• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Mirla Alcibíades

Barcos, mareos y morfina

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En la columna que dediqué a Teresa Carreño en 2014, relataba lo accidentado que fue el viaje que la llevó a Europa en compañía de sus padres y hermano. Ciertamente, cuando no eran los naufragios (que ocurrían con relativa frecuencia como, ahora, conocemos de accidentes aéreos y/o automovilísticos) estaban las agitadas travesías con fuertes vientos o mares embravecidos. Si no se presentaban los eventos que menciono, estaban los malestares físicos que causaban a muchos los vaivenes de las embarcaciones. Entre estos el más incómodo era el mareo.

Pero la gente no se resignaba a sufrir, razón por la cual acudían a remedios o recursos como el de comer liviano y no exigirle demasiado al cuerpo. Hay que decir que la farmacopea ayudó mucho en ese sentido. Para ello contaban con medicamentos milagrosos.

Uno de ellos se conoció el último tercio del antepasado siglo. Se trató de la Neptunina. Las bondades que estampaban en el envase que la contenía se ofertaban con algunas frases cargadas de verdad y esperanza. En realidad, esas bondades eran muchas, pues prevenían y quitaban el mareo. (Supongo que los amigos de las bebidas etílicas habrán echado mano de tan sorprendente elíxir). No solo ellos, también estaban garantizados sus aciertos para eliminar los vómitos matutinos que atacaban a las mujeres en estado de reciente preñez.

No quedaban ahí las maravillas de tan singular brebaje, por cuanto la Neptunina iba igualmente destinada a eliminar las arcadas y regurgitación causadas por el cáncer o las úlceras en el estómago o los intestinos. Pero, además, tan sorprendente obra de la ciencia no tenía consecuencias nocivas en la salud sino que, por el contrario, despejaba la cabeza, desarrollaba un apetito excelente y producía un bienestar general.

Por cuanto su destino fundamental iba dirigido a enfrentar el mareo, se entiende que hombres y mujeres lo utilizaban cuando iban a emprender viaje por mar. De tal manera la tranquilidad oceánica estaba garantizada.

En Venezuela se fabricaba el producto en Puerto Cabello por Julio Sturup y compañía, quienes contaban con el respaldo de ser químicos y droguistas. Tenían agentes encargados de vender el producto en los principales puertos y capitales del país. Todavía la Neptunina conservaba su prestigio intacto, cuando vino a suceder que llegó una noticia de París. Para evitarme inútiles esfuerzos de síntesis, ofrezco el texto que tomo de un escrito publicado en enero de 1886:

“Además de la ‘Neptunina’, que tan buenos resultados ha dado a algunos, prescríbense hoy como remedio infalible contra el mortificante mal del mareo, las inyecciones hipodérmicas de clorhidrato de morfina.

“En una sesión celebrada recientemente por la Sociedad Francesa de Higiene, el barón Theresópolis, después de declarar que se había mareado tantas veces como viajes por mar había hecho en su vida, dijo que en la travesía de América a Lisboa y habiendo estado cinco días sufriendo los horrores del mareo, se decidió a darse él mismo una inyección hipodérmica de clorhidrato de morfina.

“Inmediatamente desapareció el mal y no volvió a atacarle en toda la travesía.

“Al siguiente año en un segundo viaje trasatlántico empleó el mismo medio y obtuvo idéntico resultado.

“Siete travesías sucesivas han confirmado la eficacia de su procedimiento.

“No satisfecho con estas pruebas, el barón ha hecho experimentos en otros pasajeros y el remedio ha resultado infalible”.

 

alcibiadesmirla@hotmail.com