en la que resultó incendiado un restaurante de la cadena KFC. Otras tres personas murieron y 28 resultaron heridas en los enfrentamientos que libraron las fuerzas de seguridad tunecinas y los manifestantes que intentaban asaltar la Embajada de Estados Unidos en Túnez.

En Jartum, capital de Sudán, 5.000 personas atacaron las legaciones de Alemania y el Reino Unido. La oficina diplomática alemana fue allanada e incendiada.

En Saná, capital de Yemen, la policía disparó al aire para repeler a cientos de manifestantes reunidos a unos 500 metros de la Embajada de Estados Unidos, donde quemaron la bandera y reclamaron la expulsión del embajador.
Cerca de 10.000 manifestantes dieron fuego a banderas de EE UU e Israel en Dacca, capital de Bangladesh, y trataron de tomar la sede diplomática de Washington.

En Indonesia, unos 350 islámicos radicales manifestaron en Yakarta contra la película.

En Teherán, miles de personas se congregaron, gritando consignas como “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Israel”, según imágenes emitidas por la televisión estatal.

La Embajada de Estados Unidos en El Cairo fue asediada por cuarto día consecutivo, mientras que en Siria, cerca de 200 personas organizaron una sentada de protesta ante la legación en Damasco, cerrada desde hace varios meses.

Firmeza

El presidente Barack Obama lanzó ayer un mensaje de firmeza ante la violencia antiestadounidense que se ha extendido por los países islámicos, durante la llegada de los cuerpos de los cuatro fallecidos en Libia.

“Su sacrificio nunca será olvidado, llevaremos ante la justicia a aquellos que nos los arrebataron. Resistiremos la violencia en nuestras misiones diplomáticas”, dijo el mandatario estadounidense en la base aérea Andrews, cerca de Washington.

“Seguiremos haciendo todo lo que esté en nuestro poder para proteger a los estadounidenses que trabajan en el extranjero”, dijo el mandatario.
Los cuatro estadounidenses fallecidos el martes en Bengasi, durante el ataque al consulado estadounidense en una violenta manifestación, eran el embajador Chris Stevens; Sean Smith, ex militar de la Fuerza Aérea responsable de los servicios de comunicación en el consulado; y dos ex miembros de comandos de élite de la Marina, encargados de la seguridad.

El dato
Tres militares colombianos resultaron heridos en un tiroteo que se produjo cuando manifestantes que protestaban contra la película antiislámica irrumpieron en un cuartel militar de la Fuerza Multinacional de Paz de las Naciones Unidas en el Sinaí. Los efectivos pudieron repeler a los manifestantes que se mantuvieron en las cercanías del cuartel.

Blasfemias
Desde que en 1989 el escritor británico de origen indio Salman Rushdie fuera condenado a muerte por su libro Los versos satánicos, considerado blasfemo, varios incidentes relacionados con la religión han desatado la indignación del mundo musulmán.
Fue el ayatolá iraní Rujola Jomeini quien el 14 de febrero de ese año, poco antes de morir, emitió una fatua (edicto religioso) en el que condenaba a muerte al autor, que tuvo que esconderse. El edicto incluso ponía precio, tres millones de dólares, a la cabeza del escritor.
El supuesto pecado fue su reflexión sobre unos polémicos versículos que desaparecieron del Corán porque, según la propia tradición mahometana, fueron inspirados por Satanás al profeta para confundirlo.

Más beligerantes e incisivas fueron las obras publicadas por la periodista italiana Oriana Fallaci, quien también hubo de sufrir la intransigencia de los más radicales. En 2002, poco después de los cruentos atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, la reportera sacó a la luz el libro La rabia y el orgullo, en el que comparaba a los hijos de Alá con las ratas. Dos años más tarde, Fallaci azuzó la pira inquisitorial con otra obra, La fuerza de la razón, criticada por aquellos que consideran que existe una cruzada intelectual desde Occidente contra los mahometanos.
Menos suerte tuvo el director de cine holandés Theo Van Gogh, apuñalado hasta la muerte por un joven musulmán marroquí en 2004 a causa de su documental Sumisión, en el que denunciaba la situación de la mujer en el mundo islámico. Un año después, el 30 de septiembre de 2005, decenas de miles de musulmanes se echaron a las calles de todo el mundo para protestar por la publicación en el diario conservador danés Jyllands Postem de una serie de caricaturas en las que se representaba a Mahoma con una bomba disimulada en el turbante.