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La guerra en Siria reaviva tensiones regionales

El bombardeo israelí a Hezbolá desde Líbano hizo reaparecer el temor de que el conflicto se desborde

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Israel realizó hace menos de una semana bombardeos preventivos contra Hezbolá, que pretendía hacerse de armas químicas. Al producirse la incursión aérea, la nación hebrea violó los espacios territoriales de Líbano y Siria. El objetivo del ataque fue evitar tener la amenaza del extremismo a las puertas, por no decir dentro de su nación.

El hecho asomó un panorama sombrío que la comunidad internacional busca evitar: una escalada del conflicto en la región.

Siria es un entramado de tensiones. No se trata simplemente de los rebeldes que luchan por deponer el régimen del presidente Bashar al Assad. Es un tablero en el que más de 10 jugadores tienen piezas por mover para obtener un mayor poder.

Si bien la situación estalló como parte de la Primavera Árabe, de los ideales de cambio y una búsqueda de apertura política en el país, hoy, 26 meses después, en Siria todo sigue sin definirse y son cada vez más intensos los pulsos regionales y mundiales.

El último capítulo de una escalada en el conflicto que ya causó más de 70.000 fallecidos es la posibilidad de que Hezbolá se haga de armas químicas provenientes de Irán.

El periodista libanés Rami Khouri señaló en un artículo que publicó en el diario Daily Star de su nación que el mayor temor en la región es que Siria pase de ser un país de guerra fría a uno de guerra abierta, que puede incluir protagonistas  variopintos como Israel, Hezbolá, Siria, Turquía, Jordania, Qatar, Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos.

El conflicto en Siria sólo ha puesto de manifiesto todas las tensiones que se acumulaban en las décadas pasadas. Los intereses de Turquía – una república laica islámica–, Irán –una teocracia chiita– y Arabia Saudita –una monarquía conservadora sunita– por imponer sus perspectivas en Medio Oriente para ser ejemplo de otras naciones.

La situación hizo reavivar el pulso diplomático de la Guerra Fría en la ONU en busca de resoluciones y otros aspectos diplomáticos. Rusia, como gran aliado de Al Assad con interés en mantener su herencia de la extinta Unión Soviética  y Estados Unidos, que no quiere involucrarse en la confrontación, pero entrega ayudas no militares al Ejército Libre Sirio, a la espera de que no se impongan las brigadas extremistas cercanas a Al Qaeda y los salafistas.


Contención. A pesar del difícil escenario que parece tener un delicado equilibrio, analistas no ven tan factible la posibilidad de un conflicto regional.

El profesor en Ciencia Política de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Mario Sznajder, asegura que la situación es muy complicada, pero que la población entiende que el bombardeo de Israel a Hezbolá busca prevenir un mal mayor. “No es agresividad contra Siria ni contra el Líbano, es contener una amenaza”.

Explicó que la posibilidad de una guerra está siempre presente en el Medio Oriente. “El juego es múltiple, siempre está el peligro de que acciones militares lleven a una reacción y que se les escape la situación de las manos a los gobernantes”.

Lurdes Vidal, responsable del mundo árabe en el Instituto Europeo del Mediterráneo, no ve inminente la posibilidad de una guerra entre naciones. Sin embargo, considera evidente que la situación ya se desbordó del ámbito sirio. La gran oleada de naturales de este país que huye de los combates está causando problemas internos en naciones vecinas.

“Lo que ocurre es que la crisis siria está impactando especialmente en Líbano y de lo menos que se habla es de lo que le está causando a Irak, cuando en los últimos meses la violencia en Irak ha aumentado por cuestiones internas propias, pero también porque Siria está desestabilizando aún más la fragilidad de la política interna iraquí. Ya hay una repercusión”.


Retórica frente a la realidad

Los especialistas en el Medio Oriente Lurdes Vidal y Mario Sznajder coinciden en señalar que la unidad árabe es más retórica que una realidad.

Vidal explicó que las naciones árabes están muy fragmentadas y que cada país sigue sus intereses. “A medida que ha pasado el tiempo vemos que los problemas propios de cada país se han agravado o han salido a la luz, pues se ve que se presta poca atención al destino de los demás”, manifestó.

Consideró que cada nación trata de resolver sus propios problemas y se interna en sus realidades, mientras la guerra se sigue alargando por la poca unidad rebelde en el frente militar y su poca credibilidad política internacional. En tanto  que a Bashar al Assad no le han fallado sus valedores regionales ni Hezbolá ni Irán e internacionales como Rusia o China, eso le ha permitido resistir el ámbito político.

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