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Daniel Rafecas: “La clave del prestigio del Poder Judicial son jueces libres de presión”

Daniel Rafecas considera que la clase política debe tener un gran respeto por la labor del Poder Judicial | Foto Williams Marrero

Daniel Rafecas considera que la clase política debe tener un gran respeto por la labor del Poder Judicial | Foto Williams Marrero

El titular del Juzgado Criminal y Correccional Federal Tercero de Buenos Aires considera que el retiro de Venezuela de la Comisión y la CIDH es un retroceso 

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La Confederación de Asociaciones Israelítas de Venezuela invitó a los actos en el país para conmemorar el aniversario de la Noche de los Cristales Rotos, ocurrida el 9 de noviembre de 1938, al abogado y juez argentino Daniel Rafecas, que desde hace 15 años se ha dedicado a estudiar el tema del Holocausto. Afirma que la indignación frente a injusticias suele disminuir cuando se hace algo para reparar o cambiar la situación. “No ha sido el caso del Holocausto. Me generó una indignación que nunca se ha ido y que me impulsa a seguir el camino de investigar, estudiar y extraer las enseñanzas que esos acontecimientos dejaron”.

—¿Qué se puede hacer, ahora que quedan menos sobrevivientes, para preservar la memoria del Holocausto?
—Efectivamente nos estamos quedando sin sobrevivientes. Lo que queda es apostar en dos sentidos. Primero comprometer a los países en introducir en los contenidos formales de todos los niveles educativos la historia del Holocausto y del fascismo. Ese debería ser el siguiente paso en Venezuela, donde la Asamblea Nacional sancionó por unanimidad un acuerdo para instaurar la Conmemoración Anual de la Memoria de las Víctimas del Holocausto (27 de enero). Lo segundo es crear conciencia y los medios de comunicación cumplen un papel fundamental porque tienen penetración en todos los niveles sociales y en todas las regiones.

—Ante amenazas como el Estado Islámico, ¿qué importancia tiene recordar el Holocausto?
—Lo que ocurre con el Estado Islámico es un ejemplo de las falencias que tenemos en el mundo: la humanidad no ha recogido todavía las enseñanzas del Holocausto y de otros genocidios (Camboya, Balcanes, Ruanda). Hay una preocupación de la comunidad internacional y destaco la posición del papa Francisco sobre los cristianos que son masacrados y expulsados de sus territorios por una minoría fanática, intolerante y criminal. Eso debería generar un repudio mucho mayor en nuestras sociedades.

—En el caso de América Latina, ¿cómo evalúa la situación de los derechos humanos?
—En líneas generales ha habido una mejora sustancial. Especialmente porque ya no tenemos dictaduras militares, lo que es un gran avance. Por supuesto que tenemos déficits. Pero en el caso de Argentina nos sentimos orgullosos y satisfechos por los logros en las investigaciones judiciales independientes y con respeto al debido proceso de los crímenes de lesa humanidad de la última dictadura. Un proceso en el cual participo y que ha permitido llevar al banquillo a 1.000 personas y dar reconocimiento a 10.000 víctimas. Argentina lidera un modelo de verdad, justicia y memoria con respecto al pasado de violencia de Estado que es reconocido a nivel mundial.

—¿Qué importancia tienen organismos regionales como Mercosur en la lucha por los derechos humanos?
—En la región tenemos varias instancias para abordar estos asuntos. Históricamente la vía para presionar por el respeto a derechos fundamentales ha sido la OEA, la Convención Interamericana de Derechos Humanos y la Corte. El Mercosur es un ámbito importante, pero limitado a velar o reforzar el cumplimiento de derechos económicos y sociales.

—Los protocolos del Mercosur hablan de reforzar el sistema interamericano de derechos humanos.
—Claro. Es como una confirmación de que la vía institucional que hay en la región para procurar una mejora en los niveles de dignidad y libertad es la CIDH.

—Venezuela decidió abandonar esa instancia. ¿Qué consecuencias tiene eso?
—Es un retroceso porque la CIDH lo que hace es velar por el cumplimiento de cláusulas que están contenidas en las convenciones de derechos humanos firmadas. Prescindir de un tribunal que vela por el cumplimiento de este tipo de derechos en los países miembros, tiene que ser visto como algo lamentable.

—¿Qué pueden hacer las víctimas de abusos que ya no cuentan con la CIDH para lograr justicia?
—Hay un Comité de Derechos Humanos y otras instancias en la ONU. Hay un relator especial contra la tortura, que es el argentino Juan Méndez. También hay un comité contra la desaparición forzada. Hay mecanismos que no dependen de la OEA y que pueden suplir ese vacío al que usted se refiere.

—Ha estado involucrado en casos polémicos como el juicio al actual vicepresidente de Argentina, que tienden a politizarse. ¿Cómo evitarlo?
—Es una buena pregunta y me gustaría tener la respuesta. Haría mucho más llevadera la labor de un juez federal que, le guste o no, tiene que lidiar con cuestiones de la vida política del país. Allí hay una tensión inevitable entre un Poder Judicial independiente y el poder político. Y eso genera muchas veces un intento de politización de los fallos judiciales, que son decisiones técnicas tomadas en un proceso penal a partir de las pruebas que se presentan. La manera de evitarlo es que la clase política tenga un gran respeto por la labor del Poder Judicial, como hay en países desarrollados.

—Eso requiere un sistema judicial con credibilidad. ¿Qué se necesita para lograrlo?
—Hay dos cuestiones fundamentales. Una es la independencia del poder político, garantizada por las reglas de la Constitución. La otra es la autonomía presupuestaria. También se debe contar con un modelo transparente, profesional y serio de designación y remoción de magistrados. Esto es decisivo. La clave del prestigio del Poder Judicial son jueces libres de todo tipo de presión, no solamente del poder político sino también económico y mediático. Esa tranquilidad de espíritu que necesita el juez para hacer su trabajo redunda en un correcto funcionamiento, y hace al sistema judicial predecible y prestigioso.