• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Espiritualismo y mesas parlantes

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A mi colega y amiga, Marisela Guevara

El libro de los espíritus fue publicado por el francés Allan Kardec en 1857. Las ideas propuestas en esas páginas ganaron simpatías en varios puntos del planeta. Sin embargo, los venezolanos ya habían sido atrapados por estos planteamientos, razón por la cual en diciembre de 1855 apareció el quincenario que llevó como título El Espiritualista.

Fue su artífice el estadounidense Seth Driggs. Claro está, contó con el apoyo de algunos nacionales, entre ellos el dueño de la imprenta donde se imprimía y los encargados de su venta en todo el país. Para que se pudiera dar el contacto con los muertos, Driggs aconsejaba la formación de cuatro círculos espirituales. El círculo eclesiástico, integrado por nueve sacerdotes; el círculo militar, por ocho generales (con Bolívar como jefe); el civil, por doctores (con José María Vargas como figura central); el femenino, por trece señoras (supervisadas por la fallecida hermana del editor). La revista tenía 42 páginas y, entre sus contenidos, se incluían las peroratas de los difuntos en diálogo con los vivos, amén de los consejos para sacar el mayor beneficio de la conversación con los inmateriales.

Pero no vayan a creer que fue la única revista que se dedicó a auspiciar el intercambio cultural con el más allá. Esos mismos años, estuvo otra publicación con idénticos fines. Ésta tomó por título La Mesita Parlante. Tenía  visión y misión diferente a su competencia. Los desacuerdos se pueden resumir de esta manera: su técnica para palabrear con los difuntos consistía en el número de golpes que se oían en la mesa. Es decir, esta técnica no proponía círculos ni cosa parecida (como orientaban desde El Espiritualista) sino una mesa alrededor de la cual se sentaban los contertulios a invocar a sus etéreos familiares y/o amigos. Se preguntaba al espíritu presente de manera tal que éste pudiera responder con golpes en la mesa.

Precisamente, y como consecuencia de las dos técnicas, escuelas, movimientos, tendencias, estrategias (o como se les ocurra llamarlas) que hemos visto, nacía la rivalidad entre ellas. En ese enfrentamiento, El Espiritualista optó por burlarse de las mesas parlantes. Una de las maneras que eligió para cumplir el propósito de desprestigiar al oponente, la he mostrado en la sección de humor que ofrezco en la revista El Desafío de la Historia. La situación que concibió Driggs fue fríamente calculada. Se trataría de una señora asidua a las mesas parlantes. Para convencer a los escépticos que asisten a la sesión de ese día, pregunta al espíritu cuántos años de casada tiene, la mesa contesta con seis golpes. La dama sonríe satisfecha. Insiste con el más allá al inquirir cuántos hijos tiene: se oyen cuatro golpes. Ella sonríe con aires de aprobación.

La escena que presenta Driggs no concluye ahí. Con el objetivo de destruir las dudas de algún incrédulo que pudiera quedar en el grupo, anima a su esposo para que se someta al experimento. Éste acepta y comienza con la referencia a sus años de casado: la respuesta no se hace esperar y se escucha el martilleo de seis. La esposa está feliz y anima al cónyuge a continuar. El devoto marido inquiere sobre el número de hijos que ha procreado con su consorte. La respuesta es inmediata: dos. Todos se paralizan, el buen hombre repite la pregunta. No cabe duda: se oyen dos golpes. La esposa queda de hielo. Nunca más volvió a sentarse frente a una mesa parlante.

Pero si Driggs optó por la burla para desacreditar a su competencia. Más dura y razonada fue la andanada que recibió por parte de la Iglesia. Se dedicó a invalidar las patrañas espiritualistas el obispo de Mérida. Los puntos de vista del prelado fueron publicados en la capital venezolana en 1857 y leídos en toda la república. Se trató de la Reimpresión de la Pastoral que, acerca del espiritualismo, dirige a sus diocesanos el Ilustrísimo señor Dr. Juan Hilario Boset.

Todavía no he podido dar con el responsable de La Mesita Parlante, pero sí ubico al director de El Espiritualista. Su nombre me zumbaba en la memoria hasta que caigo en cuenta del historial del personaje. Se trató del estadounidense Seth Driggs quien, según Pedro Manuel Arcaya, había llegado a Venezuela varias décadas atrás. Con los años fue harto conocido en nuestro país debido a las numerosas demandas contra el Estado venezolano. Esas demandas tenían como soporte los supuestos daños contra su propiedad causados por hechos delictivos o por las revueltas armadas. Sostiene Arcaya que con este método, Driggs tuvo como única profesión “explotar el ramo de las reclamaciones contra Venezuela”.

De manera que no fueron los espíritus la principal preocupación de este ladrón de cuello no tan blanco, sino el trato con los vivos.

alcibiadesmirla@hotmail.com