• Caracas (Venezuela)

Moisés Naím

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La naturaleza humana vs la Madre Naturaleza

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La madre naturaleza nos ha estado mandando señales. 2015 va en camino a ser el año más caluroso de la historia.  Hace unas semanas el huracán Patricia,  el más fuerte jamás registrado por los meteorólogos,  generó vientos sostenidos de 320 kilómetros por hora, un récord.

La temperatura media del ártico  ha venido subiendo a una tasa que duplica la velocidad con la que aumenta en el resto del planeta. Esto provoca un acelerado deshielo: cada diez años la superficie helada del ártico se achica en un 9%. A su vez, el masivo deshielo de los polos aumentará el nivel del mar, lo que puede llevar a que muchas ciudades costeras se vuelvan invivibles.

Según la ONU, el numero tormentas, inundaciones y olas de calor actualmente es cinco veces mayor de lo que fue en 1970. Aunque parte de este aumento seguramente se debe a que ahora tenemos más y mejor información que en 1970,  todos los estudios evidencian la mayor frecuencia con la que ocurren  fenómenos climáticos extremos: temperaturas extraordinariamente altas o bajas,  lluvias torrenciales, inundaciones, sequías, incendios forestales etc. 

Actualmente el número de personas desplazadas de sus hogares debido a desastres climáticos es mayor que nunca antes y supera a los desplazados por conflictos armados.

Un reciente  estudio concluye que hacia finales de este siglo algunos centros poblados del golfo pérsico "experimentaran niveles de calor y humedad intolerables para los humanos" .  El sureste asiático también está expuesto a este tipo de amenaza. En estos estudios "intolerable " no quiere decir " muy incomodo"; quiere decir que estar a la intemperie en estos lugares por tan solo algunas horas implicará correr un riesgo mortal.

Después de décadas de debates los científicos han concluido que estos cambios climáticos se deben al aumento de las emisiones de gases que produce la actividad humana. Aun quedan escépticos que dudan de esto, pero son cada vez menos. Y en algunos casos, el escepticismo es nutrido por tendenciosos  "estudios científicos " financiados por empresas e intereses que se perjudicarían si el mundo se decide a cambiar la manera como produce y consume energía. Y, como sabemos,  hasta ahora el mundo no ha sido capaz de actuar de manera eficaz para cambiar  la desastrosa  trayectoria en la que está con respecto al calentamiento global.

 

Pero esta inacción ante una crisis cada vez más obvia, no se debe de manera fundamental a las manipulaciones de empresas y países que buscan proteger sus intereses a expensas del bien de todos. 

Se debe a la naturaleza humana.

Nos cuesta mucho cambiar hábitos y costumbres.  Todas las investigaciones encuentran que la gran mayoría de quienes inician una dieta para bajar de peso la abandonan antes de lograr su objetivo. Quienes han intentando dejar de fumar saben lo difícil que es en vista de lo adictiva que es la nicotina.  También sabemos que no hay nada más eficaz para cambiar  hábitos, dietas y estilos de vida poco sanos que un infarto que no nos mata.  En muchos, ese susto produce cambios positivos que lucían imposibles.  ¿Será  que necesitamos un gran susto colectivo para cambiar la manera como nos relacionamos con nuestro planeta?

¿Es que las señales que nos está mandado la naturaleza no son suficientes para inducir los necesarios cambios de conducta? Hasta ahora no.  Pero, todo apunta a que nos viene un infarto climático que obligará  a la humanidad a hacer una dieta para la cual  no está preparada.

La adicción que hoy día tiene el mundo al consumo de carbono es tan difícil de romper como la adicción al tabaco, al azúcar o al alcohol que tienen algunas personas.  La manera como alumbramos, calentamos o enfriamos nuestras casas y oficinas, como nos transportamos o los productos que consumimos--de plásticos a hamburguesas-  implican un alto consumo del carbono que una vez emitido a la atmósfera como CO2 contribuye a calentar al planeta y a enloquecer el clima.   Y esto tendrá que cambiar. 

Si mantener una dieta resulta difícil para una persona, lo es aún más cuando muchos países la deben hacer colectivamente. Algunos harán trampa. Otros pedirán que la dieta de los más gordos sea más severa que la de los más delgados. Y aun otros exigirán que los países que llevan desde la revolución industrial contaminando al planeta y su atmósfera sean quienes hagan la dieta y no aquellos que aun están industrializándose. 

La primera conferencia mundial sobre el medio ambiente ocurrió en Brasil en 1992. La próxima ocurrirá en Paris en unas semanas. Entre ellas ha habido muchas otras reuniones y muy poco progreso. La de Paris promete ser la que mas avances logre y es probable que así sea.

Sin embargo,  aun si tiene éxito, las metas que se plantean en cuanto a reducción de emisiones están por debajo de las necesarias para evitar que la temperatura aumente a niveles peligrosos.  Así, la inercia de la naturaleza humana seguirá retando a la madre naturaleza.  Sin importar que sepamos que, al final, la madre naturaleza siempre gana.

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