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Dean Baquet, un líder popular en la sala de redacción del New York Times

El miércoles, el diario estadounidense anunció la imprevista salida de Jill Abramson, la primera mujer que ocupó el cargo de editora ejecutiva en el periódico

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El vehemente editor Dean Baquet –a quien una vez despidieron por defender a sus reporteros– se convirtió en el primer editor ejecutivo de raza negra del New York Times. Es el cargo más prestigioso del periodismo estadounidense.

El miércoles, el diario estadounidense anunció la imprevista salida de Jill Abramson, la primera mujer que ocupó el cargo de editora ejecutiva en el periódico, y que fue reemplazada por Baquet, en una medida sorpresiva que causó un sismo en la sala de redacción, y que revivió antiguas suposiciones sobre la posibilidad de que la causa de su salida tenga que ver con razones sexistas.

Pero si bien la súbita partida de Abramson fue un golpe para el equilibrio de los géneros en las altas jerarquías del diario, su sustituto, de 57 años de edad –un periodista de origen humilde en Nueva Orleans– es una verdadera novedad. Baquet es una figura popular en la sala de redacción a pesar de –o tal vez gracias a– su reputación de temperamental: se dice que una vez abrió un hueco en la pared de la oficina del Times en Washington, de un sólo puñetazo, cuando una historia no fue publicada en portada.

Ha sdio reconocido con el premio Pulitzer por su trabajo para el Chicago Tribune y fue despedido como editor de Los Angeles Times por negarse a recortar misiones de reportaje.

"Es gratificante que me pidan liderar la única sala de redacción del país que es ahora mucho mejor de lo que fue hace una generación", dijo Baquet a varios cientos de empleados del diario en Nueva York. Y para el colega del Times que lo entrevistó agregó que "el truco para dirigir el New York Times es simple; hay que recordar que es un diario impreso muy poderoso, con una importante audiencia y eso hay que protegerlo al tiempo de que se buscan más lectores por otros medios".

Baquet creció en Nueva Orleans, donde su familia tenía un restaurante, y estudió en la universidad de Columbia. Trabajó en el Times-Picayune de Nueva Orleans y en el Chicago Tribune , antes de formar parte del equipo del New York Times. Después trabajó en Los Angeles Times, en 2000, donde ocupó buenos cargos editoriales hasta que fue despedido en 2006.

Su designación como editor tiene un significado particular en una industria que no ha conseguido cumplir los objetivos que se planteó para aumentar su diversidad. "Esto lo reconoce mucha gente de la industria del periodismo", dijo Mark Jurkowitz, director asociado del proyecto periodístico del Instituto de Investigación Pew. "El ascenso de Dean Baquet significado mucho en este sentido y es importante hacerlo notar", agregó Jurkowitz.

De acuerdo con un reciente encuesta de la Universidad de Indiana la cantidad de periodistas pertenecientes a minorías en Estados Unidos cayó a 8,5% en 2013 después de sumar 9,5% en 2002; el porcentaje general de población catalogada como "de minorías" aumentó en ese lapso 36,6%.

Baquet asume la dirección de una sala de redacción de cerca de 1.200 reporteros, tal vez la más importante de Estados Unidos, en momentos en los que enfrenta los desafíos de una industria que aún tiene dificultades para adaptarse al formato digital.

También deberá enfrentarse a un equipo aturdido por la súbita partida de su primera líder mujer, bajo circunstancias poco claras. De acuerdo con lo que se dice en el propio Times y en otros medios, el catalizador del cambio puede haber sido la decisión de Abramson de ofrecer a una editora de The Guardian –Janine Gibson– el trabajo de coeditora junto a Baquet, sin consultarle a él de antemano. Otros afirman que Abramson se quejaba de sexismo porque ganaba menos que su predecesor, especulación que negó el Times.

Kelly McBride, miembro del Instituto Poynter, dedicado al estudios de medios, escribió en su blog que "el diario le debe una explicación a su audiencia". Seguramente –agregó– los detalles serán sorprendente, pero no tiene sentido que el Times le deje la historia a sus competidores. "Incluso si no hubiera riesgo de que los detalles no se filtraran a otros medios, sería una hipocresía que podría perjudicar la marca de esta sala de redacción".