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EE UU ofrece ayuda a víctimas de disturbios en Birmania

Fachada del Departamento de Estado de EE UU / Reuters

Fachada del Departamento de Estado de EE UU / Reuters

Un portavoz del Departamento de Estado, Patrick Ventrell, dijo que la ayuda consistirá en "bolsas de aseo, mantas, utensilios, cubiertas de plástico, agua y asistencia sanitaria para los desplazados"

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Estados Unidos anunció este martes la concesión de 100.000 dólares en ayuda humanitaria a los afectados por la violencia sectaria en la región central de Birmania (Myanmar) y urgió al Gobierno de ese país a "restaurar el orden".

Un portavoz del Departamento de Estado, Patrick Ventrell, dijo en conferencia de prensa que la ayuda consistirá en "bolsas de aseo, mantas, utensilios, cubiertas de plástico, agua y asistencia sanitaria para los desplazados".

La ola de violencia ha dejado al menos 40 muertos y forzado a cerca de 10.000 personas a abandonar sus hogares, según el Gobierno birmano, que ha detenido a 35 personas por su implicación en unos disturbios que surgieron la semana pasada con una discusión entre los dueños musulmanes de una tienda de oro y clientes budistas.

"Urgimos a las autoridades a restaurar el orden y mantener la paz de una forma que respete los derechos humanos y el debido proceso de la ley, y a proporcionar toda la asistencia necesaria a los desplazados internos", indicó Ventrell.

El presidente birmano, Thein Sein, promulgó el viernes pasado el estado de excepción en varias localidades del centro del país, pero la violencia sectaria ha saltado a poblaciones fuera de esa zona.

El Gobierno de Barack Obama ve a Birmania como uno de los casos más positivos de transición a la democracia en la historia reciente, y suele presentarlo como una muestra del éxito de su política exterior, dado que bajo su mandato se han normalizado las relaciones diplomáticas y se ha levantado la mayoría de las sanciones.

No obstante, Ventrell reconoció hoy que pese a los "claros pasos hacia el cambio" que ha dado el régimen militar del país, persiste "una cierta fragilidad", por lo que Estados Unidos se mantiene "muy vigilante".

La ONU, la Unión Europea y gobiernos de otros países también han expresado su preocupación por la inestabilidad que causan los disturbios en un país con cerca de 60 millones de habitantes de los que el 89 por ciento son budistas, un 4 por ciento musulmanes y el resto de otras religiones.