• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Las venezolanas y el Esequibo

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A Diego Rojas Ajmad, colega y amigo

 Cuando menos desde 1890 los venezolanos veníamos en búsqueda de organización. Pero no se trataba del tipo de organización destinada a resolver cuestiones propias de la vida cotidiana. En realidad, estaban situados ante un asunto de mayor entidad. A lo que se enfrentaban en aquellos tiempos era a las avanzadas inglesas en la zona del Esequibo. Frente a la urgencia y lo decisivo de los hechos, desde todos los puntos de Venezuela surgían propuestas y planes de acción.

Y cuando hablo de todos los puntos de Venezuela no exagero, pues era así. Por citar un ejemplo, en la zona occidental venían proponiendo la necesidad de tomar acciones inmediatas. A tal efecto, La Voz de Falcón anunciaba el año indicado (1890) que “la patriota juventud de Capatárida se prepara a constituir una sociedad patriótica Anti-inglesa secundando las ideas que hemos emitido sobre este particular”. De manera que Capatárida, Maracaibo, la región andina, la zona central, el oriente y el sur se expresó en los mismos términos.

Preciso adelantar que, en este momento, no voy a ofrecer una lista organizada de las agrupaciones que estuvieron guiadas por intereses de este tipo en toda la extensión de la república. Por el contrario, me voy a referir en esta oportunidad a las organizaciones femeninas que se propagaron de norte a sur y de este a oeste de nuestra geografía.

Hay que comenzar por una precisión: las manifestaciones tomaron fuerza a partir de 1894. Ese año, el ministro del Exterior, Pedro Ezequiel Rojas, enviaba cartas a sus colegas de Hacienda, Interior e Instrucción para denunciar “al país la existencia en algunos centros, de los Estados Unidos, de libros y mapas donde se fijan límites atentatorios a los verdaderos linderos del territorio patrio”. La prensa se hacía eco de las denuncias ministeriales.

Lo cierto es que, poco a poco, comienza a advertirse la existencia de un fenómeno que se había visto poco en tiempos pasados. Tales manifestaciones tuvieron que ver con declaraciones femeninas sobre los sucesos que tenían por centro la región del Esequibo venezolano.

En ese contexto, adquiere significación plena la noticia que transmitía el telégrafo nacional en dirección a Caracas. La fecha del mensaje fue el 21 de enero de 1895; la hora, 8:00 de la mañana. Decían las nerviosas líneas: “Es halagador para el patriotismo la actitud que han asumido las mujeres venezolanas en nuestra delicada cuestión de límites con la Guayana inglesa. Se conoce que bien les cuadra el nombre de neo espartanas conque las bautizó la historia legendaria de nuestra Independencia”.

A continuación referían que el día anterior hubo en Táriba una importante reunión de señoras y señoritas. En el acto se constituyó la sociedad patriótica bajo el nombre de Damas Propagadoras de la Defensa de la Integridad Nacional.

En Caracas, la nunca bien valorada Concepción Acevedo de Taylhardat estaba al frente de la Sociedad Amor Patrio, concebida con idénticos fines. La vicepresidenta de la agrupación, señora Dolores H. de Vásquez, expresaba la fuerza de sus sentimientos con estas palabras: “No permitamos que el inglés usurpador nos arrebate un solo palmo de tierra de nuestro territorio. No hay que temer: morir o vencer, es nuestro lema”. Expresaba su seguridad de que bajo el gobierno del presidente, general Joaquín Crespo, la honra del país estaba garantizada.

La agrupación caraqueña se concretó en febrero de 1896, ese mismo mes las señoras y señoritas de Ocumare dieron cuerpo a la Sociedad Patriótica Gran Mariscal de Ayacucho.

Para ese año de 1896, las organizaciones de las venezolanas habían llegado a ojos y oídos de los británicos. Lo sabemos porque un diario caraqueño ofrecía esta noticia: “La actitud asumida por nuestras damas en la cuestión anglo-venezolana ha levantado una polvareda en los círculos femeniles de Londres”. Decía el periódico citadino que uno de los impresos ingleses dirigido por mano femenina, The Woman, analizaba la decidida conducta de las venezolanas.

Ese último año que tomo en cuenta, existían 24 asociaciones de señoras y señoritas en nuestro país; todas hablaban de defensa de nuestra soberanía. Las medidas que proponían no eran ingenuas, muy por el contrario.

Estaban, además, las propuestas individuales. Una de esas mujeres (que firmaba solo como Clementina), hablaban de bloqueo a los productos ingleses. Una carta que dirigió originalmente al periódico caraqueño El Tiempo en 1895, fue reimpresa en varios órganos de comunicación de todo el país. Al reproducirla en El Cronista, de Maracaibo, la elogiaban sin ambages.

En determinado momento de su aguerrida comunicación, decía Clementina que era ajeno a sus luces entender por qué no se había efectuado el bloqueo a los productos ingleses que algunas voces habían propuesto. Ante esa pasividad de sus congéneres masculinos, estaba convencida de que, siendo la mujer encargada de la administración hogareña, nadie como ella estaba llamada a cumplir ese fin.

He aquí sus atinadas palabras al respecto: “Señoras y señoritas de Caracas, apersonémonos de la causa que los hombres han visto con tan marcada indiferencia. En nuestras manos está el manejo de los fondos destinados para los gastos diarios de la familia, comprometámonos, pues, a no invertir ese dinero, en la compra de mercancías que sean de procedencia inglesa”.

Añadía Clementina que por estar la Gran Bretaña “gobernada por una señora”, nada “más natural, que sean las hijas de Venezuela las que vengan a organizar una guerra pacífica contra la reina inglesa, para obligarla de este modo a respetar la integridad del territorio patrio”.

Tendrán que convenir conmigo sobre el carácter irrebatible de los argumentos expresados por esta venezolana en 1895. Pero había posiciones femeninas que tocaban ámbitos discutibles. Por ejemplo, aquel punto de vista que hablaba de enfrentar la usurpación inglesa con medidas radicales, como esta que señalo: “Ahorcar, sin compasión, a la mujer venezolana que dé su mano en matrimonio a un súbdito de la Reina Victoria”.

Probablemente muchos no estaremos de acuerdo con esta última alternativa. Sí sabemos cuál fue el resultado de todo ese proceso referido a la Guayana venezolana. Ante ese resultado, no me negarán que, como otras tantas veces en la historia de nuestro país, la mayoría de sus pobladores tuvo mayor lucidez política que sus gobernantes.

 

alcibiadesmirla@hotmail.com