• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

Al instante

Teatro para niños

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En diciembre de 1878 se anunciaba la pronta visita a Venezuela de la Compañía Infantil de México. La expectativa era enorme por cuanto se trataba de una experiencia desconocida en nuestro país. La ansiedad quedaba plenamente justificada, en razón de que concurrían niños de muy corta edad que asumían el compromiso de actuar ante el público.

En una sociedad como la venezolana, acostumbrada a las representaciones teatrales, la llegada de la compañía levantaba los ánimos porque no se había generado en nuestro país una experiencia similar a la proyectada. Conocida la experiencia mexicana, muy pronto se aprestaron a reproducir esa experiencia en el medio cultural caraqueño. Fue así como las responsables del Colegio Smith se propusieron llevar adelante un esfuerzo similar.

Este colegio había sido fundado por Concepción Miyares de Smith en 1877 y era ella su directora. La acompañaban en funciones docentes sus dos hijas: Victoria y Mercedes. En realidad en los colegios, tanto públicos como privados, se escenificaban piezas teatrales por los alumnos. No fue distinto en este sentido el colegio de las Smith.

Pero la costumbre había consagrado la práctica de llevar a escena a los estudiantes de los grados superiores. La novedad que introdujo la compañía mexicana tuvo que ver con la inclusión de actores de corta edad (4 a 7 años).

De tal manera, esta experiencia estimuló la creatividad de las Smith. Por tal razón, cuando se organizó una función benéfica para socorrer a los huérfanos que había dejado el terremoto que sacudió la población de Cúa, ofrecieron en su colegio una función teatral.

El lugar escogido para el desarrollo de esa actividad fue el Teatro Caracas. El 31 de mayo de 1878 fue el día señalado para la gala del talento nacional. Se agotó la taquilla. Todos esperaban el resultado de los ensayos y, la verdad, no se vieron decepcionados.

Además de varias piezas musicales que ejecutaron instrumentistas y compositores de la ciudad, el atractivo estuvo en las cinco comedias cortas (de uno y dos actos) que se representaron. Algunas eran de autores europeos, pero otras fueron escritas expresamente para ese día por connotadas figuras de la vida intelectual.

En este último caso fueron dos comedias en un acto, escritas a solicitud de la directora del colegio. La primera que se escenificó fue la de Manuel María Fernández (el más que conocido don Simón). Don Simón quien, a su vez, editaba el Diario de Avisos presentó su pieza como Bien por mal, o la caridad en acción. La otra comedia fue obra del prestigiado Julio Calcaño. En este caso se trató de El goloso embustero.

Hubo, incluso, una comedia en francés (cuyo autor no se especificó), que llevaba por título La fête villageoise. No podía ser de otra manera, por cuanto el colegio ofrecía las cátedras de inglés y de francés. Sin embargo, no hubo ninguna actividad en el primero de los idiomas que menciono.

Sin lugar a dudas la propuesta de teatro infantil que ofreció Calcaño fue la que ganó mayores simpatías. Tuvieron mucho que ver en ello los actores elegidos, que fueron pequeños de muy corta edad. Una reseña de prensa del día siguiente a la función observaba que: “El público no cesó de aplaudir; así por su fin moral, como por la propiedad con que fue representado por niños de cuatro y cinco años, que han maravillado al público”.

No podemos ignorar que la incorporación de niños de esas edades a un acto de tales dimensiones tiene que relacionarse con la experiencia mexicana conocida a comienzos de ese año en la ciudad capital.

alcibiadesmirla@hotmail.com