• Caracas (Venezuela)

Mundo

Al instante

Corrupción y crisis económica amenazan continuidad de Rousseff

Dilma Rousseff y Lula da Silva / ilustración: Mauricio Lemus

Dilma Rousseff y Lula da Silva / ilustración: Mauricio Lemus

A siete meses de iniciar su segundo mandato, la presidente enfrenta un panorama complicado

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Así como las bombas atómicas arrasan con todo lo que encuentran a su paso, las denuncias de corrupción en las empresas estatales de Brasil parecen ir por el mismo camino tras la detención esta semana del presidente de Electronuclear, Othon Luiz Pinheido Da Silva. 

La Policía Federal acusó a Pinheido Da Silva de recibir sobornos para adjudicar contratos en la construcción de la central atómica Angra 3 a las empresas Andrade Gutiérrez, Camargo Correa, EBE, Odebrecht, Queiroz Galvao y UTC; todas involucradas en el caso Petrobras. 

El método usado por las constructoras enAngra 3 habría sido el mismo que utilizaron con la petrolera estatal: infl ar el valor para luego repartirse la ganancia con los directivos de las contratantes y los políticos que amparan las transacciones. 

"La corrupción se ha extendido a otras áreas de la administración pública, es endémica y está en fase de metástasis", afi rmó el fiscal Athayde Ribeiro Costa, responsable de la detención del presidente de Electronuclear. Además, dio a entender que las investigaciones pueden ampliarse a otras fi rmas públicas del sector eléctrico. 

"La corrupción en Brasil es como una hiedra que se ha extendido por todas partes", opinó Edmundo González Urrutia, ex director de Política Internacional en la Cancillería. "Hablamos de una sociedad política completamente enferma", agregó Mario Gugliemeli, ex cónsul de Venezuela en Sao Paulo. 


Sospecha general. Los diplo- máticos recordaron que las acusaciones incluso han alcanzado al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), que no solo ha sido señalado por el caso Petrobrás, sino también por tráfi co de infl uencias para que Odebrecht consiguiera contratos en varios países, incluida Venezuela. 

Dilma Roussef tampoco escapa al impacto de la corrupción. 

En junio se supo que el empresario Ricardo Pessoa, enjuiciado por el caso Petrobras, confesó que donódinero proveniente de prácticas corruptas a la campaña para la reelección de la presidente en 2014. 

Pessoa, que es propietario de UTC y colabora con la justicia a cambio de una reducción de la pena, también dijo que entre los benefi ciarios de sus donaciones están los ministros de la Presidencia, Aloizio Mercadante, y de Información, Edinho Silva. 

Muchos de los políticos investigados por corrupción, además, son del Partido de los Trabajadores ­de Roussef y Lula­ y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, que lidera el vicepresidente Michel Temer y es el principal aliado del gobierno en el Parlamento. 

Pero la corrupción está lejos de ser el único problema de la mandataria. Brasil está en medio de una crisis económica: el producto interno bruto caerá alrededor de 2% en 2015, el desempleo aumentó a 6,9% en junio y la infl ación anual puede llegar a dos dígitos por primera vez desde 2002. 


¿Destitución posible? 
El contexto adverso hizo que la popularidad de Roussef cayese por debajo de 10% y el rechazo ascendiera hasta casi 80%, según los estudios más recientes de las principales encuestadoras brasileñas, cuando apenas han transcurrido siete meses de su segundo mandato. 

"Cuando la crisis afecta el bolsillo de los ciudadanos el descontento es mayor", justificó Gugliemeli. "Hay un desgaste de la popularidad y un creciente malestar", afi rmó González Urrutia. Lo más peligroso en este caso, sin embargo, es la pérdida de apoyo en el Parlamento. 

Roussef está enfrentada con un sector del PMDB, encabezado por el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, que atribuye su implicación en el caso Petrobras a una maniobra del gobierno. La bancada de la oposición, además, salió fortalecida de los comicios del año pasado. 

Eso ha traído al debate público la posibilidad de la destitución presidencial por parte del Congreso, que ya tiene un precedente con Fernando Collor de Mello en 1992. Y la jefe del Estado lo sabe: "No voy a caer", declaró al diario Folha de Sao Paulo en una entrevista en julio. 

Ni González Urrutia ni Gugliemeli se atrevieron a hacer un pronóstico sobre la destitución de Roussef , pero sí afi rmaron que la situación es delicada. 

"Sin duda se está confi gurando un cuadro político complicado", dijo el primero. "Un problema de gobernabilidad grave, en medio de una crisis económica, traerá muchas dificultades", añadió el segundo. 

El vicepresidente Temer, que dirige al sector del PMDB que todavía apoya al gobierno, intentó calmar las aguas hace unos días. "La presidente Dilma continuará hasta el final con mucha tranquilidad, no es necesario que nadie la mantenga porque tiene una capacidad extraordinaria de trabajo y conoce Brasil como pocos", expresó.