• Caracas (Venezuela)

Mitzy Capriles de Ledezma

Al instante

Por una victoria contundente

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El juicio contra Leopoldo López ha sido una comedia de mal gusto. Nada diferente de lo que le han hecho a decenas de estudiantes, o a las vejaciones a las que someten a figuras respetables como Teodoro Petkoff, Alberto Federico Ravell o Miguel Henrique Otero, o los juicios contra los alcaldes llevados al paredón del TSJ. En estas parodias se burlan del legítimo derecho a la defensa. Eso del debido proceso está solo en el cartón de las leyes que trituran en los estrados que ocupan jueces amañados.

Cuando relatamos estas cosas que ocurren en mi país, como lo hice esta semana en Praga, no falta quien aún se asombre, y por eso debemos esmerarnos en fundamentar que por motivaciones que atienden únicamente a la persecución política, haya ciudadanos condenados en Venezuela. Aquellos que defendemos la libertad, la democracia y los derechos humanos no abandonaremos esta causa y continuaremos exigiendo la liberación de Leopoldo López, de Daniel Ceballos, de Iván Simonovis, y desde luego, de mi esposo, Antonio Ledezma.

La observación para las próximas elecciones es nuestro derecho, no una dádiva de un régimen que quiere hacer elecciones según “su saber y leal entender”, que además devela sus malas intenciones. Realizar elecciones en medio de enigmas, de trapisondas inaceptables no solo es una afrenta a los venezolanos, sino también  para toda la comunidad internacional, obligada a hacerse solidaria con un pueblo que hoy requiere de la vigilancia eficiente de sus votos, sufragios que se emitirán en medio de la más feroz instigación que gobierno latinoamericano ponga en marcha en contra de sus ciudadanos.

La observación debe hacerse a tiempo, y debe interpretarse como que los delegados que actuarán como veedores calificados deben estar en territorio nacional, a más tardar, para comienzos del mes de octubre. Así podrán realizar su agenda, explorar el terreno, adaptarse al esquema que cumplirán institucional e independientemente de presiones de lado y lado. En segundo lugar, esa delegación de observadores debe tener garantizada su capacidad de desplazamiento dentro del territorio nacional. Nada podrá limitarlos a la hora de querer presentarse en cualquier centro de votación a verificar si todo marcha normalmente. Otra cosa sería depender del chofer del autobús que recibiría órdenes de los jerarcas del régimen, de los que controlan en nombre de la revolución instancias del aparato electoral, para que esos observadores  se limiten solo a dar unas vueltas por uno que otro punto de la ciudad de Caracas o de cualquier otro centro poblado y mirar –como los mirones de palo– la aparente normalidad que pretenderán “vender” los agentes oficialistas. No, definitivamente no. Se debe garantizar la posibilidad de que los observadores se presenten en esos centros donde se pretende aplicar la figura del voto asistido, donde operen los grupos violentos camuflados de milicias. También los observadores deben disfrutar de libertad de expresión. Que nada impida que se expresen con absoluta libertad para dar a conocer lo bueno y lo malo que detecten. De nuestra parte estamos preparados para defender esa victoria con toda el alma. Será una victoria contundente con el voto limpio del pueblo.