• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Cuando se habla (o escribe) sobre Carmelo Fernández, de inmediato se destaca lo obvio: que fue sobrino materno de José Antonio Páez y que era pintor. Desde luego, es imposible negar esas afirmaciones por cuanto no hay manera de ocultarlas.

Tampoco voy a poner en duda lo que se repite una y otra vez: que incursionó en la carrera militar y que, por ello, tuvo que trasladarse a Bogotá en su temprana juventud. Menos voy a ignorar que impartió clases de dibujo en la Academia de Matemáticas. Y no voy a subestimar que concurrió como ilustrador para el Resumen de la historia de Venezuela, de Baralt y Díaz, y con el Atlas físico y político de la República de Venezuela, de Agustín Codazzi.

Más bien, me interesa aquí consignar una serie de hechos que, hasta donde conozco, están ausentes a la hora de reconstruir el hacer profesional de este venezolano. Por ejemplo, poco se sabe que, además de dictar clases de dibujo en algunos colegios caraqueños (cuando menos en el de La Paz y el de Roscio), también dictó la cátedra de Geografía en la última institución docente que menciono. Esa clase la impartió hasta 1842.

Otro aspecto que no ha sido suficientemente precisado tiene que ver con su incursión en la litografía. Se ha sostenido que su inicio en el cultivo de esta técnica viene señalado por el año 1841. Pero, a contrapelo de lo señalado, surgen datos documentales que debemos tomar en cuenta. Al respecto, vale la pena considerar la nota que ofreció un diario caraqueño el primero de diciembre de 1840 cuando aseguraba haber recibido de Codazzi: “Un retrato del General Manrique como primer ensayo litográfico del Sr. Carmelo Fernández”. Es decir, se inauguró como litógrafo en 1840 y no en 1841, según se venía repitiendo.

Por otro lado, sus biógrafos reconocen que hay ausencia significativa de noticias sobre la vida de Carmelo Fernández durante el lapso de 1844 a 1849. En ese sentido, vale la pena tomar en cuenta que en abril del primero de esos dos años, este docente, pintor, retratista, litógrafo, ingeniero, militar, adquirió en sociedad con Martín Tovar y Tovar, Pedro Correa y Rafael Meneses, una tipografía. De manera que se interesó en la impresión de libros.

Un último punto preciso consignar el día de hoy. Tiene que ver con la decisión del venezolano que lo llevó a fijar residencia en Bogotá. Sobre este particular, se ignora la mediación definitiva que tuvo en este sentido la cartagenera Josefa Gordon de Jove.

La señora Gordon de Jove residía en Caracas desde 1834. Había enviudado del español Joaquín García Jove, destacado miembro del comercio en La Guaira. Esta mujer tenía dominio de varios idiomas y, por añadidura, contacto con figuras importantes de la vida política e intelectual de Venezuela.

Similares relaciones mantenía en su país. De hecho, se han recogido en volumen las cartas que cruzó con el presidente de Colombia, Tomás Cipriano de Mosquera. Lamentablemente no se han podido ubicar las comunicaciones que recibió de este.

Pues bien, la señora Gordon de Jove escribió a Mosquera el 15 de mayo de 1847 y, en ese momento, aprovechó para expresar estos conceptos: “Por este mismo correo escribo a usted recomendándole al señor Carmelo Fernández, sujeto muy apreciado y de conocimientos que pueden ser muy útiles en esa capital como ingeniero, litógrafo, pintor y también algo de arquitecto”.

Cuatro días más tarde, el 19, abundó en conceptos donde es espléndida en elogios: “Mientras usted sea presidente no dejaré yo de recomendarle sujetos inteligentes, honrados y útiles. Uno de ellos es el señor Carmelo Fernández, que está decidido a ir a vivir entre nosotros. Puede desempeñar trabajos concernientes al dibujo natural y al aplicado a las ciencias y a las artes. En el primero como retratista y autor de obras de composición, y en las provenientes del natural, y entre éstas, las copias de objetos de botánica, zoología, etcétera, pudiendo en esta parte asociar sus conocimientos artísticos con los del naturalista que quiere acompañar de láminas sus trabajos de texto. En lo segundo, Fernández se ocupa de todo lo relativo al dibujo lineal y de colores aplicado a las artes mecánicas, y en el diseño necesario a la arquitectura civil, a la fortificación, a la topografía detallada y a la construcción de cartas geográficas y náuticas. Mi recomendado es profesor de perspectiva y de óptica, y posee teórica y prácticamente los conocimientos necesarios a un agrimensor y para algunas construcciones militares. En los Estados Unidos y en Francia ha adquirido este sujeto su instrucción en las citadas materias, cuya enseñanza podría difundir en las escuelas normales, en academias militares, a los artesanos, en colegios particulares de ambos sexos. Él ha trabajado en el Conservatorio de Artes y Oficios, en el Jardín de Plantas, en el establecimiento de Thierry y en los talleres de algunos artistas de París, con el fin de instruirse en el dibujo necesario a los artesanos, en el de plantas y animales, en el grabado litográfico, en la perspectiva y otros ramos. Actualmente es Fernández profesor en la Academia Militar de esta ciudad y en los colegios de ambos sexos que hay en ella.

“Estas son las cualidades intelectuales de Fernández, y las morales son también inmejorables: honrado, modesto y laborioso. Esté cierto que hace honor a mi recomendación”.

Estaba abierto, pues, su traslado a Bogotá y, desde luego, eso fue lo que sucedió.

 

alcibiadesmirla@hotmail.com