• Caracas (Venezuela)

Mitzy Capriles de Ledezma

Al instante

Son muchos los sufrimientos

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La cuerda no da para más. Demasiado grande son los traumas para pretender mantener a flote a un régimen que se hunde en sus propios remolinos. Es innoble seguir tensándola, cuando bien se sabe que hemos rebasado lo soportable. Son muchos los sufrimientos de un pueblo sometido a los caprichos de gobernantes que desaprovecharon la mejor de las oportunidades. Entre suspiros y lamentos, lo dice la propia ciudadanía que hace unos años se postró, crédula, ante los postulados de quienes se ofrecieron como redentores de los venezolanos y forjadores del “hombre nuevo”.

Ni una cosa ni la otra hicieron. Por el contrario, arrasaron con lo que se había edificado, obligando a quienes nos observan desde lejos y desde cerca, a responder la curiosa interrogante que explique ¿cómo se arruina a un país inmensamente rico?.Es de destacar la dura crítica  hecha por dos prestigiosos economistas de la Universidad de Harvard, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff quienes  cuestionaron fuertemente  el desempeño económico bajo la llamada “revolución” llevando a Venezuela a una severa crisis. Queda como ofrenda este ejemplo para que otros pueblos no incurran en el error de dejarse llevar por el falso mesías que deslumbra a los incautos con mensajes plagados de populismo y demagogia.

Sabemos que nosotros no personificamos el noviciado, pero desgraciadamente otras sociedades se encandilaron con propuestas desquiciadas que han dejado una estela de pobreza y padecimientos, que además emplazan a quienes han sobrellevado esos tormentos, a  mayores sacrificios para salir de ese abismo y remontar la cuesta con la vista puesta en la justicia y el progreso.

También se confirma que el uso de la fuerza bruta y los abusos son ventajismos que se transforman  en castigo para todos aquellos que se aprovechan de la buena fe de la ciudadanía, que da, pero también quita la confianza, cuando esta es defraudada, tal como ha ocurrido en esta etapa desesperanzadora que estamos viviendo en Venezuela.  Ni el dinero ni la soberbia doblegarán a un pueblo que se sobrepone al miedo y a la mentira, porque esos eslabones se rompen y las cadenas opresoras liberarán a los que han aguantado con dignidad semejantes atropellos.

Estamos observando la hora postrera de un régimen que traicionó a los que los siguieron, sin percatarse, –por la ceguera de los odios y el peso de los caudales mal habidos–  que el poder es efímero y que en las entrañas de las democracias, aun convalecientes como la nuestra, hay reservas morales que les permiten a los ciudadanos despedir a los que antes buscó, para que asumieran responsabilidades en bien de todos.