• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

Al instante

Certamen de belleza

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A Laura Márquez,

que sabe consolidar afectos

al frente de la biblioteca en la

Casa de Estudios de la Historia

Lorenzo A. Quintero Mendoza


En los inicios del siglo XX –cuando comenzaron a popularizarse– no se hablaba de miss. Se llamaban de la manera indicada en el título, “Certamen de Belleza”. El primero que tuvo las características que señalaré dentro de poco se llevó a cabo en 1905.

Fue llevado adelante por una fábrica de cigarrillos que se llamó La Hidalguía. Porque, debo decir, desde el último tercio del siglo XIX las empresas cigarreras, que eran muchas, hacían rifas, publicaban libros y folletos, se las ingeniaban para publicitar sus productos de una manera llamativa, organizaban sus respectivas carrozas en los Carnavales, etc., etc.

En suma, no se limitaban a producir y vender el producto que las identificaba, sino que se esforzaban en concurrir a escenarios que consideraban de interés colectivo. No es casual que la revista literaria de mayor proyección internacional que tuvo el país en ese entonces, El Cojo Ilustrado (1892-1915), se originó en una fábrica de esta naturaleza: la Empresa de Cigarrillos El Cojo.

Y es que, por lo regular, esas manufacturas cigarreras tenían su propio órgano de difusión. En sus comienzos, eran revistas de pequeñas dimensiones donde, naturalmente, se hacía publicidad al producto. A su vez, aprovechaban para ofrecer escritos de interés general. Al entrar el siglo XX, esos impresos publicitarios habían alcanzado dimensiones un poco mayores.

En razón de lo acostumbrado, los cigarrillos de La Hidalguía tenían su revista que, naturalmente, llevaba por título el mismo de la manufactura. Pues bien, fue en esa publicación donde se anunció la novedad nunca antes vista en Venezuela.

Corría el mes de enero de 1905 cuando La Hidalguía convocó a todas las señoritas de Venezuela a participar en un certamen de belleza. La citada convocatoria se hacía para celebrar el séptimo aniversario de la empresa. Justificaban el concurso como “efecto del refinamiento de la cultura social y de la vida contemporánea” que había alcanzado nuestro país.

No era el primer certamen que hacían, pues, años antes, habían realizado uno que solamente atendió el ámbito caraqueño. Lo que hizo llamativa la convocatoria de esta oportunidad era que se trataba de un certamen nacional. Es decir, se dirigía (como asentaba el prospecto que llamaba a concurso) “a todas las señoritas de Venezuela”.

No queda claro cuál era el mecanismo para las postulaciones, porque la colección de La Hidalguía que se conserva está muy incompleta. Otros periódicos del momento como El Pregonero, El Corresponsal, El Constitucional, etc., tampoco se han conservado en su totalidad. Esa circunstancia hace difícil completar el vacío informativo que señalo.

En todo caso, la votación se hacía por escrito. El procedimiento para la escogencia de la candidata de preferencia estaba determinado en el prospecto. A ese fin, el votante debía adquirir una postal de las que vendían los agentes de La Hidalguía en todo el país y, en esa postal, consignar el nombres de la favorecida.

Un jurado, integrado por los directores o redactores de los principales periódicos de la ciudad, se encargaría del escrutinio. La fecha señalada para la reunión del jurado fue el 5 de marzo de 1905, domingo de Carnaval, “en el local de la fábrica de cigarrillos La Hidalguía”.

Por cuanto las colecciones de periódicos presentan la particularidad que he indicado, tampoco he podido determinar las razones que llevaron a hacer el escrutinio dos meses después del acordado originalmente. Pero lo cierto es que La Hidalguía publicó el 16 de mayo de 1905 el “Acta del Certamen de Bellezas Venezolanas”, es decir, el veredicto del jurado.

Resultó ganadora la señorita Manuela Victoria Mujica, de Barquisimeto. O sea, esta barquisimetana es la primera belleza venezolana elegida por concurso popular. La siguieron en preferencia de votos la señorita Ana Teresa Hurtado Machado, de Caracas, y, en tercer lugar, la señorita Belén Vázquez, de La Victoria.

Por cierto, hay varias anécdotas que podría contar sobre esta convocatoria de bellezas. Pienso, por ejemplo, en los versos que muchos espontáneos escribieron sobre sus candidatas. Sin embargo, y en aras de la brevedad, me detendré en una de ellas.

Ese recuerdo tiene que ver con la visita a Venezuela del poeta colombiano Julio Flórez. En esos años era moneda corriente que sus rimas fueran recitadas de memoria por sus devotos lectores. Era tan querido y admirado que, cuando descendió del tren que lo condujo de La Guaira a Caracas, una muchedumbre entusiasta lo esperaba en trance de delirio.

Todo se dio al unísono. Puso pie en tierra. Se enteró del certamen de belleza y, de inmediato, quedó incluido como figura fundamental del jurado. Fue así como esa comisión escrutadora (como se le llamaba entonces) estuvo presidida por el señor Emilio Porras, director y redactor de El Noticiero, el decano de la prensa nacional, y Julio Flórez, “eximio poeta colombiano”, como se cuidaron de calificarlo en el Acta del Certamen de Bellezas Venezolanas.

Y es que, mayoritariamente, la gente aplaudió la iniciativa de La Hidalguía. Un intelectual venezolano de impecable trayectoria pública como fue Eloy G. González, se sintió estimulado por el certamen y escribió palabras elogiosas al respecto en El Corresponsal de Caracas.

Se destacaba tanto la belleza física como la virtud de las concursantes. Hubo entusiasmo y demostraciones de regocijo público. Y nadie puso en duda que se trataba de un culto torneo que rendía “homenaje a la belleza y virtudes de la mujer venezolana”, como quedaba asentado en el veredicto del jurado.


alcibiadesmirla@hotmail.com