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Carisma y promesas de reforma ponen a Bachelet a un paso de la presidencia

La candidata de Nueva Mayoría, Michelle Bachelet / EFE

La candidata de Nueva Mayoría, Michelle Bachelet / EFE

Sus esfuerzos por mejorar e incrementar los centros de salud y su estilo ameno le abrieron las puertas para suceder a Lagos y convertirse en la primera mujer en ocupar la presidencia chilena

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Cuando Michelle Bachelet fue nombrada ministra de Salud en el 2000, el entonces presidente Ricardo Lagos le dio una desafiante tarea: terminar en tres meses con las largas filas en los abarrotados centros de atención primaria.

Bachelet se esforzó para cumplir con el plazo, pero no lo logró. Sin embargo, cuando Lagos visitó un centro médico para evaluar la situación, una mujer se le acercó para elogiar a su ministra y pedirle que la mantuviera en el cargo.

"No recuerdo que me hayan dicho en mi período presidencial: no vaya a echar a su ministro", dijo Lagos, entre risas, en una reciente entrevista con Reuters. "En este período corto (...) estableció una relación, una empatía (con la gente)", explicó.

Sus esfuerzos por mejorar e incrementar los centros de salud y su estilo ameno le abrieron las puertas para suceder a Lagos y convertirse en la primera mujer en ocupar la presidencia chilena, que ejerció entre el 2006 y el 2010.

Con el mismo carisma y políticas más ambiciosas para reducir la amplia brecha entre ricos y pobres en Chile, la socialista está a un paso de su segundo mandato tras emerger como la candidata más votada en los comicios de noviembre y asomar, de lejos, como la favorita para el balotaje del domingo.

Torturada durante la dictadura de Augusto Pinochet y madre soltera de tres hijos, Bachelet fue uno de los presidentes más inusuales en el conservador Chile desde el retorno a la democracia en 1990.

Es amada por gran parte de las mujeres de clase media y baja desencantadas con la elite política chilena, que se jacta de la estabilidad y del crecimiento de la economía de un país que tiene la peor tasa de distribución del ingreso entre los socios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Sus críticos dicen que su popularidad depende demasiado de su personalidad, y muchos votantes de izquierda desilusionados con su primer mandato por sus políticas moderadas son escépticos de sus promesas de cambio.

Bachelet promete impulsar varias reformas, incluyendo un aumento de los impuestos corporativos para financiar mejoras en la educación pública, cambios en la Constitución heredada de la dictadura y la legalización del aborto para algunos casos.

Y muchos de los que se sienten marginados en un país que ha sido catalogado como un caso de éxito en América Latina están poniendo sus esperanzas en ella.

Lejos de los resplandecientes rascacielos y los impecables parques en el este de Santiago, decenas de eufóricos seguidores en el humilde barrio de Cerrillos vitorearon a la ex presidenta durante un acto de campaña el mes pasado.

"Es una mujer luchadora (...) Es lo que más valoro", dijo Josefina Osorio, una estudiante de derecho de 32 años, que daba a los gritos la bienvenida a Bachelet. "Viene con nuevas ideas".

Impedida de postularse a un segundo mandato consecutivo por la Constitución, Bachelet se mudó a Nueva York para dirigir la oficina de las Naciones Unidas para la mujer, una agencia creada para mejorar las vidas de las mujeres y las niñas en el mundo.

En ese cargo viajó por todo el planeta para defender los derechos de las mujeres, lo que le permitió desarrollar su capacidad de negociación y autoconfianza, según analistas.

En una muestra de simpleza, Bachelet dijo durante una entrevista televisiva reciente que una de la cosas que más disfrutaba viviendo fuera de Chile era la libertad de ir a hacer las compras en bermudas. Durante el mismo programa bailó al ritmo de la cumbia con el popular presentador Don Francisco.

"Ella plantea una suerte de ideología social más que una ideología política", dijo Guillermo Holzmann, analista político de la Universidad de Valparaíso.

"No hay una explicación lógica o teórica respeto a eso", explicó en referencia a su alta popularidad.

Tortura, exilio y medicina

Algunas de sus propuestas tienen origen en su propia vida, que refleja un Chile con las heridas la dictadura militar aún abiertas.

Como joven militante de izquierda que nació en una familia de políticos, la vida de Bachelet estuvo profundamente marcada por el golpe que derribó al presidente Salvador Allende en 1973 y dio inicio a 17 años de brutal dictadura.

El padre de Bachelet, un general de la Fuerza Aérea leal a Allende, fue arrestado el día del golpe y luego fue torturado por los agentes de Pinochet. Alberto Bachelet murió en prisión en 1974.

Dos años después, dos agentes de la policía secreta irrumpieron en el departamento donde vivían Bachelet y su madre, que fueron llevadas vendadas a la Villa Grimaldi, un infame centro de tortura en las afueras de Santiago.

Bachelet ha dicho que fue golpeada y torturada durante su detención.

Una vez libre, con su madre, la arqueóloga Angela Jeria, partió primero a Australia y luego a Alemania oriental. En el exilio conoció a su ex esposo Jorge Dávalos, un arquitecto chileno padre de dos de sus hijos.

En un giro sorprendente, la candidata presidencial por el gobierno de centroderecha, Evelyn Matthei, también es hija de un general de la Fuerza Aérea, pero uno que fue miembro de la junta pinochetista.

Los dos generales eran amigos y sus hijas jugaron juntas cuando eran niñas. Bachelet dijo que llamó "tío" al ex general Fernando Matthei cuando lo vio recientemente de nuevo.

Bachelet volvió a Chile en 1979 para finalizar sus estudios de medicina, después de lo cual entró al Ministerio de Salud y comenzó su carrera política.

Sus críticos también apuntan a la lenta respuesta de su gobierno al devastador terremoto que golpeó al país hacia el final de su gobierno, en febrero del 2010.

En las primeras horas después del sismo, Bachelet y otros funcionarios se equivocaron en medir la extensión de los daños y rechazaron ofertas de ayuda internacional, dejando a muchos de los sobrevivientes sintiendo que habían sido abandonados por el gobierno.

Aún peor, el sistema de alerta de tsunamis falló en avisar a la población de la llegada de gigantescas olas que dejaron cientos de muertos.

Además, muchos en Chile se preguntan por qué Bachelet no implementó durante su mandato las políticas que ahora propone.

De todas maneras, las expectativas son altas.

"Yo, principalmente, espero la educación gratis. Es lo que más anhelo, porque tengo nietos. Ya mis hijos la pasaron, pero mis nietos no", dijo Marta Mónica Ramírez, una comerciante de 65 años que debió dejar de trabajar porque padece de un cáncer terminal.