• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

Al instante

¡Y llegó el teléfono!

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Para Johnny Castillo, estudiante de Historia en la UCV

Las noticias comenzaron con cuentagotas. Primero, un largo texto aparecido en un diario capitalino daba cuenta de los reconocidos artífices del nuevo invento. Fue así como se prodigaron elogios a Graham Bell, Elisha Gray y Tomás A. Edison. Inmediatamente después, ese escrito pionero que había sido firmado por Morton de Kératry (quien, supongo, era el francés que estuvo en Venezuela durante la Guerra Federal) sufrió refutación del venezolano José Landaeta.

No es para ignorar el cierre de las objeciones puestas sobre la mesa por Landaeta a Morton de Kératry: “Para que se sepa que en Venezuela también se estudia, que se sigue con interés la marcha del mundo científico y que no somos tan sauvages, como se cree allende el mar”.

Puesto aparte este orgulloso gesto del venezolano, lo cierto es que la necesidad de tener noticias sobre el invento telefónico deja ver un hecho inocultable. Este hecho se relaciona con muy probables rumores referidos a la pronta llegada del nuevo adminículo al país. Y era así.

En julio de 1883 se supo que se instalaría el teléfono en Caracas. Comenzarían con cincuenta suscriptores. Una noticia de prensa decía que esta novedad era “uno de los beneficios que el país debe a la progresista administración de Guzmán Blanco”. Por ese tiempo corría el llamado quinquenio (período de gobierno que encabezó entre 1879 y 1884 el hijo de Antonio Leocadio Guzmán).

El entusiasmo llevaba a elogiar “el pago módico de 26 bolívares mensuales por cada instrumento”. Vista con frialdad esa cifra, no sería tan módica puesto que, para esas fechas, la mayoría consideraba costoso el alquiler de una casa por esa cantidad. Para ese mes de julio, la lista de suscriptores en la capital sumaba cincuenta. Como cabe imaginar, en esa lista ocupaba señalado primer lugar el Ilustre Americano. Desde luego, tuvieron interés en afiliarse las principales firmas de la actividad económica del país, como el Banco Comercial; Blohm, Valentiner y Cía.; H. L. Boulton y Cía.; Chirinos Matos y Cía.; Otto Becker y Cía., etc., etc. Para el mes de septiembre la lista de abonados sumaba 89.

Al llegar el mes de octubre, ya se habían presentado preocupaciones que no fueron consideradas en un primer momento. Esas preocupaciones no alteraron mayormente el ánimo, pues eran las mismas contra las cuales luchaban en Estados Unidos. Tales hechos tenían que ver con el lenguaje utilizado al llevar adelante una conversación a través del hilo telefónico.

La prensa estadounidense había hecho pública la decisión tomada por una compañía del ramo, que llevó a eliminar a un suscriptor de su lista de abonados. La decisión fue tomada por el lenguaje soez, los conceptos impropios y las palabras ofensivas e indecorosas que había utilizado el cliente. La noticia de prensa en Caracas recomendaba tener presente la decisión de la empresa telefónica de Estados Unidos, sobre todo cuando en la ciudad "estamos ciertos que ya se han cometido abusos del género referido".

Tomemos en cuenta que la comunicación no era directa entre los clientes, sino que pasaba por una oficina central que servía de enlace entre los suscriptores. Generalmente eran mujeres las encargadas de transmitir las llamadas, razón por la cual se exigían buenas maneras y lenguaje apropiado.

En realidad no he podido saber si en Venezuela hubo señoras o señoritas en los inicios del servicio telefónico. Pero sí tengo en este momento ante mí las “Reglas para el uso del teléfono” que publicó la Inter-Continental Telephone Company para guiar a los usuarios en el uso del nuevo aparato.

La normativa comenzaba con esta indicación: “Cada vez que quiera llamarse a la Oficina Central se apretará hacia arriba el botón que está debajo de la caja de la campana y se dará vuelta a la cigüeña dos o tres veces; suéltese el botón, tómese la bocina, que se aplicará al oído, y escúchese la respuesta de la Oficina Central. Cuando el operario pregunte ‘¿Qué número?’ se dará el del suscriptor a quien se desea hablar y se espera la contestación (siempre debe darse el número y no el nombre del suscriptor a quien se desea hablar)”.

Con el paso de los meses, comenzaron los consejos referidos al buen uso del teléfono y, sobre todo, a la moralidad que debía mantenerse en el diálogo a través del hilo telefónico. Desde luego, aparte de esos tópicos que menciono, el tema invita a indagar el impacto que tuvo en las costumbres urbanas la adopción de esta tecnología venida de Estados Unidos. Pero, para hacer honor a la verdad, es un largo asunto que no voy a abordar en este momento.

 

alcibiadesmirla@hotmail.com