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Un ciclo político que se cierra

El kirchnerismo fue vapuleado en las urna bonaerenses por Sergio Massa y perdió los dos senadores que tenía en la Capital Federal

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Los argentinos decidieron ayer cerrar el ciclo político del kirchnerismo. La amplia derrota del oficialismo en la víspera fue tan espectacular como la victoria de Cristina Kirchner, hace dos años. El error de haber convertido aquellos votos de 2011 en herramientas para consumar caprichos personales explican, en gran medida, la actual hemorragia electoral. Ni siquiera la enfermedad presidencial, que empujó hacia arriba los índices de imagen positiva de Cristina, sirvió para mejorar la pobre elección del kirchnerismo. Al revés, la oposición ganó ayer por márgenes más amplios en distritos cruciales, como Buenos Aires, Córdoba, y Santa Fe.

Una forma de gobernar, signada por el autoritarismo y la pertinaz insistencia en los fracasos, fatigó a una clara mayoría social. No fue sólo la política de ruinas de Guillermo Moreno lo que espoleó la derrota; también influyó el estilo pendenciero y déspota del funcionario. No fue sólo la inexplicable presencia en el escenario cristinista de Luís D’Elía; fue también el hecho de que el gobierno nunca se distanciara de su discurso agresivo y antisemita. No fue sólo la arrogancia de Juan Cabandié frente a una humilde empleada de Lomas de Zamora, sino también la saga arrogante y provocadora de La Cámpora, el reservorio de los jóvenes cristinistas.

Esos nombres no fueron elegidos al azar. En todos los casos, se trata de antojos presidenciales que carecen de explicación política. Sin embargo, fueron la obstinación en continuar con los zafarranchos de la política económica y la ceguera frente al flagelo de la inseguridad las razones más objetivas de la tanta decepción social.

La reacción del gobierno en la tarde de ayer fue la de un boxeador aturdido por los golpes. La primera reflexión hacia referencia a que el Frente para la Victoria fue el partido más votado. ¿Qué importancia tiene ese pergamino cuando el partido fue aplastado por los votos de la oposición?

La segunda consideración que hacían consistía en aclarar que el oficialismo conservará la mayoría en las dos cámaras del Congreso. Es probable que el dato sea cierto desde la aséptica matemática parlamentaria. Pero ¿Muchos kirchneristas de ocasión no darían el salto, acaso, hacia el bando ganador más pronto que tarde?

El kirchnerismo fue vapuleado en las urna bonaerenses por Sergio Massa y perdió los dos senadores que tenía en la Capital Federal. Hubo muchas más fracasos. ¿Cómo ignorar, por ejemplo, la derrota en gran parte de la Patagonia otrora kirchnerista? ¿Cómo, cuando la oposición radical ganó hasta en Santa Cruz, la cuna y el sancta santórum del kirchnerismo? No obstante, aquellos resultados representan el castigo electoral al clan gobernante.

Es rara una política que engendra las alternativas opositoras desde los que fueron oficialistas. La verdad es ésa: Massa, el antiguo integrante de los jóvenes cristinistas de 2007, se convirtió en el más deslumbrante candidato presidencial como opositor al cristinismo. Su aplastante triunfo en el distrito que alberga 38% de los electores nacionales lo elevó de simple alcalde al primer lugar en la lista de los próximos presidentes de Argentina.

Tal vez por eso, Mauricio Macri se apuró en lanzar su candidatura presidencial. El jefe del gobierno porteño ratificó su liderazgo político en la Capital y su fuerza, Pro, descubrió el camino de la continuidad de Macri en el distrito con la elección de Gabriela Michetti. El macrismo se afianzó también como fuerza nacional con Miguel del Sel en Santa Fe, donde salió segundo, y con Alfredo de Angeli en Entre Ríos.

Hermes Binner ganó ampliamente en su provincia, Santa Fe que es gobernada por una coalición socialista-radical, de la que Binner es su dirigente más importante. Julio Cobos arrasó en Mendoza y el también radical Oscar Aguad se le acercó peligrosamente en Córdoba a Juan Schiaretti, el candidato del gobernador José Manuel de la Sota.

Los verdaderos problemas de salud de la presidente son explicados por los médicos con indescifrables jeroglíficos.El conflicto de la enfermedad coincide dramáticamente con la devastación política.