• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Locomotivas o railways

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La semana pasada traté de la que, en mi opinión, fue la primera vez que se vio locomoción a vapor en nuestro país. Aunque solo tuve oportunidad de constatar la presencia de ese pequeño ferrocarril en la Caracas de 1840, me atreví a sugerir que otras poblaciones del país vivieron idéntica experiencia.

En ese sentido, faltan investigaciones desarrolladas en regiones costeras, puestas a explorar los archivos existentes en sus estados. Acoto lo anterior por cuanto es casi seguro que asentamientos porteños de nuestra geografía hayan conocido la misma locomotora que fue familiar a los caraqueños.

El día de hoy sigo atrapada en la tecnología conocida en el XIX como “caminos de hierro”. Importa recordar que esta denominación corrió aparejada con otras como “ferrocarril”, “locomotora”, “comunicación a vapor”. No fueron los únicos sinónimos que circularon. Otros nombres se sumaron. Para la década de 1860 propalaron registros como “locomotivas” y “railways”. Pues bien, en esta jornada nos detendremos en estos últimos.

Bajo el amparo de esos términos nos situamos en Caracas. En esa localidad se conoció un pequeño tren, el que fue inaugurado el domingo 15 de noviembre de 1863. La fecha no deja de ser curiosa por cuanto el proyecto se echó a andar en plena Guerra Federal.

Ciertamente, desde noviembre de 1859 se venía hablando del hecho. En mayo de 1860 el periódico caraqueño El Independiente dedicaba espacio para tratar de la “Compañía del Ferrocarril del Este”. Era la empresa encargada de la construcción del nuevo medio de locomoción. Ese día señalaba que habían llegado las piezas pero que estaban por instalarse. Puede asegurarse que para la instalación hubo que esperar varios años. Fue el mes y año que señalo (noviembre de 1863) cuando tuvo lugar la ceremonia inaugural.

En realidad, el acto protocolar había sido pospuesto alrededor de tres veces. Tal parece que el presidente provisional, Juan Crisóstomo Falcón, presentaba quebrantos de salud. Por tal motivo, el ministro de Fomento asumió la representación del Ejecutivo. La descripción del hecho la tomo de El Federalista, en su edición del lunes 16 de noviembre. Lo fundamental para los objetivos que me ocupan hoy decía así:

“Desde temprano las locomotivas estuvieron al servicio del público, y a las 9 y 20 partió el tren que conducía el personal de la administración, al ilustrísimo señor Arzobispo, varios miembros del Consejo de Estado, a algunos señores del cuerpo diplomático, al gobierno provisional de Caracas, al prefecto departamental, al tesorero, y a muchas otras personas notables que fueron invitadas y que asistieron con placer a solemnizar aquel acto, el primero de su especie que se celebra en Venezuela”.

Al llegar al lugar de destino: “Una numerosa comisión del departamento de Petare, en cuyo seno se encontraba el prefecto vino a recibir al gobierno general”. Con estas últimas líneas nos hemos enterado del lugar de destino: el departamento de Petare. Sin embargo, la información no nos resulta suficiente. Por esa razón, cabe agregar que el punto exacto de arribo fue la población de El Recreo. Hasta ese momento, este pequeño punto habitado era uno de los preferidos por los caraqueños para tener un día de solaz. Por cierto, en el diario del diplomático británico sir Roberto Ker Porter, se consignan varios momentos de esparcimiento que este disfrutó en la década de 1830 durante el recorrido a caballo entre la capital y este poblado del departamento de Petare.

De regreso a 1863, nos hemos enterado del punto de arribo del railways (si tomamos a Caracas como referencia). ¿Y dónde quedaba la otra estación de destino? (El punto de llegada si nos situamos en El Recreo). La información es precisa: en Anauco. La publicidad que se hacía en Caracas destacaba la ruta de Anauco a El Recreo.

En el presente se hablará de la cortedad de miras de ese trayecto, por cuanto ahora esos dos puntos se recorren en pocos minutos. Para superar ese pesimismo requerimos tomar en cuenta que los venezolanos de aquel tiempo tenían razones para estar orgullosos. Entre otros argumentos pensemos que ya no tendrían que sufrir los fangales en tiempos de lluvia ni los fuertes catarros producto del emparamiento hasta los tuétanos durante los meses de precipitaciones. También quedaban atrás las calenturas que resultaban de la prolongada exposición al sol y de la polvareda del camino, cuando el recorrido en épocas de sequía era impostergable. Se había consolidado un triunfo de la época moderna, argumentaba la noticia de El Federalista, y el optimismo quedaba plenamente justificado.

Pero otras noticias vale la pena destacar de aquel día inaugural. El recorrido que hacía la máquina era de 3.380 metros, “o sea 750 varas”, precisaba el renglón impreso. El viaje duraba 5 minutos. Y aquí seguían las precisiones: el railways recorrió 676 metros por minuto.

Probablemente mis lectores insensibles a estas exactitudes positivistas darán poca importancia al párrafo anterior. Pero sé que se conmoverán hasta los huesos cuando agregue otro detalle. El testimonio proviene del ministro de Fomento, cuando dedicó el recuerdo “tierno y patriótico” del presbítero “Dr. José Antonio Mohedano, cura de Chacao, y luego elevado por sus virtudes a la silla episcopal de Guayana. Fue el P. Mohedano el primero que introdujo en Venezuela el cultivo del café, y lo plantó allí, en aquellos lugares mismos hasta donde hoy llega la línea del ferrocarril, y donde se celebraba la inauguración”.

Visto lo anterior, queda mucho por recordar de esta locomotiva. Pero dejo esos recuerdos para otro momento. A final de cuentas no se puede contar tanto detalle en una sola largada.