• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Juan Vicente Bolívar

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Confieso la simpatía que me inspira este hombre. No hablo del padre, de Juan Vicente Bolívar y Ponte. Trato aquí del hermano de María Antonia, Juana y Simón Bolívar y Palacios. El padre tuvo una conducta violenta, caracterizada por la absoluta falta de respeto hacia los que consideraba débiles. Por tal razón, es mejor que no me ocupe de él en este momento. Me interesa el hijo.

El primer varón habido en el matrimonio Bolívar-Palacios era dos años mayor que Simón. Una serie de hechos dejan ver la estrecha relación que existía entre los hermanos. Era una cercanía sembrada en el amor y el respeto mutuos.

Juan Vicente muere en 1811. Había viajado a Estados Unidos como uno de los tres integrantes de la misión diplomática enviada a ese país para ganar adhesión a la Independencia. En su momento se dijo que, mientras establecía los necesarios contactos, fue disuadido del compromiso que llevaba asignado, al punto de que tuvo dudas sobre la viabilidad del proyecto liberador.

En realidad no es fácil pronunciarse con plena certeza al respecto porque, como sabemos, la embarcación que lo traía de vuelta zozobró y el joven caraqueño murió ahogado. En relación con las acusaciones, solo invito a pensar que también Andrés Bello fue señalado de traidor y que su incontrovertible accionar vital despejó toda duda o suspicacia al respecto. De manera que es fácil acusar cuando el señalado no puede defenderse.

¿Cómo se nos presenta este hombre? ¿Qué sabemos de él, de su vida íntima, de sus inquietudes y seguridades? Los pocos datos que he podido juntar para esta fecha lo presentan como hombre de llamativa personalidad.

No es cierto lo señalado en relación con falta de detalles que pinten la relación entre los hermanos varones Bolívar Palacios. Hay evidencias que hablan de cercanía y profundo cariño mutuo. Por ejemplo, cuando Simón viajaba, era su hermano a quien dejaba como albacea de sus bienes.

Las reuniones políticas que hacían en su casa, sobre todo en la que quedaba cerca del río Guaire, los tenía a ambos como anfitriones. Y un detalle de trascendencia inocultable que habla de la profunda intimidad entre los hermanos tiene que ver con lo que paso a referir.

Juan Vicente muere a los 30 años. No contrajo matrimonio, pero mantenía relaciones con doña Josefa María Tinoco. Ella vivía en una casa que fue propiedad de su padre y que, muerto este, compartía con sus hermanas. No hay certeza sobre la jerarquía social que correspondió a la pareja del joven Bolívar, pero el hecho de que vivía cerca de la esquina de Zamuro, habla de posiciones sociales disímiles. Desde que se fundó la ciudad, las familias principales vivían en el centro y, con el crecimiento poblacional, se fueron desplazando a la zona norte de la ciudad.

Probablemente, esa diferencia de clases fue el impedimiento para que el joven contrajera nupcias con doña Josefa María. No ha faltado quien suponga tintes mulatos en la epidermis de esta mujer. Otros han observado que, al ser tratada en los documentos con el título de “doña”, se traducía en el distintivo de blancura de piel.

El hecho cierto es que no se casaron. Con seguridad, el no pertenecer a la misma clase social era razón suficiente para que los hechos sucedieran como los describo. Pero, para el propio bien de la pareja, ello no les impidió mantener una relación amorosa de varios años. De hecho, el hermano menor de Juan Vicente, Simón, la conoció y trató de cerca.

Esa vida en intimidad se tradujo en un hecho mucho más trascendente que el acostumbrado compartir de una casa. Tuvieron tres hijos: dos varones y una hembra. Los bautizaron Juan Evangelista, Fernando Simón y Felicia Bolívar Tinoco. Queda constatado que el padre no dudó en darles el apellido. Si bien había convenciones que le impidieron el matrimonio con Josefa María, él los reconoció de la estirpe de los Bolívar. Esa decisión lo honra, desde luego.

El primer hijo que nombro no fue sano, padeció dolencias mentales. Murió muy joven. El segundo nombre del siguiente hijo –como los lectores habrán supuesto– no puede interpretarse sino como una complicidad con su hermano menor. Con el paso de los años, Felicia, la pequeña, contrajo matrimonio con el general Laurencio Silva.

El tío estuvo de acuerdo con el matrimonio. Pues el argumento que he asomado sobre el compromiso con el hermano lo mantuvo toda la vida. Al morir en Santa Marta, dejó parte de su herencia a los sobrinos. Siempre veló por ellos. Años atrás, por ejemplo, había dispuesto que Fernando estudiara en Estados Unidos. Y ahí lo vemos escribiendo cartas en busca de información sobre el establecimiento universitario que convenía al descendiente directo de Juan Vicente. Después de realizar sus estudios, Fernando Simón acompañó al tío hasta la muerte de este último.

De paso a otro asunto, no fue solamente por el compromiso con sus hijos y su mujer por lo que Juan Vicente Bolívar Palacios dejó recuerdos memorables. Entre quienes lo conocieron su nombre circulaba por su altura de miras. En un juicio por infidencia contra el presbítero don José Joaquín de Liendo (en 1813), se le menciona.

En la declaración que debió rendir el acusado, dijo que la Sociedad Patriótica constaba de seiscientos miembros. Añadió que esta fue formada por el francés “Lelui” y por don Juan Vicente Bolívar. Antes, en el movimiento de 1808, se había asegurado que entre quienes mostraron defender las ideas más radicales estuvieron los hermanos Bolívar.

Tomás Cipriano de Mosquera, amigo cercano de Simón, no vaciló al indicar que sobre Juan Vicente Bolívar: “Se ha hablado con variedad, pero muchos creían que era superior en energía a su hermano Simón”.

En otro juicio por infidencia, un testigo sostuvo que en una reunión donde estaban los principales promotores de la Independencia, Juan Vicente propuso a su hermano Simón para que fuera el jefe de la revolución. “Todos los concurrentes –añadió– despreciaron la indicación, pues juzgaron a Bolívar joven emprendedor, pero sin experiencia y capacidad para tan alta misión”.

Como queda probado en estas líneas no solo hubo profundas marcas de amor entre los Bolívar sino, además, reconocimiento y valoración de la fuerza liberadora que movía sus vidas.