• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Lola Rodríguez de Tió en Venezuela

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Lola Rodríguez de Tió (1843-1924) llevó una vida guiada por el propósito independentista de su Puerto Rico natal. Consecuencia directa de esas luchas fueron los varios exilios que debió enfrentar en otros tantos momentos de su accionar político.

Si tan solo recordamos que fue autora de “La borinqueña”, el himno revolucionario que compuso en 1868, tendremos idea de la densidad de su presencia. Desde ese año, este himno fue coreado por todo puertorriqueño que, como ella, ansiaba respirar en libertad. Otra de sus producciones le valió reconocimiento en su momento (un reconocimiento que, por cierto, no ha opacado el tiempo). Me refiero al poema “A Cuba”. Escrito durante su exilio en la isla hermana, es el texto que tiene la aclamada estrofa: “Cuba y Puerto Rico son/ de un pájaro las dos alas,/ reciben flores o balas/ sobre un mismo corazón”.

Lo cierto es que desde 1868 era persona molesta para las autoridades de la isla. Ella y su esposo eran vigilados. Los gobernantes saben que practican una militancia activa. De ahí que opten por expulsarlos del terruño.

Corría el último tercio del siglo XIX cuando las autoridades políticas dan la orden de exilio. Ese primer extrañamiento llevó sus pasos hasta nuestro país. Fue así cómo, en compañía de su esposo y de su única hija (otros descendientes murieron al poco de nacer), llegó a tierras venezolanas.

Generalmente se ignora en qué momento arribó al país que la acogía. Cuando se busca información al respecto, comienzan a correr las inconsistencias. Hay quien asegura que su llegada a la tierra que, para entonces, era vista como emblema de lucha libertaria, ocurrió en los años ochenta de la citada centuria. Otros, por el contrario, sostienen que su partida de la isla antillana se produjo en la década de los setenta y que se mantuvo lejos de su patria durante año y medio.

De manera que, como queda expuesto, no hay certezas sobre el particular. Sí es comprobable –teniendo por base testimonios de ella– que la familia salió de Puerto Rico el 10 de febrero de 1877. También está el recuerdo que asienta el nombre de la embarcación: viajaron en el vapor alemán Franconia.

Al buscar en los archivos venezolanos mayor precisión en lo relativo a estos datos, obtenemos como resultado que el vapor Franconia cubría la ruta Hamburgo-Ponce-Saint Tomas-La Guaira. Sabemos con certeza que ese vapor arribó a la población venezolana que menciono el 14 de febrero de 1877.

Hay más –y como consigné en una columna anterior–, al llegar al puerto se registraban los nombres de los viajeros que llegaban a puerto. En este caso sabemos que la familia puertorriqueña en pena de exilio, viajó en compañía (entre otros pasajeros) del señor Rojas Paúl y señora.

El núcleo hogareño de exiliados fue registrado como “T. Bonorio y familia”. Es conocido que la alteración en la grafía de los nombres era habitual. A los efectos actuales, debo agregar que se tomaba el nombre del esposo o del padre como referente central. Siendo el esposo de Lola Rodríguez de Tió bautizado con señal de identidad poco común, por cuanto se llamaba Bonocio, es comprensible la confusión que se observa.

Fijan como lugar de residencia la ciudad de Caracas donde ambos, ella y él, desarrollarán intensa vida intelectual. Es de señalar que, corrido más décadas, todavía no ha sido acopiada la producción de los Tió-Rodríguez en Venezuela. Tanto por los aportes poéticos y testimoniales de ella como por el registro puntual de los numerosos viajes que hizo por Venezuela Bonocio Tió Segarra, sería fructífera esa labor de compilación.

En Venezuela coincidieron con otro puertorriqueño, Eugenio María de Hostos. Con él estrecharon vínculos fraternos en nuestro suelo. Desde luego, no es para despreciar los contactos que consolidaron con varios intelectuales venezolanos. Expresión de esa cercanía guiada por el comercio de ideas y proyectos estéticos, son los retratos de los visitantes.

Cabe observar que esos retratos son prácticamente desconocidos por los estudiosos de la producción escrita de esta pareja antillana. También es propicio el momento para consignar que, ambas representaciones pictóricas, fueron obra del excelente dibujante y mejor retratista que fue el caraqueño Gabriel J. Arámburu.

Tampoco hay certeza en relación con la fecha de partida. Se sabía que habían abordado el vapor inglés Hadji, porque la escritora consignó el nombre en el relato que dejó como registro del viaje de regreso a su país. Pues bien, también el punto podemos resolverlo el día de hoy, por cuanto se puede determinar que el 3 de septiembre de 1878 fue el señalado para que esta embarcación británica abandonara las costas venezolanas.

Fue una permanencia de poco más de dieciocho meses, plenos de actividades, que siguen demandando atención y estudio.

 

alcibiadesmirla@hotmail.com