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Diálogo con FARC llega a punto de quiebre tras superar capítulo de secuestros

Las FARC que consideran que esos secuestros son consecuencia de la decisión del Gobierno de negociar en medio del conflicto armado, sigue reclamando un cese al fuego bilateral

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El proceso de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC ha llegado al punto de quiebre, pues la negociación está abocada a dar un giro para garantizar su continuidad una vez superada su peor crisis por el secuestro y posterior liberación del general Rubén Darío Alzate.

Una delegación del Gobierno, encabezada por el jefe negociador, Humberto de la Calle, regresó hoy a La Habana para analizar con los representantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) la situación tras la suspensión del diálogo a causa de los secuestros de Alzate, tres soldados y una abogada, todos ellos entregados en los últimos días.

Y es que tras este capítulo, en el que ha estado involucrado ni más ni menos que un general del Ejército, el proceso de paz ya no podrá seguir siendo lo mismo, a pesar de haber avanzado hasta en un 70 % respecto a las metas fijadas en 2012, cuando se puso en marcha la negociación de una agenda pactada por las dos partes.

La prueba está en los planteamientos que han hecho las FARC, cuyo máximo líder, Rodrigo Londoño Echeverri (alias "Timochenko"), afirmó que la suspensión del proceso había "minado la confianza".

Las FARC que consideran que esos secuestros son consecuencia de la decisión del Gobierno de negociar en medio del conflicto armado, sigue reclamando un cese al fuego bilateral, a lo que el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se niega con rotundidad.

Además para las FARC no hay razón para que ninguna de las partes se levante de la mesa de La Habana y lo justifican en que precisamente por tratarse de una negociación sin alto el fuego sucesos como el secuestro son consecuencia de la guerra.

"Hay que recomponer las reglas y evitar que a futuro se vuelvan a presentar situaciones como ésta", remarcó desde Cuba el jefe de la delegación guerrillera, "Iván Márquez".

Tampoco el Gobierno es ajeno al nuevo escenario, ya que los secuestros de Alzate, tres soldados y de la abogada Gloria Urrego, han puesto en jaque su credibilidad frente a la opinión pública colombiana.

El director del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz de la Universidad Nacional de Colombia, Alejo Vargas, opina que "sería equivocado decir que no ha pasado nada, porque sí ha pasado".

En declaraciones a Efe, Vargas asegura que el regreso a La Habana de los negociadores del Gobierno servirá para que todos "sinceren sus molestias y preocupaciones" antes de restaurar completamente el diálogo.

Los próximos días serán decisivos para el futuro del proceso ya que las partes deberán precisar en la capital cubana cómo van a seguir negociando en medio de la guerra y definir una estrategia para desescalonar el conflicto sin un cese bilateral del fuego.

"La mesa vivirá una especie de catarsis y deberá asumir unas reglas más sólidas", apunta Vargas en consonancia con el sentir de Colombia, donde analistas, políticos, negociadores y sociedad en general no quieren volver a ver hechos como los recientes secuestros.

El Gobierno y las FARC han logrado en dos años de negociaciones tres preacuerdos, el primero de ellos relacionado con el problema agrario, considerado el origen del conflicto armado en Colombia que comenzó hace 50 años.

También sobre la participación política de los guerrilleros tras un eventual acuerdo definitivo de paz y, por último, sobre narcotráfico y cultivos ilícitos de hoja de coca.

Cuando el Gobierno anunció la suspensión de las negociaciones, en la madrugada del 17 de noviembre y horas después del secuestro de Alzate, las partes trataban el siguiente punto de la agenda referido a cómo resarcir a las víctimas y adelantaban algo fundamental: la dejación de las armas por parte de las FARC.

El presidente Santos ha expresado su confianza en que el acuerdo final de paz se logre en 2015. Para ello cuenta con el apoyo de la comunidad internacional, pero deberá mostrar firmeza para no hacer creer a buena parte de la sociedad colombiana que se rinde ante la presión de las FARC. EFE