• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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J. J. Breca

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En sus versos, crónicas, ensayos y artículos de prensa, siempre firmaba así: J. J. Breca. No sé por qué silenciaba sus nombres de bautismo. No había razones porque, en realidad, en su tiempo se sabía que se llamaba Juan José. Probablemente por ser identificado de todos no consideró necesario apuntar lo que se daba por obvio.

De paso a otro asunto, había nacido en La Guaira en 1835. En esa población murió en 1908. Tuvo una vida rica en experiencias productivas. Quienes revisamos prensa, libros, hojas sueltas, manuscritos y libros del siglo lo encontramos con regularidad.

Con frecuencia había visto publicados sus versos y prosas en periódicos y revistas. Esas producciones se volcaron al registro de las costumbres de su tiempo. Gracias a esos materiales, en el presente sabemos cuáles eran los códigos amorosos de esas décadas, cómo era una velada gastronómica tanto en casa como en los restaurantes de las ciudades que visitaba. En esas líneas nos cuenta de qué manera se conmemoraban las fiestas religiosas o las diversiones profanas. En suma, se volcó a ofrecer un registro puntual de su tiempo.

También escribió piezas de teatro. De hecho, varias de ellas vio representar con pleno apoyo de público. Por ejemplo, en junio de 1878, en el teatro de su ciudad natal, se representó Poder de un relicario. Una de las actrices que llevó a las tablas esta oferta del venezolano fue nuestra conocida Adela Robreño (quienes siguen esta columna con regularidad, recordarán que escribí sobre ella hace algún tiempo).

Llama la atención en una de las reseñas de elogio a aquella jornada teatral que se refieran al autor como “un comerciante”. De hecho la línea concreta que aludo es ésta: “La obra es de un comerciante de La Guaira que silencia el nombre”.

Felizmente, al día siguiente indicaban lo que copio a la letra: “Asistimos a la primera representación del Poder de un relicario de nuestro apreciado amigo el señor Juan J. Breca”. Agregaban que: “La función quedó sumamente lucida, la concurrencia fue espléndida; todos los palcos estaban llenos”. No fue la única aventura teatral que llevó al escenario. Cuando menos en 1889, tuvo la satisfacción de asistir al montaje de su pieza Un artículo del Código.

Dicho lo anterior, nos ha quedado claro lo referido al mérito literario del autor. No sucede lo mismo con la noticia que habla de su condición de comerciante. De este quehacer sabemos poco. ¿A qué tipo de actividad de esta naturaleza se dedicaba este guaireño? ¿Cuál era su medio de subsistencia?

Hace algunos años, quien escribe estas líneas hacía una investigación para el libro que, una vez concluido, llevó por título Venezuela en José Martí. En aquella oportunidad di con un aviso de prensa donde una persona, que no se identificaba, ofrecía sus servicios como traductor del inglés y francés.

En un primer momento, creí que ese aviso era del recién llegado cubano, José Martí. Pero al cabo de pocos días las líneas publicitarias identificaban al traductor como J. J. Breca. Significa que, en determinado momento, tuvo tiempo suficiente para dedicarse al trabajo descrito.

Admito que no conozco las actividades comerciales de Juan José Breca. Sí he podido identificar un ejercicio productivo de importante repercusión nacional que le correspondió adelantar. Un diario caraqueño anunciaba en 1877 la celebración de un contrato entre el Gobierno y Juan José Breca, "para la instalación de un vapor entre La Guaira, Río Chico, Barcelona y puertos intermedios".

La nueva línea de vapores cumplía el referido circuito en periodicidad semanal. Desde luego, los elogios que se prodigaron al nuevo empresario no escasearon. En algún momento me he preguntado si los vapores que cubrían la ruta, fueron adquiridos en Estados Unidos. La pregunta tiene razón de ser porque, en 1873, Breca se encontraba en Nueva York.

En esa ciudad escribió algunos textos en inglés y francés. No sé si los publicó en aquella ciudad, pero lo cierto es que los reunió en su más que apreciable volumen Páginas guaireñas. Ese material compiló sus producciones desde la década de 1850 y fue impreso en Caracas, en 1884.

También fundó en esa misma ciudad un periódico de corte humorístico que llamó El Punch. Lo hizo público en 1890. El título lo tomó de su homónimo londinense, pero los contenidos fueron nacionales.

No obstante, las noticias sobre Juan José Breca que he reseñado dicen poco sobre su relación con el gobierno de Antonio Guzmán Blanco. Para conocer sus puntos de vista al respecto (nada amigables con el autócrata, por cierto), hay que acudir a sus manuscritos y libretas de recortes de prensa. Esos materiales se resguardan en la Sala de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca.

Quienes admiran sin restricciones la labor de gobierno guzmancista, deberían pasearse por esas páginas. Les aseguro que, una vez leídas, su valoración inicial se habrá tornado en contra.

alcibiadesmirla@hotmail.com