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Aníbal Romero: “El esfuerzo para modernizar las sociedades islámicas fracasó”

El politólogo prevé que la ofensiva contra los yihadistas será larga | Foto Archivo El Nacional

El politólogo prevé que la ofensiva contra los yihadistas será larga | Foto Archivo El Nacional

El analista expuso que en el ámbito musulmán la religión y la política van unidos y que hay un choque de civilizaciones no solo entre occidente y el mundo islámico, sino también en su seno

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En occidente resulta difícil comprender lo que ocurre en Medio Oriente, asimilar las decapitaciones, la declaración de guerra a muerte contra los valores más estimados y aceptar que la guerra religiosa es legítima, señaló Aníbal Romero, experto en asuntos estratégicos y temas militares del King's Collage de Londres. Agregó que Medio Oriente no comparte la visión occidental de modernidad.  



—¿El Estado Islámico es una verdadera amenaza mundial?
—Sí, es una amenaza, para occidente y para regímenes tradicionales en el mundo árabe, como por ejemplo el de Arabia Saudita. El Estado Islámico es parte de la reacción de todo un ámbito cultural contra la globalización impulsada desde occidente, contra la visión secular del mundo y la libertad tal y como la concebimos en nuestra civilización. Estamos presenciando el renacer de un fenómeno que creíamos desterrado por completo: la guerra religiosa.  

—¿Entonces, su batalla es de carácter confesional?
—Así es, es una guerra religiosa con claras implicaciones políticas. Debemos recordar que en el ámbito cultural islámico, religión y política no son elementos separados.

—¿Qué tipo de choque se está dando entre occidente y Medio Oriente?
—Existe un choque de civilizaciones, como lo dijo Samuel Huntington en su teoría publicada por primera vez en un artículo en la revista Foreign Affairs en 1993 y ampliada en 1996 en un libro. Sin embargo, en este caso no se da exclusivamente entre occidente y el mundo islámico, como lo dijo el autor, sino de manera particular en el seno del mundo musulmán. En el islam hay un rechazo a la modernización que occidente, de modo deliberado o no, impone sobre el resto, pero igualmente somos testigos en el mundo islámico de una lucha con aspectos religiosos y políticos.

Lo que no se ve, en especial luego de la asfixia de la Primavera Árabe, es un movimiento modernizador de real peso e importancia en el mundo islámico. Por lo contrario, se observa una regresión, un rechazo a las formas de vida que en occidente nos parecen normales (democracia, tolerancia, derechos humanos, pluralismo).

—¿Es necesaria una guerra para frenar la amenaza de los radicales como el Estado Islámico?
—El enorme esfuerzo que hizo Washington para modernizar las sociedades islámicas del Medio Oriente fracasó. Esto debe ser admitido con tristeza, jamás con alegría. El mundo islámico solo cambiará por sus propios esfuerzos, pero parece que no desea hacerlo. Me temo que la confrontación continuará, pues los sectores más radicales, como el Estado Islámico, aspiran a destruir occidente, acabar con una civilización que les resulta insoportablemente amenazante, conquistarla y someterla. Insisto, el mundo islámico lucha entre sí, entre chiítas y sunitas, entre diversos grupos y sectas.  

—¿Pero a la luz de lo ocurrido en Irak, qué garantías hay de que una nueva ofensiva militar elimine la amenaza en Medio Oriente?
—El error, que no pocos compartimos entonces, fue creer que el mundo islámico, o al menos partes muy amplias de él, recibirían con beneplácito una modernización impulsada por los valores occidentales ¿Y es que acaso puede hablarse de otro tipo de modernización? Es evidente que el mundo islámico rechaza nuestra idea de la modernidad. Y en cuanto a las garantías de una nueva ofensiva militar creo que no existe ninguna. Se trata de un proceso demasiado complejo, cuyo desenlace jamás será claro, inequívoco y definitivo. Veremos subidas y bajadas, avances y retrocesos, y nos aguardan numerosas sorpresas, vaivenes y vicisitudes. La pregunta que siempre habrá que formularse es: ¿cuál es la alternativa a lo que se ha hecho? Insisto, buena parte del mundo islámico está en guerra, contra occidente y entre sí mismo. Se trata de un ámbito cultural muy antiguo que está experimentando un severo reto: el de la modernización globalizada. Una cultura tradicional y arraigada se enfrenta al desafío de transformarse, pero todavía rechaza hacerlo y en especial bajo la presión de occidente.  

—¿Qué hacer entonces?
—Los políticos occidentales están tratando de reaccionar. Deben advertir que se trata de un conflicto a largo plazo, sin teatros definidos, con adversarios y aliados que cambian de un día para otro, sin triunfos claros ni derrotas definitivas. No hay solución, si por ello entendemos el tipo de victorias, derrotas militares y políticas decisivas que han marcado la historia, como por ejemplo las batallas de Waterloo, Stalingrado y Okinawa, entre otras. Resulta muy complejo definir cuál es el fin político de la acción militar de occidente con esta ofensiva. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, habló de degradar y aplastar al Estado Islámico, pero hablamos de un tipo de enemigo que no queda aplastado si decide proseguir su batalla, aun en precarias condiciones. El fin político podría ser impedir un ataque terrorista con armas de destrucción masiva contra Estados Unidos y sus aliados. Desde luego, esto puede ampliarse y decir: impedir todo tipo de ataque terrorista contra Estados Unidos y sus aliados, pero entonces nos estaríamos refiriendo a un objetivo demasiado ambicioso.  

—¿Qué preguntas deben hacerse los occidentales?
—¿Está occidente dispuesto a ir a fondo contra el fanatismo islámico? ¿Está dispuesto a admitir que Israel es nuestro aliado más importante en Medio Oriente? ¿Está occidente preparado a aceptar que vastos sectores del islam repudian y desprecian la democracia, la libertad individual y los derechos humanos, en especial los de la mujer?  

—¿Cuáles son las fuentes de financiamiento del Estado Islámico y como se pueden cortar?
—Las fuentes de financiamiento son muy variadas, secretas y muy difíciles de trazar. Al respecto sólo puedo especular, que Qatar hace un doble juego, como por años lo han hecho los sauditas con relación a grupos radicales del islamismo.  

—¿Cómo evalúa la reacción de la comunidad internacional?
—¿Cuál comunidad internacional? Eso no existe, es una entelequia, una quimera. La Organización de Naciones Unidas es una farsa. Basta pensar en que la Venezuela del presidente Nicolás Maduro, apoyada por gran parte de América latina, podría ocupar un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU.