• Caracas (Venezuela)

Mitzy Capriles de Ledezma

Al instante

El reclamo de cambio

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La mezcla de drogas, corrupción, impunidad, incapacidad e indolencia está rematando lo que nos queda de país. Lo revelado el pasado jueves por el diputado Ismael García durante su intervención en la Asamblea Nacional en el debate sobre el fenómeno del narcotráfico es, sencillamente, para activar todas las alarmas. El parlamentario aportó datos de las Naciones Unidas que nos comprometen con la humanidad, ya que “por Venezuela transitan más de 300 toneladas de cocaína al año. Eso significa 40% de la droga que se consume en el mundo. Entre 2007, 2008 y 2009, 61% de la droga distribuida, que penetró a los distintos continentes, procedía de Brasil y Venezuela”.

La fragata de la marina de guerra holandesa HNLMS De Zeven Provinciën, en colaboración con el servicio de guardacostas del Caribe, interceptó alrededor de 600 kilos de cocaína al norte de las costas venezolanas, el pasado 5 de marzo, según información que corrió el Ministerio de la Defensa de Holanda. Somos famosos por narcos. ¡Qué vergüenza!

De otro lado está la cara del hampa cegando vidas, tal como le ocurrió al mayor Luvin Darío Luque, de 51 años, el jueves en la parroquia San Agustín. Un venezolano trabajador que cumplía labores en el Cuerpo de Bomberos del Distrito Capital, y estaba libre de servicio. Le quitaron su vida para arrebatarle un celular. Esa misma mala suerte la corrió el inspector de la policía científica Reinaldo Andrés Véliz Curbani de 38 años. Ocurrió  también en un sector de San Agustín. La lista de militares y policías asesinados, secuestrados y atracados se ensancha; eso revela que nadie está libre de esas garras que arrasan con la paz de los venezolanos.

Por otra parte, la denominada masacre de Tumeremo es una historia que ya se había pronosticado, porque de esas andanzas se vienen mostrando evidencias desde hace más de tres años, y el gobierno volteaba para los lados, sin atender seriamente esta amenaza. Para nadie es un secreto que el sur del estado Bolívar está tomado por poderosas bandas que hacen lo que sea para apoderarse de las minas, especialmente las de oro. No vamos a volver a hablar de lo que ocurre en las cárceles, porque eso ya es historia más que conocida. En definitiva, la causa de toda esta descomposición es la impunidad. La madriguera de todas esas bandas está en tribunales, en oficinas públicas y en funcionarios poderosos que usan sus influencias para apañar esta desgracia que despierta en el ánimo de nuestro pueblo ese reclamo de cambio. Por eso la renuncia de Nicolás Maduro es el principio del fin.