• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

Al instante

Vocales

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Desconozco con exactitud en qué año comenzó a darse el fenómeno que presento el día de hoy. Probablemente los primeros ensayos se iniciaron en la década de 1880 pero, la verdad, no puedo dar certeza al respecto. No me sorprendería si, al cabo de poco tiempo, entro en conocimiento de ejercicios de esta naturaleza que se concretaron en el decenio de 1870. En todo caso, los primeros que conozco se me revelaron en 1884. En esa fecha di con un par de muestras sobre el asunto que abordo en este instante.

La primera expresión de esta inquietud la pude ubicar mientras revisaba La Opinión Nacional del año que señalo. En esa publicación caraqueña se habla de "el cronista de cierto periódico que tiene el antojo de escribir unos párrafos sin la letra A". No indica el nombre del cronista ni su nacionalidad, pero el texto que se atrevió a escribir es el que copio de inmediato:

"No necesito ese signo en el presente juego de corto empeño.

¿Qué decir?

¿Que ese signo es utilísmo?

Por cierto que lo es. No lo niego; pero el lector ve, que se pueden escribir muchos renglones sin él.

Puede decirse que Ciro fue un buen rey, que Bruto murió joven, que Scipión fue un león, que Nerón fue un tigre, que Jesús fue Dios, que Colón descubrió el Nuevo Mundo, que Víctor Hugo es un genio, que el oriente es nuestro porvenir, que 'un periódico es un ejército', que es preciso poner luces desde el Segundo Puente, y mil otros hechos verídicos, como el de que, si mis lectores quieren emociones fuertes no encuentro qué decirles, y que he escrito de ligero, y, sin embargo, en este suelto no se lee en ninguno de sus veintinueve renglones, el signo de que me ocupé desde el principio".

Desde luego, por el planteamiento referido a la falta de luces a partir del Segundo Puente, nos hemos dado cuenta que el autor no es venezolano. Dando paso a otro ejemplo, tampoco era oriundo de nuestro país pues, en este caso, se trata de un poeta mexicano (José María Estova) el autor de unos versos que también fueron escritos con prescindencia de la letra A. En esta ocasión tenemos que ir a El Siglo para conocer esta propuesta que, según el periódico caraqueño, no echa en falta la vocal suprimida. La rima es como sigue:

"Recuerdo con gusto feliz el momento/ Que vi de tus ojos feliz el fulgor/ Con ellos me diste, mi bien, el contento/ Me diste el consuelo que el pecho buscó.// ¡Oh! desde entonces te quiero, bien mío,/ Dichoso en el mundo contigo seré,/ Y en estos renglones que tierno te envío/ Seguros los votos te doy de mi fe.// Tú eres el puro y hermoso lucero/ Que en este desierto su luz me ofreció,/ Tesoro escondido del bien que yo espero,/ Mi hechizo en el mundo, mi cielo, mi Dios.// Por eso en mis sueños de noche, bien mío/ Te miro que vienes con vuelo sutil,/ Y cubres de flores mi lecho sombrío/ Y viertes perfumes en torno de mí.// Por eso si justo me hiere el destino/ O sufre mi pecho terrible dolor,/ De Dios el consuelo me ofreces divino,/ Si miro tus ojos o escucho tu voz.// Propicio y benigno mironos el cielo:/ Formemos del mundo los dos un Edén,/ Y en ti, si yo sufro, tendré mi consuelo/ Y yo tu consuelo, si sufres, seré.// Perdido jilguero crucé los pensiles,/ Erré por los montes de eterno verdor:/ Suspiros me dieron los vientos sutiles,/ Los bosques me dieron su triste rumor.// Y yo por el mundo después reteniendo/ Los ecos sentidos que entonces oí,/ Los voy en mis versos doquier repitiendo/ Y siempre en mis versos suspiro por ti.// No dudes, no dudes, que yo, dueño mío,/ Muy fiel y dichoso contigo seré,/ Y en estos renglones que tierno te envío,/ Seguros los votos te doy de mi fe".

Los venezolanos no fueron indiferentes a estas avanzadas que ponían en jaque las cinco primeras letras que aprendemos cuando niños. Correspondió al merideño Tulio Febres Cordero salir como representante nacional. En ese predicamento, ofrece en 1886 el delicioso escrito que tituló "Las vocales en congreso". En ese relato concibe la idea de que cada vocal hablara "sin el auxilio de las otras". Desde luego, la A comenzó el orden de las intervenciones.

Sin embargo, no voy a transcribir aquí todas las comparecencias. A efecto demostrativos, sólo voy a tomar en cuenta la enérgica elocuencia de la cuarta, en orden enumerativo:

"¡No soporto robos! O somos o no somos (rugió la O con ronco acento). Yo como no topo voz con poco lo compongo. Con los otros tonos, hombro con hombro, codo con codo, todos somos cónsonos, sonoros. ¡Oh dolor! solos, sólo somos como pozo con poco fondo".

Es probable que éstos (y otras propuestas que, muy seguramente, no han llegado a mi conocimiento) donde las vocales se tornan protagonistas en verso y en prosa dieron a otros qué pensar. En todo caso, imagino que en ese ambiente de juegos, diletantismo y, si vamos al fondo de este asunto, de búsquedas expresivas que ya anunciaban la escritura de los modernistas, no faltó quien se propusiera enseriar este asunto.

Pienso que si tomamos en cuenta lo señalado, tenga valor la intervención oral y pública que hizo uno de los llamados hombres de letras del país. Esa exposición tuvo lugar en febrero de 1889. Fue protagonista el general Félix Bigotte cuando optó como tema de su disertación el "origen de las vocales, sus sonidos, su valor en los vocablos y su influencia en la civilización de los pueblos".

La crónica de los hechos fue recogida por el Diario de Avisos. En verdad, el cronista estaba arrobado con las ideas que había puesto en sus oídos el expositor. Siendo así, en enorme esfuerzo de síntesis, resumió lo dicho por Bigotte de esta manera:

"Las vocales deben verse como la materia simple y esencial, representativas de los sonidos, que son el diapasón de todas las lenguas: familiarmente, la expresión de todo sentimiento; poéticamente, el tono de todas las palabras; gramaticalmente, el acento de toda expresión; prosódicamente, la medida que contiene la brevedad o la prolongación de la onda sonora; armónicamente, la cadencia perfecta del acorde de la frase: la vocal es,... digámoslo todo en una sola palabra... ¡el misterio del lenguaje...!".

No voy a transcribir otras muestras que hablan de escribir sin la E o sin la O en Diario de La Guaira, en 1891, o en El Cincel de Coro, en 1905. Voy a cerrar este ensayo con la manifestación de una certeza. Es mi convencimiento de que las maravillas literarias que se dieron en todo el continente el último tercio del siglo, fue resultado de un lento proceso de exploración del idioma, que, obviamente, comenzó por cuestionarlo todo: incluso el uso de las vocales.

alcibiadesmirla@hotmail.com