• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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José Martí en el Club del Comercio

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Como éste de 2016, también en 1881 el 21 de marzo fue lunes. Nadie está en capacidad de saber si esa fecha del siglo XXI tendrá en el futuro significado especial para los venezolanos. Por el contrario, sí tengo certeza al asegurar que para la historia del pensamiento y la cultura continental, es destacado el valor que tiene el 21 de marzo de 1881.

Sucede así por cuanto ese día se oyó la primera conferencia que José Martí dictó en el Club del Comercio, en Caracas. Poco se habla de este recinto dedicado a la cultura que existió en la capital venezolana. En efecto, los (muchos) especialistas que se han dedicado a estudiar la estada martiana en nuestro país, suelen obviar las referencias a este lugar de reunión que menciono.

Un volumen que dediqué en oportunidad debida a esa visita del cubano lo titulé Venezuela en José Martí (Fondo Editorial del IPASME, 2010). En esas páginas no tuve ocasión de contar lo que refiero el día de hoy. De manera que puede tomarse lo que expongo en estos renglones como continuación de aquellas páginas.

En realidad, muchos espacios similares al Club del Comercio se fundaron en el territorio nacional durante el siglo XIX. Las características solía ser las mismas: cumplían el doble objetivo de lugar de encuentro para la discusión sobre temas económicos y espacio para el esparcimiento espiritual.

Éste que funcionó en Caracas se inauguró el 18 de julio de 1880. Cada socio estaba comprometido a pagar determinada cantidad mensual por el derecho a usar sus instalaciones. Entre los beneficios que adquiría cada suscriptor, se contemplaba el de llevar a los integrantes del núcleo familiar a las llamadas 'veladas artísticas'.

De igual forma, los socios podían proponer actividades de  naturaleza estética. Justamente, esto último fue lo que hicieron tres integrantes del club –los señores Arístides Rojas, Diego Jugo Ramírez y Guillermo Tell Villegas. Estas conocidas personalidades dirigieron una carta a los administradores del lugar –Antonio José Ponte y Eloy Escobar, con fecha marzo 8 de 1881.

En esa comunicación, solicitaban la anuencia "para presentar en ese culto centro social, la noche de la próxima velada, a un joven suramericano, escritor, poeta y orador de apreciables dotes, que acaba de llegar a esta capital". Desde luego, el joven suramericano era José Martí.

         Como quedó expresado, la conferencia se oyó el lunes 21 de marzo de 1881. El éxito fue de tal resonancia que todavía en el presente se sigue analizando su significación. Cabe recordar que no se ha encontrado el texto de la conferencia. Probablemente el expositor llevó unas ideas apuntadas y se valió de su poderosa capacidad de improvisación para articular tan elogiado ejercicio de elocuencia.

Queda de ese discurso el recuerdo de algunos presentes que, años más tarde, hablaron sobre aquella velada. En todo caso no voy a analizar aquí el contenido del discurso martiano, he atendido esa tarea en el libro de mi autoría que he recordado. En cambio, quiero acotar algunas notas que guardan interés para el lector actual.

Se tiende a pensar que Martí llegó al lugar donde funcionaba el Club del Comercio y, cumplido el protocolo acostumbrado, se dirigió de inmediato al auditorio. Siendo así, el público estaría ubicado en sus asientos, en quieta actitud de escuchas. Pero los hechos no sucedieron así.

En realidad se cumplió con el rigor que ameritaba el momento y la cotidianidad acostumbrada. La gente cordializaba, se consumía una que otra bebida y, a la hora convenida, todos ocupaban sus lugares. La primera parte del programa estaba destinada a la música; la segunda, al expositor invitado.

No podemos olvidar que la sociedad venezolana era una comunidad musical. No había actividad pública o privada que no contemplara los honores a la ejecución instrumental y al canto. Este lunes 21 de marzo de 1881 no fue la excepción.

Por cierto, esos primeros meses del año la pieza musical que estaba de moda (y de la cual trataba la mayoría de los periódicos y revistas) era la polka de salón Acacia, del venezolano Rómulo Espino. Sin embargo, el público que asistió esa noche del 21 al club sabía que no era ese registro el que se escucharía. El momento y lugar reclamaba una programación menos frívola. Así fue.

De manera que los presentes y, entre ellos, el visitante de Cuba, pudieron disfrutar de la secuencia que sigue. Primero, la cantante Trina Mestre se dejó oír con la "romanza Non é ver" y, en compañía del tenor Fernando Michelena, con el dúo de El trovador. Después de esas dos intervenciones, llegó el momento de escuchar a Guillermo Smith quien ejecutó "con perfección en el cornetín de pistón una pieza de La sonámbula". Finalmente, el "Sr. Meyer tocó en el violín El carnaval de Venecia". Preciso acotar que las palabras entrecomilladas las tomo de reseñas de prensa del día siguiente (martes 22).

Sin quitar méritos a Martí, ¿no piensan que ese abreboca musical pudo sensibilizar y preparar los ánimos para las ideas que el antillano expuso de inmediato?

alcibiadesmirla@hotmail.com