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El Congo vive el bajo el drama de un conflicto armado en escalada

Una joven se para mirando a un soldado, mientras centenares de congoleños huyen hacia Goma

Una joven se para mirando a un soldado, mientras centenares de congoleños huyen hacia Goma

La toma de tres ciudades liderada por el grupo rebelde obligó a miles de civiles a escapar hacia otras zonas

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Varios mandatarios africanos amenazaron a los rebeldes congoleños del Movimiento M-23 con un ataque de tropas regionales si en un plazo de 48 horas no se retiran de Goma, la capital de la provincia del mismo nombre de la República Democrática del Congo (RDC).

El ulimátum lo lanzaron desde Kampala, la capital de Uganda, donde se celebró una cumbre de la Conferencia Internacional de la Región Sur de los Grandes Lagos. A la cita –reveló la agencia de noticias DPA- asistieron además del presidente del país en conflicto, Joseph Kabila, sus homólogos de Kenia y Tanzania, Mwai Kibaki y Jakaya Kikwete, así como otros políticos. El mandatario de Ruanda, Paul Kagame, fue el gran ausente en la reunión de emergencia, pese a sus implicaciones en el caso.

Paz en vilo. La tregua que regía en la RDC terminó el pasado fin de semana cuando el M-23 tomó las ciudades de Kibumba y Goma para dirigirse a Sake sin intención alguna de deponer las armas, a menos que obtenga un compromiso político de Kabila.

El obispo y presidente del M-23, Jean-Marie Runiga Lugerero, declaró que hay rei-vindicaciones específicas de la agrupación insurgente, pero argumentó que también hay problemas de democracia, gobernabilidad y de derechos humanos en el país de África central.

Amnistía Internacional advirtió que decenas de miles de civiles han huido, incluidos muchos que ya estaban desplazados en el campo de Kanyaruchinya a 10 kilómetros de Goma. La situación humanitaria y de seguridad ha sufrido un drástico deterioro desde el pasado 15 de noviembre cuando se reanudaron los combates entre el M-23 y las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo.
Causas del conflicto.

El M-23 se deriva del anterior Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo, liderado por el general disidente tutsi, Laurent Nkunda -o Nkundabatware, si se quiere llamar por el nombre que le da su grupo étnico-, detenido por Ruanda en enero de 2009 y sobre quien pesa una orden internacional de búsqueda y captura por crímenes de guerra. El movimiento mantiene el control de la región de Kivu Norte rica en recursos como coltán, oro y diamantes.

El líder militar de esta agrupación rebelde, Bosco Ntaganda, quien se hace llamar “Terminator”, ha mantenido una actitud zigzagueante, dado que, por una parte, firmó acuerdos, en 2009, con el gobierno congoleño contra Nkunda, su anterior jefe, y hoy confronta al gobierno de Kabila, debido al fracaso de esos compromisos.

El profesor de la Universidad de Estrasburgo, Mbuyi Kabunda, explicó que detrás del control territorial del Kivu Norte, existe una estrategia de Nkunda para presionar a las fuerzas de seguridad de la RDC y con ello evitar su entrega a la Corte Penal Internacional.
Al Gobierno de Ruanda tampoco le interesa entregar a Nkunda a las autoridades in-ternacionales, debido a que el líder rebelde bayamulengue –según Kabunda- fue un actor clave para los intereses de Ruanda en la región. Nkunda puede tener información que comprometa a Kagame, afirmó el analista.

Ruanda y Uganda, acusados de su implicación en el conflicto que se desarrolla en la zona de los Grandes Lagos, en el centro de África, niegan su responsabilidad en la creación del caos en la región para lograr el control de los recursos. Como ejemplo, en julio de este año, Amnistía Internacional documentó que el M-23 usó armamento y reclutas suministrados por Ruanda y Uganda.

Kabunda agregó que hay otra teoría que explica el tráfico de pertrechos de guerra hacia el grupo rebelde asociada al problema de la falta de construcción de la ciudadanía congoleña. Muchos de los mandos del Ejército del Congo son bayamulengues vinculados con Ruanda y no con el país. Esos militares responden a los intereses de su grupo de origen ruandés antes de que a sus deberes militares en la RDC.

Lo sucedido es consecuencia del mal manejo político de la situación derivada del genocidio de Ruanda (1994) y de la vulnerabilidad del gobierno de Kabila en el control del territorio congoleño.

La autoridades de Kigali sostienen que hay tropas rebeldes hutus en territorio congoleño -asentadas bajo el amparo de Mobuto Sese Seko- que justifican su intervención, en el Kivu, por razones de seguridad, pero –explica Kabunda- a Ruanda no le interesa resolver el problema porque si el movimiento hutu es eliminado no tiene excusa para sus incursiones en la RDC y sus intereses en la zona.