• Caracas (Venezuela)

Mohamed A. El-Erian

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El mundo color de rosa de los mercados

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Este ha sido un año inusual para la economía mundial, que ha estado caracterizado por una serie de cambios no anticipados en el mercado, económicos y geopolíticos –y es probable que continúen así las cosas en el último trimestre del año. El desenlace de estos sucesos tendrá un impacto importante en la efectividad de las políticas públicas–, entre otros aspectos. Así pues, ¿por qué el comportamiento de los mercados financieros es como si funcionaran en un mundo aparte?

Los mercados de capital, aparentemente indiferentes por el crecimiento poco satisfactorio en economías avanzadas y economías emergentes o por las tensiones geopolíticas crecientes en Europa oriental y Medio Oriente, han roto un récord tras otro este año. Esta impresionante evolución ha ignorado una serie de relaciones históricas, incluida la correlación de larga data entre el desempeño de los valores y los bonos gubernamentales. De hecho, la correlación entre diferentes tipos de activos financieros ha sido atípica y algunas veces, inestable.

Mientras tanto, en cuanto al diseño de políticas, la cohesión de la política monetaria de países avanzados está dando lugar a un sistema de múltiples vías, en el que el Banco Central Europeo acelera el ritmo en el tema de los estímulos, y la Reserva Federal estadounidense lo apacigua. Estos factores hacen que la economía global llegue con gran incertidumbre en diferentes áreas al último trimestre del año.

El panorama en los próximos meses se vislumbra amenazador, pues hay conflictos geopolíticos crecientes que se acercan a un punto crítico; más allá de esto existe el espectro de una serie de perturbaciones sistémicas graves en la economía global. Se ve sobre todo en Ucrania, donde pese al cese el fuego actual, Rusia y Occidente todavía no han encontrado una manera de calmar las tensiones definitivamente. Sin avances, es probable que la nueva ronda ineludible de sanciones y retorsiones provoque una recesión en Rusia y Europa, lo que dañará la actividad de la economía mundial.

Aun sin dichas complicaciones, no será fácil dar dinamismo a la recuperación económica cada vez más lenta de Europa. A fin de posibilitar los avances, el presidente del BCE, Mario Draghi, ha propuesto una gran negociación política a los gobiernos europeos: si ponen en aplicación reformas estructurales y aumentan la flexibilidad fiscal, el banco central ampliará su balance para impulsar el crecimiento y combatir la deflación. Si los Estados miembros no cumplen con su parte del acuerdo, al BCE no le será fácil llevar la carga política efectivamente, lo que lo expondrá a las críticas y presiones políticas.

Del otro lado del Atlántico, la Reserva Federal está preparada para dejar en las siguientes semanas la fase de la facilitación cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés) –su política de adquisición a gran escala de activos– por lo que el impulso de la economía dependerá totalmente de las tasas de interés y de una orientación profunda de políticas. Suspender la QE, no solo es impopular entre los responsables del diseño de políticas y políticos, también ha generado inquietud debido al riesgo de una mayor inestabilidad financiera y desigualdad creciente –las dos cosas podrían socavar la ya de por sí frágil recuperación económica de Estados Unidos.

Y la situación se complica más debido a las elecciones del Congreso estadounidense en noviembre. Vista la posibilidad de que los republicanos sigan controlando al menos una de las cámaras, es probable que se sigan manteniendo poco flexibles las políticas del presidente demócrata, Barack Obama –a menos, claro está, que la Casa Blanca y el Congreso encuentren finalmente una manera de trabajar de forma conjunta.

Mientras tanto, en Japón se pondrá a prueba la paciencia del sector privado hacia la estrategia de las tres flechas del primer ministro, Shinzo Abe, para revitalizar la largamente estancada economía –la llamada “abenomía”– en particular en lo referente a la implementación tan esperada de reformas estructurales para complementar el estímulo fiscal y la flexibilidad monetaria. Si la tercera “flecha” de la abenomía no puede concretarse, la aversión al riesgo de los inversionistas puede surgir de nuevo, lo que dañaría los esfuerzos para estimular el crecimiento y evitar la inflación.

Economías emergentes sistemáticamente importantes también están en riesgo de experimentar una incertidumbre considerable. Las elecciones presidenciales de Brasil en octubre serán decisivas para determinar si el país avanza hacia un nuevo modelo de crecimiento más sostenible o se estanca más en una estrategia económica en gran parte agotada que refuerza sus tendencias hacia la estanflación.

En India está por verse si el recién elegido primer ministro, Narendra Modi, actuará de forma decisiva para satisfacer las grandes expectativas de los votantes por una reforma económica antes de que acabe su buen momento posterior a su victoria en las elecciones. Asimismo, China tendrá que mitigar los riesgos financieros si quiere evitar una caída estrepitosa.

La fuente final de incertidumbre proviene del sector corporativo. En lo que va del año, las compañías sólidas han estado perdiendo poco a poco control económico –cambio notable respecto del desempeño opuesto al riesgo que había prevalecido desde que se produjera la crisis financiera mundial.

En efecto, un creciente número de compañías ha empezado a utilizar reservas masivas de efectivo de sus hojas de balance, primero para aumentar sus dividendos y readquirir acciones, y después para realizar fusiones y adquisiciones a un ritmo que no se veía desde 2007. La cuestión es si las compañías destinarán más efectivo a nuevas inversiones a instalaciones, equipo y personal, fuente principal de apoyo a la economía mundial.

Esta es una lista amplia de cuestiones. Sin embargo, los actores de los mercados financieros los han evitado en gran medida, al igual que han dejado de lado los riesgos actuales más importantes e ignorado la volatilidad potencial que conllevan. En cambio, los inversionistas financieros han confiado en el apoyo constante de bancos centrales, convencidos de que las autoridades monetarias en última instancia lograrán transformar el crecimiento inducido por políticas en verdadero crecimiento. Además, por supuesto, se han beneficiado considerablemente de la movilización de dinero corporativo.

En los siguientes meses, el optimismo boyante que impregna los mercados financieros puede resultar justificado. Por desgracia, es más probable que las perspectivas de los inversionistas resulten demasiado optimistas.

Copyright: Project Syndicate, 2014.
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