• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Mirla Alcibíades

La Flor de Mayo

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Al tratar de la primera revista literaria venezolana, se ha dicho que el privilegio corresponde a La Oliva, título aparecido en 1836, porque en él se comienza a ver la inclusión de poemas en forma sistemática. Por otro lado, está quien concede el mérito a La Guirnalda, revista que vio la luz algunos años más tarde, en 1839, bajo la dirección del cubano José Quintín Suzarte. En otra línea de preferencias se afilian quienes inclinan la balanza a favor de El Liceo Venezolano, que hace acto de presencia en 1842. Esta última interpretación se apoya en la idea de que este papel se comprometió a “difundir en el país el gusto literario y artístico”, según señalaba en el “Prospecto”. Pero hay que tomar en cuenta que también tuvo preferencias más amplias por lo político, literario y científico.

En todo caso, la razón que se ha esgrimido al conceder la primacía a alguno de esos tres títulos es que, en ellos, se da lugar al producto literario (prosa, poesía y/o crítica). Pero si hacemos un rápido recorrido por aquellas páginas, veremos que en esas columnas también hay inclinación por la materia educativa, histórica, política, etc. De ahí resulta que si nos contentamos con definirlas como revistas literarias porque incluyen textos de poesía, relatos o crítica literaria, con igual legitimidad podríamos calificarlas de publicaciones pedagógicas, o históricas porque también en sus páginas se encuentran esos intereses.

En mi opinión, esos materiales deben verse como antecedentes de las publicaciones periódicas dedicadas en exclusiva a la materia literaria. Y es que, antes de 1836, fecha de aparición de La Oliva, no había sido mayor el interés por el cultivo de las llamadas bellas letras. El entusiasmo que despertaba la política ensombrecía intentos discursivos de otra naturaleza.

En la medida que la literatura iba ganando espacio en la prensa, pareció natural comenzar a pensar en títulos dedicados exclusivamente a esos contenidos. Lo fundamental es que ya no se encuentra en estos papeles otro tipo de discursos a no ser los estrictamente estéticos. Nacían así las revistas literarias.

Cuando apareció la primera de ellas llevó un subtítulo que describía el propósito de sus contenidos. Se identificaba como “Periódico literario” y, por tanto, solo dio cabida a escritos de esta especie. Como indico en el título que presenta estas páginas, ese material fue La Flor de Mayo.

En realidad, no fue periódico sino revista. No perdamos de vista que, en el siglo XIX, se empleaba el primero de los dos términos para definir cualquier impreso que salía con intervalos determinados. Para hacer honor al título, quisieron que el primer número se conociera el señalado mes de mayo. Pero las expectativas al respecto solo se vieron satisfechas el 30 de junio. El año es para ser recordado: 1844.

Se encuentran en sus páginas varios autores extranjeros, pues quisieron dar cabida a la producción coetánea que se producía en la otra orilla del Atlántico. Sin embargo, ello no obsta para que la representación nacional tuviera un vuelo significativo.

En el “Prospecto”, así como en la colección que se conserva, no se advierten responsabilidades editoriales. Pero no es osado presumir que involucró el nombre y el esfuerzo de Abigaíl Lozano y de Federico V. Maitín. Puedo ofrecer dos razones para avalar lo dicho. En primer lugar, destaca el hecho de que ambos presentan el mayor número de colaboraciones a lo largo de la colección. En segundo lugar, los dos mantenían cercanía afectiva y hermandad en proyectos intelectuales.

Esa cercanía queda de manifiesto en un par de hechos puntuales. Es Federico V. Maitín quien prologa las Tristezas del alma, volumen de poesías de Lozano en 1845. A su vez, este último utiliza en varios poemas de ese libro epígrafes que toma de la obra inédita (en prosa y poesía) del amigo.

Pero prefiero dejar de lado el campo de las especulaciones para colocar el acento en un hecho relevante. Lo señalaban algunos periódicos del momento: la excelente impresión del nuevo material periódico. No podía ser de otra manera, pues salía de los talleres de George Corser, uno de los más prestigiados maestros en ese arte.

Otro acierto que la particulariza tiene que ver con la incorporación del color en la imagen que exorna la portada. Como cabe imaginar, esa imagen corresponde a una orquídea, la más que celebrada flor, la que es propia del mes de mayo.

Amén de F. V. Maitín y A. Lozano, otros autores venezolanos tuvieron cabida en sus columnas. Ellos hacían parte del prestigiado grupo de autores de esos años. Sus nombres son: José Antonio Calcaño, Celestino Martínez, Simón Camacho, Manuel Manrique Jerez, Ramón Ignacio Montes, José Antonio Maitín, Daniel Mendoza, Hilarión Nadal y el cubano José Quintín Suzarte.

Las 128 páginas que se conservan permiten presumir que contemplan todos los números que le dan forma a esta revista. Fue desplazada en 1845 por otra publicación de características similares pero de mayor duración. Esa nueva revista fue El Álbum.

 

alcibiadesmirla@hotmail.com