• Caracas (Venezuela)

Mitzy Capriles de Ledezma

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¡No me defienda comadre!

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El discurso repetitivo, mentiroso y cansón de los voceros del régimen no puede con la fuerza moral de los venezolanos que insistimos en producir un cambio lo antes posible. La resistencia y paciencia de la ciudadanía es paradigma en todo el mundo. Por una parte, en cada uno de los foros del planeta donde se habla del caso de Venezuela, tratan de responder a las interrogantes de cómo se puede destruir la economía de un país tan privilegiado como el nuestro, cómo es posible que una nación dotada de inmensas riquezas naturales y con envidiado talento humano alcance tales niveles de pobreza, que nos colocan en el epicentro de una inocultable crisis humanitaria.

Pero simultáneamente alternan buscando explicarse la grandeza y fortaleza de un pueblo que ha resistido, que ha impedido con sus luchas la imposición de un modelo dictatorial que, con extravagante represión, procuran instalar para toda la vida. Pues bien, se han encontrado con una sociedad que enfrenta fusiles, carcelazos, amenazas de todo tipo y se reinventa diariamente. Una colectividad que, por ejemplo, convirtió la validación de firmas en una épica, porque superando los obstáculos más descarados demostró que más vale la voluntad y la fe en los ideales que abrigamos que la intimidación de un régimen liquidado por el peso de sus actos vandálicos.

Puede desgañitarse Maduro acusándonos de “golpistas. Eso no se lo cree ni él mismo. ¿Qué conspiración puede encerrar o esconder la determinación de promover un referéndum revocatorio? ¿Dónde se ha visto que se llame “golpe militarista” apelar a la Constitución nacional, solicitar las firmas de los electores y plantear el final de esta tragedia en términos pacíficos y democráticos?

Por otra parte, la comunidad internacional está hoy más clara que nunca respecto a lo que acontece en nuestro país. Ya se derrumbaron los teatros y las excusas que los bufones arrendados por esta falsa revolución instalaban y mostraban en las antesalas de organismos universales. La verdad se impone, y no es otra que este régimen madurista violenta los más elementales derechos de los venezolanos; que pisotea el sagrado principio de separación de poderes y que es un régimen corrompido, y por eso se han agravado los problemas sociales y económicos. Por cierto, muy claro y contundente el informe del secretario general de la OEA, Luis Almagro. Todo lo que dijo fue reafirmado por la infeliz intervención de la canciller. Fue una autogoleada. Es de suponer que  después de su intervención, Maduro  exclamara: ¡No me defienda comadre!