• Caracas (Venezuela)

Mitzy Capriles de Ledezma

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La paz es fundamental

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Lo que más desean los venezolanos en esta difícil coyuntura es recuperar la paz. Ese objetivo es fundamental, prioritario y básico para reconstruir el país. De ahí, mi firme convicción personal de que, sin paz, rehacer el tejido social, superar el escollo de las distorsiones económicas y reunificar a los venezolanos será una tarea muy difícil de cumplir, si no serenamos a Venezuela y a sus ciudadanos. Eso implica “desarmar los espíritus” para que atrás queden los odios, rencores e insultos, y comencemos a curar las heridas que se han producido en medio de tanta impunidad.

La justicia institucional, aplicada con base en reglas que deben respetarse, se encargará de resarcir los daños a las personas que han padecido los rigores de la violación de los elementales derechos humanos. No se trata de “vengarnos”, porque, si ese es el sentimiento que se apodera de nuestras almas, jamás respiraremos bajo un clima de convivencia. Si aquí cada uno de los familiares de los más de 250.000 seres humanos asesinados por la desbordada inseguridad que ha imperado en nuestro país sale enfurecido a cobrarle al que considere culpable de su desgracia, pues “que Dios nos agarre confesados”, porque lo que conseguiremos con esa furia será terminar de hundir nuestra maltrecha nación.

Imagínense lo que ocurriría si los colombianos que hoy apuestan por la tan ansiada paz en su país desde hace más de 55 años salen, lista en mano, a facturar la cuenta pendiente con las víctimas de los grupos guerrilleros, los paracos o los narcos. Y, de otro lado, los que ven en los integrantes de las Fuerzas Armadas de Colombia a los responsables de la pérdida de sus seres queridos, y que también estarían esperando “en la bajadita” a sus victimarios. De seguro que la procura de la paz sería una utopía, porque terminarían matándose entre sí millones de personas.

Esta afirmación no debe interpretarse como una sugerencia de “borrón y cuenta nueva”, porque también sería pernicioso dejar en el ambiente una sensación de inequidad consagrada y avalada por la sociedad y las instituciones del país. Ni retaliaciones ni venganzas, pero tampoco impunidad.

Lo que se ha hecho con el poder en Venezuela estos últimos 17 años es una lección viviente de que con abusos, arrogancia y hegemonías, no se llega a buen destino. Se puede contar con inusitados recursos económicos, se podrá disponer, como vergonzosamente ha acontecido, de, aparentemente, inagotables fondos para manipular y engañar a un pueblo, pero la verdad  siempre terminará imponiéndose.