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Felipe I inició su reinado con llamado a la unidad de los belgas

Felipe I inició su reinado con un llamado a la unidad de los belgas/ Reuters

Felipe I inició su reinado con un llamado a la unidad de los belgas/ Reuters

El nuevo monarca debe continuar la labor de su padre Alberto II que logró superar las tendencias a la separación de valones y flamencos

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En una ceremonia austera, a la que no asistieron representantes de otras monarquías del mundo, Felipe I, el nuevo rey de los belgas, inició su reinado con una apelación a la cohesión del Estado federal, al tiempo que rindió homenaje a su padre, Alberto II.

“Prometo respetar la Constitución y las leyes de los belgas para mantener la independencia del país y salvaguardar el territorio”, juró el ahora séptimo monarca de Bélgica en francés, neerlandés y alemán, los tres idiomas oficiales del país, en el Parlamento de Bruselas ante la Carta Magna .

“Durante 20 años has mantenido esta confianza mostrándote por un lado próximo a todos, cálido y profundamente humano, y por otro, atento y comprometido en tus tareas como jefe de Estado”, rindió homenaje a su padre Alberto II, quien momentos antes formalizaba su abdicación.

“Felipe, tienes todas las cualidades de corazón e inteligencia para servir bien a nuestro país en estas nuevas responsabilidades", le había dicho su padre al firmar el acta de dimisión. Su salud y los escándalos que han rodeado a la corona en los últimos tiempos, han provocado la renuncia. Pero el rey continúa siendo el forjador de la cohesión de un país dividido entre valones y flamencos.

El gesto solemne de Felipe se rompió con una mirada cuando se dirigió su esposa, la reina Matilde. "Querida Matilde, desde hace años estás comprometida de todo corazón con numerosas actividades. Tienes un sentido innato para el contacto humano", dijo a su esposa.

Festejo. En el acto histórico los ciudadanos, que también celebraron el domingo su fiesta nacional, vieron el relevo generacional en la Jefatura del Estado en una ceremonia que tuvo lugar en el Palacio Real.

El juramento se celebró en el Parlamento federal, con las dos cámaras reunidas, y con la presencia del Gobierno en pleno, que dirige el primer ministro, Elio Di Rupo, al igual que los altos representantes de los poderes Legislativo y Judicial a nivel federal, regional y local. No asistieron representantes del partido independentista flamenco Vlams Belang, y aunque sí estaban presentes los de otra formación nacionalista, el N-VA, su delegación no aplaudió al nuevo rey, y su líder, el alcalde de Amberes, Bart De Wever, no acudió.


El traspaso de poderes se produjo en una ceremonia sobria, en la que solo el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y la vicepresidente de la Eurocámara, Isabelle Durant, fueron como representantes extranjeros.

Felipe recordó: "Pronto se cumplirán 200 años de que se estableciera la confianza entre el rey y el pueblo belga, y hoy esa confianza se renueva". Bélgica se independizó de los Países Bajos tras la Revolución de 1830. Felipe insistió en que la riqueza del país reside en que hacen de su diversidad, una fuerza. "La fuerza de Bélgica reside justamente en dar un sentido a esa diversidad”, dijo.

Alberto II,  de 79 años de edad, resultó una figura fundamental en 2011 para que Bélgica tuviera un gobierno después durante año y medio se diera un bloqueo de los partidos de las dos regiones. Mantener la cohesión del país es el desafío principal del nuevo monarca. En Flandes, menos de la mitad de los ciudadanos consideran que Felipe será un buen jefe de Estado. En Valonia, la cifra aumenta hasta las dos terceras partes de la población. Las elecciones de 2014, en las que Bélgica podría verse en medio de una situación similar a la vivida en los últimos comicios, parecen ser el primero de sus grandes retos.