• Caracas (Venezuela)

Mitzy Capriles de Ledezma

Al instante

Irritación colectiva

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La irritación colectiva crece de manera tal que todo hace suponer que será cada día más arrasadora con lo poco que le queda de aprobación a este gobierno. Ya se podría decir que hay una aleación dada por la dura y cruda realidad entre oposición y oficialismo, que es lo mismo decir escuálidos y chavistas, quienes reniegan ácidamente de lo que queda de Nicolás Maduro, quien ya no puede con la carga.

Es descomunal el problema acumulado en unas pocas manos sin habilidades y mentes de poco seso para sortear este pandemonio de toda índole. Ya bastante hemos referido en este mismo espacio todo lo que tiene que ver con la comida y medicinas, pero a esta grave situación se le echa más leña encendida cuando la ciudadanía se entera de que somos el país que más armas de guerra compró el pasado año.

La bicoca de 162 millones de dólares es demasiado dinero para un pueblo que vive a diario la indignación de caminar y saltar de un lado a otro zanqueando a ver cómo logra conseguir una lata de sardinas cuyo precio otra vez volvió a subir. No se trata de especulaciones; estos datos fueron revelados por el Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo, que nos ubica como el país líder en ese renglón en América Latina.

Más se “calienta” la gente cuando lee estas noticias y se pregunta refunfuñando, ¿tantas armas y el hampa nos mata como le da la gana? Otros más se encolerizan cuando se imaginan ese arsenal siendo ingresado a los recintos penitenciarios desde donde los “gobiernos carcelarios paralelos” ordenan la ejecución de todo tipo de delitos que mantienen en jaque mate a la población civil en las calles del país, pero también a policías y militares que han sido asesinados, asaltados y secuestrados de la manera más impune.

Otro elemento que potencia la irritación colectiva son los fétidos olores que surgen de “las ollas podridas” de la corrupción que siguen destapándose en la Comisión de Contraloría de la nueva Asamblea Nacional. Son tantos los guisos que no alcanzarán los días de este año para tramitar esa inmensa retahíla de denuncias bien documentadas que ponen al descubierto gigantescos desfalcos, como el que se materializó a través de Cadivi y Cencoex, por ejemplo, que ponen la lupa en los 162 millardos de dólares robados al pueblo.

Nada más recuperando esa “boloña” se pagan los intereses de la deuda, se garantiza abastecimiento de comida, medicinas, repuestos, insumos para reactivar la agricultura, la pesca, ganadería, industrias y queda para pagar sueldos de educadores, enfermeras y médicos.