• Caracas (Venezuela)

Mitzy Capriles de Ledezma

Al instante

Puentes de reconciliación

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Los demócratas venezolanos estamos expresando nuestro profundo agradecimiento de la visita realizada por el ex presidente de España, Felipe González, en su decisión de ayudar y prestar asesoría a los abogados defensores  de los presos políticos. Su presencia en el territorio nacional, representó un claro indicio del renovado interés de la comunidad internacional por la   profunda crisis que actualmente atraviesa nuestro país. No se trata de la simple defensa de unas personas, merecedoras desde luego del afecto que han encontrado en todos los rincones del mundo adonde hemos acudido a despertar ese eco solidario que retumba por todas partes.

Lo que  se está defendiendo en todos los continentes es el valor de la libertad amenazada en nuestro país. Lo que ha desatado esta preocupación agigantada, cada día más intensa y más firme, es la violación inocultable de elementales derechos humanos que no pueden resultar indiferentes a una civilización que está al tanto de cómo se persigue y se castiga a quienes disienten. Esa es la suerte de Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, reelegido con más de 760.000 sufragios, y está preso porque simplemente le da la gana a un régimen intolerante.

Es también la mala hora de Leopoldo López y de Daniel Ceballos, con quienes Antonio compartió la misma cárcel militar de Ramo Verde, a la que fueron a parar porque, como ya lo he sostenido, para este tipo de regímenes opinar es un delito. Las decenas de jóvenes que aun sostienen su voluntad de declararse en huelga de hambre, lo que solicitan es que se defina la fecha de las elecciones parlamentarias, que las mismas cuenten con la presencia de observadores internacionales, tanto de la OEA, de Unasur así como de la Unión Europea. También reclaman que se detenga la seguidilla de acosos contra los estudiantes, contra los medios de comunicación, contra los emprendedores y ciudadanos en general, a quienes se les amenaza porque ejercen el derecho natural a quejarse cuando hacen largas colas para conseguir alimentos, o simplemente cuando reconfirman que nuestro país va “cuesta abajo en su rodada”,  tal como reza la letra del conocido tango argentino.

Venezuela está urgida de la paz por la que ora el papa Francisco, a quien desde el alto gobierno nacional dejaron con la palabra en su boca. Tenemos la plena seguridad que sería una invocación al diálogo franco y efectivo que puede verificarse liberando de una vez por todas a los presos políticos venezolanos.

Hoy más que nunca estoy convencida de la necesidad de construir puentes de reconciliación nacional, no arreglos tras bastidores, sino la sumatoria de la inteligencia, la capacidad de trabajo creadora y el claro amor por la patria que defendemos.