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Alemania honra a los héroes de la "operación Valkiria" en su 70 aniversario

Joachim Gauck, presidente de Alemania / REUTERS

Joachim Gauck, presidente de Alemania

El 20 de julio, destacó el presidente alemán, recuerda la capacidad del hombre de ser "valiente" en defensa de sus derechos, de "no ser cómplice cuando los demás están equivocados"

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Alemania honró hoy a los héroes de la "operación Valkiria", el grupo de militares que protagonizó hace setenta años un fallido atentado contra Adolf Hilter y que demostró, subrayó el presidente del país, Joachim Gauck, que "se puede elegir entre actuar o no actuar, entre hablar y callar".

Gauk presidió hoy el principal homenaje organizado para recordar al joven coronel Claus Schenk von Stauffenberg, quien ejecutó el atentado el 20 de julio de 1944 y pagó ese mismo día con su vida el intento de asesinato del dictador.

El 20 de julio, destacó el presidente alemán, recuerda la capacidad del hombre de ser "valiente" en defensa de sus derechos, de "no ser cómplice cuando los demás están equivocados".

El homenaje tuvo lugar en el Bendlerblock de Berlín, cuartel en el que Stauffenberg planeó el atentado y en cuyo patio fue fusilado junto a otros tres militares cómplices, horas después de descubrirse la conspiración.

Hoy se levanta en ese lugar un centro conmemorativo de la resistencia alemana durante el nazismo, una lucha soterrada que lideraron en la clandestinidad socialistas, comunistas, judíos, cristianos, sindicalistas y, también, aristócratas y militares, como los que diseñaron Valkiria.

En 1944, recuerda hoy en las páginas del popular diario "Bild" el expresidente alemán Richard von Weizsäcker, los alemanes tenía miedo: miedo a morir como soldados en el frente, o bajo las bombas de los aliados, miedo a tener que huir, a ser hechos prisioneros o a acabar en un campo de concentración.

Weizsäcker, entonces oficial del ejército, conoció personalmente a Stauffenberg, un militar directo y espontáneo que en 1943 regresó a Berlín tuerto y manco, tras haber sufrido graves heridas en África.

Para entonces había abandonado su fe incondicional en el nacionalsocialismo y era ya consciente de los asesinatos en masa del régimen.

Aunque dudó entre acabar con el dictador o dejar que se hundiera solo para propiciar un renacimiento moral del país, subraya el expresidente, decidió actuar y evitar que cada día se cobrara nuevas vidas inocentes.

"Estoy orgulloso de un ejército que no hace valer un estado autoritario, sino la resistencia contra la injusticia", recalcó hoy Gauck tras realizar una ofrenda floral en el lugar en el que fueron fusilados los promotores del atentado.

El intento de asesinato de Hitler tuvo lugar en los cuarteles generales del Führer en Wolfsschanze, la actual Polonia, a donde viajó Stauffenberg con la bomba que debían acabar con la vida del dictador.

El coronel voló de regreso a Berlín sin conocer el resultado de su acción, sin saber que los explosivos solo habían estallado de forma parcial y lo suficientemente lejos de Hitler como para causarle apenas heridas leves, aunque murieron cinco de las 24 personas que estaban reunidas en la sala.

Berthold Schenk von Stauffenberg tenía entonces 10 años y se convirtió, de repente, en "hijo de un traidor".

En el marco del proyecto histórico "Memoria de la Nación", el hijo mayor del coronel rememora hoy, en varios vídeos colgados en internet por el Ministerio alemán de Defensa, el momento en el que escuchó en la radio que se había registrado "un atentado contra el Führer", y el silencio de los mayores.

Con sinceridad, recuerda su total incomprensión del acto cometido por su padre cuando la madre, embarazada, le confesó: "Fue papá; creía que debía hacerlo por Alemania".

Los cuatro hijos de Stauffenberg, que un giro del destino evitó que acabaran en el campo de concentración de Buchenwald, fueron separados de la madre e ingresaron en un orfanato, donde se les cambió de apellido.

Después de la guerra la familia logró reunirse de nuevo y Berthold ingresó en el ejército, pero no por su padre, apunta, sino a pesar de él, de un hombre que un día decidió actuar en conciencia por encima de las reglas.

Tras el primer homenaje en el centro de Berlín, el presidente alemán y la ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, honrarán de nuevo a los héroes del 20 de julio en Plötzensee, el museo instalado en lo que fue, durante el nazismo, cárcel y escenario de fusilamientos contra los enemigos del régimen.

Entre 1933 y 1945 cerca de 3.000 personas fueron ejecutadas en ese lugar, situado en las afueras de la capital. EFE