• Caracas (Venezuela)

Mitzy Capriles de Ledezma

Al instante

Cántame una ranchera

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Para que terminemos de entender la importancia de las próximas elecciones parlamentarias, la situación económica, social, moral y política del país se agrava. Insisto en la conveniencia de presentarles a los venezolanos y al resto del mundo –que por primera vez en mucho tiempo le está echando un ojo al panorama nacional– una visión optimista de cara a lo que sobrevendrá después de que votemos masivamente el 6 de diciembre.

Escribo mientras me preparo para asistir a una reunión con representantes del Sistema de Protección de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra. Me saluda una estudiante venezolana y me expresa su preocupación  por la alarmante devaluación de la moneda en nuestro país. Ni con el cierre de las fronteras detuvieron la desvalorización de nuestro signo, porque hoy la inflación tritura lo poco que gana la gente. Ni el pleito con Colombia ni con Guyana evitan que la gente esté desesperada porque no hay cómo preparar los teteros.

Peleas en las colas de supermercados, y la escasez de insumos para las pesquisas en la lucha contra el cáncer de mamas, son noticias que rebotan por aquí, y de esas cosas no podemos dejar de hablar mientras defendemos a nuestros seres queridos presos injustamente.

Las OLP y sus allanamientos no impiden que sigan las bandas matando y secuestrando, no se salvan ni los policías. En los mercados no hay tomates, pero sarcásticamente los delincuentes nos gritan ¡toma tu granada! ¿Por qué los malandros tienen las armas más sofisticadas? ¿Quiénes se las suministran?

En las carreteras atracan las cavas que transportan víveres y también les quitan cauchos y batería. De lo último, pues. Pero Maduro habla en Nueva York. Se pavonea hablando de la posibilidad de “un nuevo mundo” inspirado en el Plan de la Patria confeccionado con las líneas maestras del socialismo del siglo XXI, mientras que Raúl Castro se da su “pataota” con Obama, y Maduro rogándole la fotico al líder Guyanés. Santos “fumando la pipa de la paz” con Timochenko, resolviendo los problemas de Colombia. En “vuelos” hechos en socialismo, Maduro camina por las calles del imperio y da lecciones de cómo se baila el merengue y se pasea en una patineta pero con la cabeza revuelta pensando en cómo pagará los 12 aviones Sukhoi de la nueva compra a Vladimir Putin. ¡Que papelón! En Venezuela lo que pensamos los venezolanos es en que termine de llegar ese bendito 6 de diciembre para que tengamos un nuevo gobierno, porque de seguro que con un parlamento autónomo, cesarán los abusos, tendrán que rendir cuentas de nuestras riquezas malbaratadas y recobrarán su libertad los presos políticos. Pero hay que estar atentos, algo inventarán para distraer al pueblo. Posiblemente incauten los libros sobre salsa que escribió César Miguel Rondón alegando que han debido ser sobre rancheras y José Alfredo Jiménez, y para nada de Oscar D’León.