• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Mirla Alcibíades

Noche Buena de ayer

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A los colegas y amigos de la

Casa de Estudio de la Historia de Venezuela

Lorenzo A. Mendoza Quintero

 

Converso con varias personas y, por los comentarios que les escucho, quedo convencida de que todos ven las hallacas como el plato natural de celebración decembrina. Se sorprenden cuando señalo que no es así. Ciertamente, este delicioso manjar fue, hasta el siglo XIX, un plato que se disfrutaba a lo largo del año.

Prueba de lo dicho la proporciona el conocido restaurante caraqueño La Inmensidad. En él se ofrecía el mes de septiembre de 1881 hallacas de gallina y hallacas de carne. No eran los únicos platos que mostraban en el menú. A la larga lista de degustaciones sumaban la olleta de capado, la gallina rellena, el pavo horneado y un amplio etcétera.

Pero sí es necesario apuntar que, en el último tercio de aquella centuria, habían platos que se preferían en Navidad. Ilustra lo que indico el menú de otro restaurante. Esta vez me refiero a la Maison Dorée, establecimiento que se instaló en La Guaira. Uno que otro año, su propietario publicaba el menú de Noche Buena. Los comensales que acudieron el 24 de diciembre a dar disfrute al paladar pudieron escoger platos de este menú: pavo relleno, pastel de pollo, escabeche, jamón, hallacas de gallina y de carne; como postre tenían las opciones de dulce de lechosa y buñuelos; de bebida, variados licores. Hubo hallacas, como las hubo a lo largo de los meses anteriores.

Algunos de estos platos que vimos en La Guaira estaban excluidos de la cena de Noche Buena en décadas precedentes. Por ejemplo, en los años 50 y 60 la mesa hogareña (todavía no se habían popularizado los restaurantes) del 24 se componía de estos platos: pavo, pescado, jamón, ensalada, arroz con pollo y vino. Probablemente el cronista que me proporcionó los últimos datos que termino de mostrar no juzgó de interés hablar de los postres. Pero, aunque los haya silenciado, desde luego que los hubo porque los habitantes de Venezuela eran muy dados al consumo de comidas dulces. Sí es cierto que, todavía, la hallaca no era plato a considerar en la fecha.

La cena se servía a media noche. Antes de hacerlo, había un ritual urbano de obligatorio cumplimiento. Toda la familia iba a la misa previa. Al regresar al recinto hogareño, se sumaban los invitados (familiares y amigos cercanos). Cantaban, bailaban (pues también eran muy dados a la danza) y, a la hora indicada, se daban al yantar. La opípara cena no impedía que siguieran bailando y cantando hasta el amanecer.

En cuanto a la decoración de la casa familiar estaba el pesebre o nacimiento pero, ya desde la década de los 50, se veían arbolitos adornados con figuras importadas de Europa. Esta pieza decorativa se había convertido en símbolo navideño para los años ochenta. Prueba de ello lo ilustra el hecho de que un obsequio que recibió en 1880 el asilo donde se acogían a los huérfanos de Caracas fue un árbol de Navidad que recibieron el día de Noche Buena.