• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

Al instante

La audacia

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En noviembre de 1881, algunos periódicos de Caracas y de La Guaira reseñaron la aparición de una revista en la población de Macuto. Todas las notas escritas sobre esta iniciativa se canalizaron en cláusulas elogiosas. A todos esos receptores pareció necesario destacar el formato adoptado: lo calificaron de “diminuto”. Otro motivo que elogiaron fue la fina y elegante presentación.

No eran las únicas prendas que caracterizaba el recién estrenado órgano periodístico. Había otra que resaltaban con particular entusiasmo: sus redactoras eran dos señoritas del lugar.

A tono con la práctica de los tiempos (de la que traté en una columna anterior) las responsables de la pequeña revista eran Dilia y Débora. Vale decir, no se animaron a proporcionar el apellido. Por otro lado, estas dos abanderadas del periodismo femenino habían optado como título para su publicación uno que, sin duda, era cabal expresión de la empresa que echaban a andar. Lo denominaron La Audacia.

Infelizmente no se conservan ejemplares de esta revista en nuestros archivos destinados a resguardar la prensa venezolana. De manera que se hace difícil tratar de los contenidos que materializan sus páginas. En todo caso, algunas noticias de prensa permiten sostener que sus redactoras no fueron las únicas que escribieron en La Audacia. Cuando menos, hay colaboración de otra dama que firmaba como Judith.

Esos comentarios de prensa han consignado que los contenidos para los cuales estaba destinada La Audacia eran la poesía, la crítica y variados temas. Entre los variados temas podemos contar los dedicados a la naturaleza y atractivos de Macuto.

Uno de esos escritos, el de Judith, fue reproducido en un diario del momento. Es de interés esta propuesta en prosa porque, entre otros aciertos, cultiva un tono humorístico, desusado en la escritura femenina conocida hasta el momento, cuando la mujer no había logrado superar el tono solemne de la escritura.

Sabemos que La Audacia llegó, cuando menos, hasta el quinto número, pues esa edición fue reseñada por sus colegas de la zona central del país. Esa entrega llevó por fecha 1° de febrero de 1882. Es decir, la revista tuvo periodicidad irregular, pues habiendo iniciado en noviembre de 1881, contaba cinco ediciones para febrero del año siguiente.

Entre muchas lagunas que nos deja la presencia de esta iniciativa femenina llevada por mano femenina, quiero destacar uno: la referida a sus fundadoras. ¿Estas Dilia y Débora usaban su nombre de pila o estas identificaciones entraban en el campo de la seudonimia?

Pensaba que no encontraría más noticias sobre este material o sobre sus directoras, cuando en uno de los libros de la española Emilia Serrano (la Baronesa de Wilson, que presenté en una columna anterior), me encuentro con estas impresiones que consigna la viajera al momento de realizar un recorrido por la zona costera del actual estado Vargas:

Macuto tiene paisajes pintorescos, laderas agrestes y la vista del río que rompe y bulle entre peñas. Me senté cerca de la orilla, y no pude menos de pensar en Huaica Macuto, el bizarro cacique que, reuniendo sus indios dispersos, intentó defender su territorio dando cara a los españoles. Cuando más engolfada estaba yo en mis pensamientos, oí una voz juvenil, y al levantar los ojos encontré delante de mí a una graciosa joven con ojos negros y brillantes, mejillas tersas y un poco pálidas y sonrisa dulcísima en los labios. En su mano tenía un papel impreso. Era un periódico en miniatura, La Audacia; pero esa palabra tan castellana se me presentaba envuelta en ropajes bíblicos, pues Delia y Débora eran las redactoras, dos gallardas jóvenes que me sedujeron por su gentileza y donaire.

alcibiadesmirla@hotmail.com