• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Mirla Alcibíades

Las periodistas venezolanas (1872-1910)

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Cuando comencé a estudiar la literatura producida por las venezolanas en el siglo XIX, mi percepción inicial sufrió severo cuestionamiento. Sucedió de esa manera porque, en la medida que avanzaba en mis investigaciones, me iba dando cuenta de lo determinante de ese aporte. Muy pronto reparé en que, en el campo de la poesía, de la dramaturgia, de la novelística, de la ensayística, en el trabajo como traductoras, esas mujeres habían hecho un aporte sustancial durante el período.

Un primer problema se me hizo evidente: consistía en que esa vasta producción no está recogida en libros. Es cierto que algunas novelas y textos poéticos escritos por ellas fueron editados en volumen, pero otros materiales todavía reposan en la prensa de la época o en libros antológicos de ese siglo. Me convencí de que la vastedad del ejercicio de escritura que habían ejercitado las venezolanas se convertía en un reto para quienes se interesan en el tema.

Sin embargo, en este momento opto por detenerme en un tema sumamente decisivo en aquellos años: el del periodismo femenino o prensa de mujeres, es decir, los títulos hemerográficos que fueron apareciendo por decisión y voluntad de mujer. En el curso de esa investigación se hizo evidente otro problema derivado de las fuentes. En muchos casos esas revistas no lograron ingresar a ningún repositorio bibliohemerográfico, razón por la cual se perdieron en el tráfago de los siglos. Por ejemplo, en lo que a la pesquisa actual concierne, supe la existencia de La Alborada en 1881, porque la mencionan tanto el Diario de Avisos como La Opinión Nacional (ambos de Caracas) en información de gacetilla. He tratado de encontrar alguna muestra de este material pero hasta la fecha me ha sido imposible. Así como el caso descrito, igual experiencia me sucedió con La Audacia (Macuto, 1881). La información sobre este impreso llegó a mí de manera accidental, mientras revisaba la colección de El Monitor en busca de noticias que me pudieran interesar. Otros casos de similar naturaleza se hizo evidente en otros momentos que excuso citar el día de hoy.

Una vez que hube determinado el fenómeno a examinar, otro problema derivó de esa decisión. ¿Cómo conceptuar este fenómeno? En un primer momento pensé presentar estas notas bajo el enunciado “Prensa femenina venezolana del siglo XIX” o, tal vez, “Revistas de mujeres en el siglo XIX”. Pero de inmediato reparé en el hecho de que esa denominación sembraba confusión, porque no diferenciaba entre los materiales dirigidos a mujeres, vale decir, los impresos periódicos fundados por hombres y que se destinaban a receptoras, de las entregas periódicas fundadas por ellas. De tal manera, tenía que encontrar una manera de definir ese fenómeno de una forma que esquivara la anfibología mencionada.

Fue así como opté por la caracterización que se ha leído en el encabezado de estas líneas: “Las periodistas venezolanas (1872-1910)”. Tampoco ese enunciado me satisface mayormente por cuanto no voy a tratar de esas profesionales de la prensa. No puedo hacerlo porque son muy pocos los datos biográficos que he podido reunir sobre cada una de esas pioneras del periodismo femenino venezolano. No es fácil elaborar la biografía de la mayoría de esas periodistas por ausencia de información al respecto –sea porque se escudan en un seudónimo o porque no se ha indagado en registros parroquiales para precisar datos básicos referidos a sus lugares y fechas de nacimiento y muerte.

Pero, insisto en el hecho, esa denominación me parece más apropiada que aquella en la que había pensado en un comienzo. Cuando los estudios sobre el campo se profundicen y cuando al hablar de “prensa femenina en el siglo XIX” se entienda que se hace referencia a las iniciativas adelantadas por ellas, la expresión habrá superado la etapa de las ambigüedades.

Otra acotación importante me compulsa a señalar que un primer acercamiento al fenómeno debe concluir en 1910. Pienso que ese año constituye la culminación de una serie de rupturas que se venían produciendo al interior del discurso patriarcal desde que, en 1872, apareció la primera revista fundada por una periodista venezolana, Ensayo Literario. Fue la concreción ese año de un lento proceso que las llevó a actuar primero como colaboradoras de revistas y periódicos y, posteriormente, como responsables directas de los impresos que auspiciaron.

Pienso que 1910 es una fecha que adquiere plena justificación por cuanto los festejos del centenario se inician en Venezuela en 1910 y, sobre todo, porque ese año está señalado en nuestro país por el ingreso de la primera mujer que realizó estudios formales en la Universidad Central de Venezuela. Se trató de Virginia Pereira Álvarez.

La investigación que vengo adelantando me ha llevado a registrar 30 títulos de revistas en toda la geografía nacional. Me inclino a pensar que no agoto el registro porque –insisto en este hecho– he conocido la existencia de varios de esos títulos porque se les menciona en periódicos tanto de la capital como del interior de la república. Agotar el tema implicaría la revisión de colecciones que exceden el millar de títulos y, como se verá, es una tarea poco menos que imposible, a no ser que se cuente con un equipo de trabajo que, les diré, no es mi caso. ¿Cuáles son esos periódicos y quiénes son sus directoras y/o fundadoras? Lo señalo de seguidas:

1) Ensayo Literario (Caracas, 1872), directora Isabel Alderson; 2) El Hospital (Mérida, 1878), órgano de la “Sociedad de Beneficencia de Señoras”; 3) La Alborada (Caracas, 1881), redactoras: Consuelo, Pepita, Amira, Corina, Alida, Eda, Josefina, Reneta y Malvina; 4) La Audacia (Macuto, 1881), redactoras: Dilia y Débora; 5) Revista Escolar (Mérida, 1882), Aziloé Aruca Halck y Carolina Aruca Halck; 6) La Alondra (Coro, 1885), redactora: Zoraida; 7) Brisas del Orinoco (Ciudad Bolívar, 1888), redactora: Rebeca (Concepción Acevedo de Taylhardat); 8) Ña Fernanda (Táriba, 1889), (varias redactoras que no se identifican); 9) El Chistoso (Coro, 1890), redactora: Polita de Lima (era manuscrito); 10) Armonía Literaria (Coro, 1891), responsables principales varias señoritas de la sociedad Armonía; 11) Flores y Letras (Coro, 1891), eran responsables varias señoritas de la sociedad Alegría; 12) El Ávila (Caracas, 1891), redactora: Rebeca (Concepción Acevedo de Taylhardat); 13) El Problema (Caracas, 1891), directora: Rosalina González; 14) La Luz Cristiana (Caracas, 1891), directora: A. P. de Norwood; 15) La Lira (Caracas, 1895), directora: Concepción Acevedo de Taylhardat; 16) La Azucena (La Grita, 1896), redactoras: Beatriz Camargo y Sara M. Guerrero; 17) El Cristus (Barquisimeto, 1896), responsables: Ildegardis de García y Concepción Alvarado; 18) Alondras (Maracaibo, 1897), redactora: Ana Yepes Serrano; 19) El Recreo de las Damas (Caracas, 1897), directora y redactora: Concepción Godoy de Martínez, subdirectora: María Martínez de Arredondo; 20) Violetas (San Cristóbal, 1897), redacción: comisión de señoritas alumnas de la clase de literatura en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús: 21) El Estímulo (Duaca, 1898), directora: Lucinda de Colmenares; 22) Violetas (Coro, 1907) redactora: Ana G. Fortique; 23) Arte (Maracaibo, 1907), redactora: María Moreno de López; El Distrito Bolívar (Barinitas, estado Barinas, 1907), directora: Elena Conde; 24) El Esfuerzo (La Grita, 1908), administradora: Isaura; 25) La Cítara (Coro, 1908), directora: Josefa Victoriana Riera de Torrealba Arráiz; 26) El Pensil (Betijoque, 1909), redactora: Emma Dubuc Arias; 27) El Verbo Democrático (Coro, 1909), redactora y directora: Josefa Victoriana Riera; 28) Idilios (Chejendé, Trujillo, 1909), directora: Amalia Peña, administradora: María Cristina Segnini; 29) Minerva (Caracas,1909), directora y redactora: Olimpia Eloísa González; 30) La Violeta Azul (Colón, Táchira, 1910), directora: Hercilia Vivas Colmenares.

¿Son todos los títulos? No puedo asegurarlo. Por el momento, me limito a constatar que esos impresos existieron, que los leyeron y que todavía esperan por especialistas que se dediquen a estudiarlos.