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Breivik renuncia a recibir la herencia de su fallecida madre

Anders Breivik | AP

Anders Breivik | AP

El autor de los atentados de julio de 2011 en Noruega podría haber renunciado al dinero para evitar que la herencia beneficiara a las arcas del Estado o a las víctimas, ya que fue condenado a pagar una indemnización millonaria por los atentados

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El fundamentalista cristiano y ultraderechista Anders Behring Breivik, que cumple condena por los atentados de julio de 2011 en Noruega, ha renunciado a recibir la herencia de su madre, fallecida hace unos meses, informó hoy el diario noruego "VG".

"Esa decisión fue tomada mucho antes de la muerte de la madre. Quiso que ella pudiera legar libremente sus posesiones a otras personas y propósitos", confirmó hoy a "VG" el abogado de Breivik, Tord Jordet.

Jordet no descartó que uno de los motivos de su cliente sea evitar que el dinero procedente de la herencia beneficiara a las arcas del Estado o a las víctimas, ya que fue condenado a pagar una indemnización millonaria por los atentados.

"Es natural suponer que no quiera que se enriquezca el Tesoro público", dijo Jordet.

La mayor parte de la herencia de Wenche Behring Breivik, que incluye un piso valorado en unos 3,7 millones de coronas noruegas (485.000 euros), ha ido a parar a la hermana del ultraderechista, que reside en Los Ángeles, además de a fines benéficos.

La Dirección General de Servicios Penitenciarios negó hace unos meses a Breivik su petición de un permiso para asistir al entierro de su madre, fallecida el 22 de marzo, al estimar que el riesgo para la seguridad habría sido demasiado grande.

Un tribunal de Oslo condenó en agosto de 2012 a Breivik a 21 años de prisión prorrogables de forma indefinida, la pena máxima y que puede equivaler a una cadena perpetua, al considerarle penalmente responsable de los atentados y rechazar que sea un enfermo mental.

El fundamentalista cristiano hizo estallar una furgoneta bomba en el complejo gubernamental de Oslo el 22 de julio de 2011 y causó la muerte a ocho personas.

Justo después se trasladó en coche a la isla de Utoya, al oeste de la capital, donde perpetró una matanza en el campamento de las Juventudes Laboristas, en la que murieron otras 69 personas.