• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Otro rostro de Bolívar

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No voy a repetir lo que he planteado en semanas anteriores sobre el rostro de Simón Bolívar que en los últimos años se ha pretendido popularizar. Lo que sostuve en esa oportunidad no admite dudas ni otras explicaciones. Esta vez voy a abordar aspectos de la fisonomía del Libertador que son desconocidos para la mayoría de los venezolanos de hoy.

Como es sabido, las imágenes que conocemos del hijo de Caracas lo suelen mostrar con un tipo de peinado que no parece variar en el tiempo. De acuerdo con esas representaciones pictóricas, siempre habría optado por arreglar su cabello hacia adelante, de forma tal que parecería que siempre tuvo preferencia por llevarlo para que le cubriera la frente.

Otra constante en muchas de las reproducciones de ese rostro que circulan con regularidad, lo presentan libre de pelambre facial. Es verdad que algunas veces se le ve con bigotes, pero ese rostro es menos divulgado que el otro: el que lo muestra sin mostachos y con el pelo corto dispuesto hacia adelante. Por cierto, el retrato del joven Bolívar hecho en París entre 1804-1805, pone de manifiesto esas características: el rostro libre de pelambre y el pelo lanzado en la frente. Pero en 1812, refugiado en Cartagena después de perderse la llamada primera república, se le ve de forma distinta. En efecto, ese año lleva bigotes, patillas y la negra cabellera peinada hacia atrás. También en Haití, en 1816, vemos similares características en lo tocante a vello facial y modo de llevar el cabello.

Sin embargo, hay otra representación del autor de la Carta de Jamaica que no suele ser familiar a los venezolanos de hoy. Esa imagen no la hemos recibido por mediación de la pintura, sino a través de la descripción que algunas personas que lo conocieron y consignaron en sus escritos.

Esos testimonios los hemos recibido de algunos legionarios británicos que comenzaron a arribar a nuestro territorio a partir de 1818. Uno de ellos, Gustav Hippisley, en su Narrative on the Expedition to the Rivers Orinoco and Apure in South America, observó al general en la población de San Fernando, en Apure. Por cierto, no eran momentos felices para el ejército republicano.

Pero al margen de esa circunstancia de armas, volvamos a nuestro asunto. Dice el legionario que, en ese difícil trance, tuvo oportunidad de detallar al general con sumo cuidado. Lo primero que observa es que aparentaba cincuenta años (cuando tenía treinta y seis). Dice que era delgado y de rostro alargado. Tenía los ojos oscuros y el cabello negro. Llevaba una coleta, que sostenía con una cinta. Esa cinta estaba amarrada con poca presión ("loosely"). En ese momento, además, usaba grandes bigotes y un pañuelo negro alrededor del cuello.

La idea de un Bolívar peinado de esa manera no se nos hace conocida. Sin embargo, así acostumbraba recogerse el cabello en esos años. En esa manera de practicar el arreglo capilar coincidió con Miranda. Como se recuerda, este último solía peinarse como ha quedado descrito.

En sus Memoirs of Simón Bolívar, Ducoudray Holstein, no se ocupa de describir al Libertador pero, en su defecto, transcribe íntegramente el retrato escrito de Hippisley. Ello quiere decir que esa representación no le era extraña, o sea, que coincidía con tal percepción. Ducoudray Holstein tuvo cercanía con el general venezolano hasta la expedición de Los Cayos, en 1816.

De lo dicho me atrevo a asegurar que el peinado sobre el cual estoy llamando la atención el día de hoy era habitual, cuando menos, desde el refugio en Cartagena en 1812 (recordemos el retrato que le hicieron en aquel tiempo) y los meses transcurridos en la tierra de Petion. Es una imagen que, sin duda, despertará curiosidad o, tal vez, deseos de ahondar en la manera de mostrarse ante los otros y en el de modo de vestir de Bolívar en algún lector que me haya seguido el día de hoy.

alcibiadesmirla@hotmail.com