• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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El chistoso

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A mi hermano Francisco José, él sabe por qué.

En una crónica del año pasado, me refería a la prensa manuscrita que se leyó en Venezuela a lo largo del siglo XIX. Fue una prensa que tuvo el mismo diseño de los periódicos impresos: dos columnas, cuatro páginas, avisos publicitarios (en algunos casos) y, por añadidura, se canjeaba con colegas importantes del país. Por su naturaleza era improbable que apareciera como diario, generalmente su periodicidad era semanal. Pero, sin lugar a dudas, el elemento que la particularizaba es el señalado: de principio a fin iba consignada en finos trazos de caligrafía.

Desde luego, no podía ser tarea de una persona. Imaginamos un grupo de amigos con ganas de ingresar al periodismo quienes, reunidos en un lugar destinado a tal fin, volcaban toda su energía en producir ejemplar tras ejemplar. Era tarea sumamente demandante: redactaban la información y, de seguidas, la iban acopiando trazo a trazo, renglón a renglón, columna a columna, hasta llenar las cuatro páginas de rigor.

Así como los periódicos impresos, estos manuscritos tenían director o editor, cuerpo de redacción y administrador. Este último cargo era importante porque estos materiales estaban a la venta. Atrapar la simpatía de los lectores era muy importante porque, con esa carta de presentación, podían buscar la ayuda económica de algún personero oficial. Al obtener apoyo monetario el paso siguiente era adquirir una imprenta.

La temática de interés de esta prensa manuscrita fue variada: la hubo de orientación política, estuvo la de interés general, no faltaron las dedicadas a la cultura y, desde luego, sumaron las de vocación literaria. Pero bien podemos ensayar otra clasificación, si para ello tomamos en cuenta la capacidad gerencial de quien estaba al frente del proyecto. Siendo así, estaban las escritas por hombres, que fueron la mayoría, pero no faltaron las producidas por mujeres. En este último grupo se inscribe el material que da título a la columna de hoy: “El Chistoso”.

Su lugar de aparición fue la ciudad de Coro; la fecha, temprana, 1890. Dirigió su orientación programática la que, al cabo de muy poco tiempo, se convertiría en una de las escritoras más reconocidas del país, hablo de Polita de Lima. Ella, en unión de un grupo de amigas, preparaba los materiales informativos, ofrecía los productos de su estro poético y, desde luego, estimulaba la escritura de sus demás colegas en trato con la escritura.

Entre otros aportes que cabe asignar a ese periódico no impreso está el hecho de que fue el germen de una de las agrupaciones femeninas más importantes que se generó en la Venezuela en esos años, la Sociedad Alegría. De manera que no resulta exagerado suponer que las autoras que publicaron en el periódico de aquella Sociedad, Flores y Letras (1891), ya lo habían hecho en “El Chistoso”.

Un aspecto que destaca en esta avanzada de la ciudad de Coro es el título elegido para su manuscrito periodístico. Sin ningún género de dudas, la apelación al humor es lo primero que destaca en esa escogencia onomástica. Es un rasgo de interés por cuanto no fue habitual en la escritura femenina la estrategia humorística como valor significativo. Hacía falta un mayor trato con la escritura y una distancia crítica en relación con el entorno social y cultural para que la opción desacralizadora que late en el fondo de este tipo de producciones cobre su dimensión más plena. En este sentido, es otro elemento propositivo de “El Chistoso”.

Hasta donde alcanzan mis noticias, no se conservan ejemplares de esta revista. Solo quedan registros en otros periódicos aparecidos dentro y fuera del país que hablaron de esta primera acometida de Polita de Lima en los fueros del periodismo. Pero, sin lugar a dudas, “El Chistoso” debe ser tomado en cuenta a la hora de preparar una historia de la prensa nacional dirigida por venezolanas.

“El Chistoso” habría quedado como el único periódico manuscrito dirigido por una mujer en nuestro país si no fuera porque, hace algunos meses, supe de otra experiencia similar producida en Valencia en la década de los setenta de aquel siglo. Pero, por ser asunto que se desarrolló en un estado tan prolífico desde el punto de vista cultural como es Carabobo, opto por dejar esa presentación para otra oportunidad.

alcibiadesmirla@hotmail.com