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Acusado de intentar asesinar a Obama se declaró culpable

Barack Obama

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Óscar Ortega Hernández, quien disparó contra el edificio de la Casa Blanca hace casi dos años, se enfrenta a una pena máxima de 27 años y medio de prisión, en virtud de lo acordado por la fiscalía y la defensa, aunque de no haberse declarado culpable podría haberse enfrentado a cadena perpetua

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Óscar Ortega Hernández, acusado de intentar asesinar al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por disparar contra el edificio de la Casa Blanca hace casi dos años, se declaró hoy culpable en una corte federal en Washington de los cargos de terrorismo que se presentaron en su contra.

Ortega Hernández disparó un arma semiautomática a través de la ventanilla del copiloto de su Honda Accord en la Avenida de la Constitución, frente a la Casa Blanca, el 11 de noviembre de 2011.

El joven, de 22 años y residente en Idaho, se enfrenta a una pena máxima de 27 años y medio de prisión, en virtud de lo acordado por la fiscalía y la defensa, aunque de no haberse declarado culpable podría haberse enfrentado a cadena perpetua.

El Departamento de Justicia ha asegurado que Ortega Hernández admitió que los disparos "fueron un acto terrorista", pero como parte del acuerdo de culpabilidad la fiscalía desechó otros 17 cargos que pesaban contra él.

"Disparar un rifle de asalto contra la Casa Blanca para hacer una declaración política es terrorismo, así de simple", dijo el fiscal Ron Machen.

"Como hemos visto esta semana, hombres armados proclives a la violencia que vienen a la capital del país pueden infligir un daño terrible", dijo en referencia al tiroteo que este lunes acabó con la vida de 12 personas, más la del autor de los hechos, en unas instalaciones de la Marina en Washington, DC.

Ortega Hernández fue detenido cinco días después de realizar los disparos en un hotel cercano a Indiana (Pensilvania), después de una frenética búsqueda de las autoridades federales.

Los disparos no hirieron a nadie, pero una de las balas impactó en una ventana ubicada en el centro del área residencial de la Casa Blanca y frente al Despacho Oval, aunque no traspasó el cristal blindado.

Pese al cargo de intento de asesinato, el Servicio Secreto no llegó a temer por la seguridad del presidente y la primera dama, quienes se encontraban en esos momentos en San Diego (California), en el comienzo de un viaje oficial a Asia.

El entorno social del acusado aseguró que estaba obsesionado con Obama y que se refería a él como "el Anticristo".