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Una ausencia a contracorriente

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Una oportunidad perdida. La decisión de Nicolás Maduro de no acudir al debate de la Asamblea General de la ONU con el argumento de que estaba en peligro su integridad física contradice la historia. Por esa tribuna global han pasado muchos de los mandatarios del mundo que han hecho de su enfrentamiento con Estados Unidos la marca de fábrica de su política exterior.

En ese estrado estuvo Fidel Castro cuando la revolución cubana apenas comenzaba su andadura en 1960 y el Che Guevara, también en representación de La Habana, en 1964, apenas dos años después de la crisis de los misiles, que tuvo al mundo al borde de una guerra nuclear.

Daniel Ortega acudió en seis oportunidades en el difícil periodo 1979 – 1990, cuando la revolución sandinista estuvo en guerra con los grupos de oposición armados desde Washington.

De igual modo, a pesar de que su política exterior estuvo marcada por las sanciones internacionales impulsadas por Estados Unidos en contra del programa nuclear de Irán, Mahmud Ahmadineyad asistió a la Asamblea General durante los ocho años de su presidencia.

El líder apodado como “perro loco” por el presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, quien bombardeó Libia en 1986, también estuvo en la Asamblea General de la ONU aunque muchos años después. En 2009, Muamar Gadafi supo aprovechar ese escenario para hacer una de sus extravagantes puestas en escena a las que tenía acostumbrado al mundo.

Otros líderes de discurso antiimperialista y anticolonialista como el presidente Indonesia, Ahmed Sukarno; el mandatario de Egipto, Gamal Abdel Nasser; o el líder de Yugoslavia, Josip Broz Tito, impulsor del movimiento de países no alineados, acudieron a la Asamblea General para llevar su mensaje.

Todos viajaron a Nueva York y salieron ilesos, como hizo el mentor político de Maduro, Hugo Chávez, quien en sus 14 años en el poder acudió a la Asamblea General en 7 ocasiones.

Chávez faltó a la cita con la ONU en los años 2003 y 2004, cuando la situación interna del país recomendaba permanecer en Venezuela. Tampoco fue en 2012 debido a la cercanía de las elecciones presidenciales del 7 de octubre ni un año antes por causa del tratamiento por el cáncer. En esa ocasión envío a través de Maduro, quien era su canciller, un discurso escrito a la Asamblea General. Sabía que era un foro útil para darle visibilidad global a sus ideas y a su proyecto político de alcance internacional.

Hoy como presidente, Maduro dejó perder esa oportunidad sin una explicación creíble. Como diría su mentor Chávez: ¡Aquí huele a azufre!